Microcréditos: una herramienta para la inclusión

Con un nivel de recupero superior al 90% y más de 100.000 créditos otorgados desde su puesta en marcha a fines del 2002, el Banco Popular de la Buena Fe se ha transformado en una importante herramienta de inclusión y reconstrucción del tejido social a lo largo del país.

Se trata de una propuesta de la Comisión Nacional de Microcrédito del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación que lidera Alicia Kirchner, y que promueve el otorgamiento de microcréditos para el desarrollo de emprendimientos productivos, de servicio o venta.

De acuerdo con fuentes de la cartera, la iniciativa apunta a llegar a emprendedores de los sectores populares de todo el país, que deben conformar grupos solidarios para acceder al crédito, cuya tasa máxima es del 6% anual, pero que en la mayor parte de los casos se otorgan a tasa cero.

Con la conformación de los grupos se apunta a una “garantía solidaria” para el pago de los créditos, los que de esta manera “se transforman en una herramienta educativa de organización comunitaria y construcción de un entramado social”, dicen desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
El Banco Popular trabaja actualmente de manera asociada con más de 1.000 organizaciones sociales en 22 provincias del país. En los últimos años se entregaron cerca de 60.000 microcréditos con un recupero de más del 90%, y cuyo financiamiento se realiza totalmente con fondos del Presupuesto nacional.

En el marco de esta política que recibió un fuerte impulso de la ministra Kirchner, hasta el momento se capacitaron 4.500 promotores, referentes y 200 formadores, “en una perspectiva de educación popular y economía solidaria contribuyendo a generar trabajo, capacitar y fortalecer a las organizaciones sociales e impulsar espacios asociativos y redes”.

Un estudio reciente de la comisión señaló que son 1,5 millón las unidades económicas que aún se encuentran excluidas de la banca comercial y que necesitan microcréditos para desarrollarse.

Las más de 1.200 organizaciones ejecutoras de microcrédito que articulan esfuerzos con los consorcios de gestión local o las redes de gestión asociada se encuentran atendiendo una parte de esa demanda, tanto en zonas urbanas como rurales y apuntando fundamentalmente a personas de los sectores más vulnerables de la sociedad, que usualmente quedan fuera de las líneas crediticias de la banca comercial, y que por primera vez acceden a un crédito.

Para ello, los emprendedores que quieran recibir el préstamo deben “entrar” en grupos de cinco, y precisamente son las personas que conforman cada grupo y su relación las que constituyen la garantía “solidaria”. Según resaltan en el ministerio “la palabra empeñada dada por el grupo es garante de cada uno de sus miembros”.

Los préstamos son individuales, de montos pequeños, arrancando con $750, con una devolución en 25 pagos semanales, y a medida que el tomador devuelve lo prestado, recibe un crédito de mayor monto que el anterior, de modo escalonado. Y es otorgado para “cualquier iniciativa que permita mejorar el microemprendimiento y la situación del tomador del crédito”.

Pero esto es sólo el inicio de la movida, ya que una vez entregados los créditos, los emprendedores conforman un centro donde se reúnen semanalmente junto al equipo promotor con el fin no sólo de devolver sus cuotas, sino también de evaluar la marcha de sus proyectos y analizar y buscar respuestas para las diversas problemáticas sociocomunitarias que se planteen. Esta instancia que acompaña todo el desarrollo de los emprendimientos se denomina “vida de centro”.

Dentro del marco que establece la ley 26.117, de promoción nacional de microcrédito, pueden inscribirse asociaciones civiles, fundaciones, cooperativas, sindicatos y organizaciones eclesiales y de base que realizan convenios con el Ministerio de Desarrollo Social, en tanto que pueden ser promotores del Banco Popular de la Buena Fe dirigentes de organizaciones, líderes barriales, estudiantes y profesionales que se capacitan para promover el microcrédito.

Desde Desarrollo Social resaltan que lo distintivo del banco “es la participación de emprendedores, promotores y organizaciones en la formulación, análisis y ajuste de la propuesta”.

Intercambio. La forma de financiamiento se da a través del ministerio, que transfiere subsidios para la constitución de los bancos populares de la buena fe a organizaciones no gubernamentales (ONG), las que son denominadas “organizaciones administradoras”.

Estas ONG por su parte transfieren los fondos (para otorgar los microcréditos y para gastos operativos y de capacitación) a “organizaciones ejecutoras”, donde se inician y funcionan los bancos.

Cada “organización ejecutora” debe conformar un equipo promotor que tendrá la tarea de capacitar y acompañar a los emprendedores en la formulación de sus respectivos proyectos verificando su sustentabilidad.

La metodología del banco se da a través de la educación popular, por lo cual los promotores acompañan a los emprendedores, analizando la marcha de cada emprendimiento, buscando otras formas de economía social que les permita salir adelante, “porque creemos que el microcrédito solo no ayuda si no está acompañado de otras herramientas que el ministerio agrega para mejorar los procesos de desarrollo local”.

Con ese objetivo, se han desarrollado tres instancias formativas, así como manuales de trabajo que facilitan a las organizaciones una guía metodológica para conformar los “bancos” y un conjunto de propuestas y sugerencias pedagógico-didácticas para trabajar en la comunidad.

Esto posibilita un acompañamiento en la puesta en marcha del banco y una posterior evaluación de la tarea realizada por todos los partícipes.

Lo importante de la propuesta es que no sólo se le da la plata sino que se le ofrece participar de una comunidad en la que además de ayudarse entre ellos mismos analizan y abordan la problemática de su barrio y su comunidad.

De acuerdo con los datos relevados por el ministerio, un 90% de los tomadores de créditos son mujeres, que así llevan adelante distintos tipos de microemprendimientos propios.

Como parte del proyecto, periódicamente se realizan ferias regionales y eventos locales donde los microemprendedores pueden ofrecer sus productos y servicios, e intercambiar experiencias con microemprendedores de otras zonas.

Para analizar la experiencia argentina y otras experiencias a nivel regional, entre el 17 y el 19 de noviembre próximos se realizará el Primer Congreso Latinoamericano de Microcrédito.

Por último, resaltan la presencia de un Estado promotor y presente y no de forma asistencialista, ya que se les presta dinero y lo tienen que devolver. Eso ayuda mucho al crecimiento de la persona, su dignidad y su autoestima.

Fuente: El Argentino.

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