Descubren un nuevo patógeno que afecta a orquídeas del NEA

Se trata de un hongo del género Curvularia, microorganismo que afecta normalmente a las gramíneas (pastos), pero mediante este trabajo se pudo detectar también su presencia en estas plantas de flores tan fascinantes.

Por su belleza, colorido y en algunos casos rareza de su estructura floral, las orquídeas son unas de las flores más admiradas y coleccionadas en distintas partes del mundo desde la antigüedad. Sin embargo, muchas veces la fisonomía de esta especie puede verse dañada por la presencia de hongos y otros patógenos que pueden llegar a causar la muerte del vegetal. Una investigación realizada por profesionales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNNE detectó un nuevo hongo patógeno que afecta a las orquídeas del NEA: el hongo del género Curvularia, microorganismo que afecta normalmente a las gramíneas (pastos), pero mediante este trabajo se pudo detectar también su presencia en estas plantas de flores tan fascinantes.

“Durante 2009 en invernaderos de Corrientes y Formosa (Argentina), se colectaron muestras de orquídeas presentando síntomas muy agresivos de enfermedad foliar, que ocasionaban manchado foliar y la destrucción de órganos”, comentó a la revista Ciencia y Técnica de la UNNE la ingeniera agrónoma María G. Cabrera. “Observaciones microscópicas revelaron la presencia de un hongo con características del género Curvularia Boedijn. Varios hongos son mencionados por el USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos), afectando orquídeas nativas de ese país, pero no se encontraron otras referencias de Curvularia afectando a orquídeas en el extranjero y tampoco en Argentina”, añadió luego. Por ello, el objetivo del trabajo, llevado adelante junto con Silvia Meyer, desde la cátedra de Fitopatología de Ciencias Agrarias, fue determinar la causa patógena que afecta a las orquídeas en el nordeste del país.

El proceso. Para llevar adelante el trabajo científico, ambas investigadoras colectaron muestras de hojas de Brassolaeliocattleya Chyong Guu Chaffinch “Ta Hsin” con síntomas, en el “Orquidario Oro Verde” de la ciudad de Clorinda, provincia de Formosa. Muestras de otras especies y variedades de orquídeas fueron adquiridas en invernaderos de las localidades de Santa Ana de los Guácaras y en la ciudad Capital de la provincia de Corrientes

En total, unas 20 muestras se examinaron bajo la lupa y el microscopio. “Las muestras se examinaron primeramente con microscopio estereoscópico y luego cortes histológicos de sus tejidos enfermos se analizaron con microscopio compuesto (400x). Después de lavar las hojas con agua y desinfectar la superficie con alcohol de 70º, se procedió a llevar este material a cultivo en un medio artificial agarizado. Es decir, un trozo del tejido del vegetal con síntomas de enfermedad, en condiciones de asepsia, se dispone en placas con un medio artificial, donde desarrollará el microorganismo asociado a los tejidos enfermos. Las colonias desarrolladas de estos cultivos son posteriormente analizadas”, explicó la profesional.

“Se realizaron inoculaciones experimentales con cultivos de 5 días, con las colonias del hongo que sirvieron de inóculo. Parte de este cultivo se aplicó sobre hojas de plantas sanas de orquídea, en forma de pequeños discos que se sujetaron sobre las hojas con cinta adhesiva transparente. Algunas hojas fueron heridas levemente con aguja histológica y se marcaron mediante cartelitos. Se llevaron los testigos correspondientes. Las plantas se cubrieron con bolsas de polietileno y se incubaron en condiciones de laboratorio, durante 72 horas. Además, se describieron las estructuras del hongo aislado y para identificarlo específicamente se consultaron obras de micología taxonómica”, recordó la docente, titular de la cátedra mencionada.

Síntomas. Los síntomas en las orquídeas analizadas fueron manchas foliares castañas, extensivas, abarcando hasta el 70% de la hoja. El citoplasma de los tejidos estaba oxidado y se observaban deprimidos, más acentuados en el haz foliar. Además, se observó clorosis en la mitad superior de las hojas afectadas con pequeñas y numerosas puntuaciones, enumeró Cabrera.

“Las plantas se deterioraron rápidamente. Las inoculaciones resultaron positivas y a partir de los 10 días se manifestaron síntomas en las hojas heridas, indicando la necesidad del patógeno de entradas para su penetración. En cultivo se desarrollaron colonias de Curvularia que alcanzaron 5 cm de diámetro a la semana; de aspecto afieltrado y color gris oscuro, con el revés de la placa de color negro”, graficó luego.

Asimismo, describió que “las hifas del patógeno son oscuras, tabicadas y ramificadas. Los conidióforos (hifas fértiles que producen esporas asexuales o “conidios”), son también oscuros, tabicados, de crecimiento simpodial escaso. “Estos hongos tienen conidios curvos, de forma característica de medialuna, de allí deviene su nombre”. La célula central de estos conidios es más grande e irregular, además de tener color muy oscuro, mientas las otras células son de coloración más clara. Estas características y las medidas de sus estructuras fueron coincidentes con la descripción de Curvularia lunata de (Wakker) Boedijn (1933).

La presencia de Curvularia en plantas de orquídeas de las ciudades de Clorinda, Corrientes y Santa Ana, ocasionó un severo manchado foliar y destrucción de órganos afectados. “El hongo se identificó como Curvularia lunata siendo ésta la primera información del patógeno afectando orquídeas en la República Argentina”, resaltó la ingeniera agrónoma quien desarrolló este trabajo en el marco del proyecto de investigación denominado “Problemática fitosanitaria de los cultivos regionales: ornamentales para macetas y flores de corte”.

Intervención del hombre. “Curvularia es un hongo patógeno conocido en gramíneas, pero con los cambios en la ecología que hace el hombre, los efectos se ven en otras plantas. Quizás antes pasaban desapercibidos, pero ahora son más visibles”, argumentó Cabrera, al tiempo que dejó en claro que si las condiciones de ambiente son de mucha humedad, estos hongos se vuelven más agresivos; incluso “pueden llegar a causar la necrosis de la flor”.

Ante esta situación, el consejo de la profesional a los productores es implementar un adecuado manejo cultural para preservar el vegetal. Tal como manejo del riego y la aireación de os invernaderos; “poner las plantas por separado según los tipos y especies y regarlas según el requerimiento de cada especie. En general el riego es excesivo y de allí es que se genera humedad en demasía”, evaluó. El saneamiento de partes enfermas y del lugar es también muy importante.

“Si no hay un control visible con estas medidas de manejo cultural, hay que ver la posibilidad de utilizar agroquímicos”, añadió la profesional como una opción de última instancia. “El problema es que hasta ahora no hay productos específicos indicados para orquídeas, sino más bien para rosas y otras especies de plantas florales, por lo que algunos productos usados por los productores pueden llegar a ser fitotóxicos en orquídeas”.

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