Viaje al centro de la producción hortícola del sur de Brasil

Una comitiva conformada por 56 productores y técnicos provenientes de distintos puntos de Misiones participó el fin de semana pasado de varias actividades de intercambio de conocimientos en el sur de Brasil. El itinerario organizado por la Agencia de Desarrollo de Misiones incluyó visitas a establecimientos productivos en Santa Rosa y Tres de Maio, charlas técnicas  desarrolladas en la Universidad Regional Unijuí y concluyó con una recorrida por el “27º Encontro Estadual de Hortigranjeiros», que tuvo lugar en Santa Rosa. Durante las dos jornadas que pasaron en tierras gauchas, los pequeños productores misioneros tuvieron  la oportunidad de ver cómo sus pares brasileños, en base a capacitación, tecnología y con apoyo financiero, lograron llevar adelante proyectos rentables en chacras muy parecidas a las misioneras, tanto en su extensión territorial, como en su geografía, clima y tipo de suelo y con ello obtener una facturación bruta mensual de entre 2.000 y 3.000 reales (4.200 a 6.300 pesos) por hectárea.

No es casualidad que el punto central del recorrido haya sido Santa Rosa. Esta localidad de alrededor de 70 mil habitantes logró algo que Misiones viene persiguiendo como uno de sus objetivos principales: el autoabastecimiento de frutas, verduras y legumbres, sustentado en su mayor parte por pequeños productores.

Fabio Escalio, técnico de la Emater (equivalente brasileño al Inta), explicó que la iniciativa de avanzar  en el autoabastecimiento de alimentos en Santa Rosa comenzó en la primera mitad de los ’80. Recordó que en 1982 el municipio traía de afuera el 95 por ciento de los productos de granja que consumía, para revertir esa situación, se planteó un programa de asistencia técnica y crediticia a los pequeños productores. Tras casi treinta años de trabajo en esa senda, hoy el municipio abastece el 85 por ciento de su consumo y todos los pequeños productores que se integraron a la cuenca experimentaron una mejoría en sus condiciones de vida.

Es especialista explicó que el municipio destina 600 hectáreas de su territorio a producciones agrícolas y ganaderas y la unidad productiva promedio es de entre 12 y 14 hectáreas, rango en el que se inscribe el 60 por ciento de las chacras del lugar. Poco más de 60 de esas 600 hectáreas volcadas a la producción, se destinan a la horticultura. En total son 70 productores que dedican entre 2,5 y 10 hectáreas para hacer verduras, legumbres y frutas.

Orientación integral

El motor del cambio en las condiciones de trabajo de los pequeños productores de Santa Rosa, es el apoyo intensivo y continuo por parte del Estado. Instituciones del conocimiento, como la Universidad Unijui o la Emater brindan capacitación orientada a modernizar las técnicas de producción, a asociar a los productores para que se complementen y a aplicar técnicas básicas de mercadeo para mejorar las condiciones de comercialización de sus productos. El apoyo crediticio es otra de las patas del modelo que llevan adelante los brasileños, otorgan créditos por un monto máximo de 130.000 reales (270.000 pesos), a diez años, con uno de gracia y con una tasa anual de 2 por ciento en reales (vale aclarar que la inflación en el país vecino no supera el 4 por ciento anual).

El monto de la financiación es variable, pero según indicó Escalio, se procura que ningún crédito para iniciar una producción sea inferior a los 20 mil reales por hectárea, dado ese es un monto promedio para iniciar una pequeña explotación con la tecnología necesaria para que sea rentable. «Todos los proyectos tienen que contemplar irrigación, fertilización y es preferible que sea bajo invernadero», detalló.

Los sistemas de irrigación, por microaspersión y goteo, y las diferentes variedades de invernaderos, algunos con techos altos y otros en forma de túneles o micro túneles fueron los elementos que más llamaron la atención de los productores misioneros que participaron de la comitiva. Lo último en materia de mallas para invernáculos que utilizan los granjeros de Santa Rosa, es un producto de color rojo, cuyo principal diferencial en comparación de la tradicional mediasombra negra, es que resulta más efectiva para bloquear la parte del espectro de la luz solar que es dañina para las plantas y dejar pasar el resto de la luz, necesaria para la fotosíntesis. El resultado es que se pueden usar mallas mucho más livianas, que bloquean solo entre 20 y 25 por ciento del total de la luz solar, sin provocar daños a las plantas, incluso bajo el impiadoso sol del verano. «Los productores que usan este sistema lograron acortar hasta ocho días el ciclo de producción de la lechuga», aseguró Escalio.

Bajo estos invernaderos de techos rojos, los brasileños buscan desarrollar cultivos en hidroponia, una tecnología  desarrollada en Japón, en la cual las raíces de las plantas no crecen en la tierra, si no dentro de caños plásticos a través de los cuales circula un agua colorada enriquecida con nutrientes químicos. Los caños se disponen en forma horizontal al suelo y tienen agujeros en su parte superior, dentro de los cuales se depositan los plantines. Lejos de la tierra y aisladas de otros elementos naturales, las plantas tienen mucho menos posibilidades de sufrir ataques de hongos e insectos y al recibir sus nutrientes fundamentales sólo por vía del riego, resulta más fácil controlar su desarrollo.

La lechuga es el cultivo más extendido entre los hortigranjeiros brasileños, según estimó el técnico de la Emater, 20 por ciento de la producción total corresponde a las distintas variedades de lechuga. Repollo, berro, rúcula, zanahoria,  remolacha, cebollita de verdeo y perejil, son otros de los cultivos más intensamente practicados. Escalio explicó que se eligieron esos cultivos porque tienen ciclos cortos y así permiten al pequeño productor tener un ingreso de dinero cada treinta días.

El arte de la venta

Buena parte del éxito del modelo aplicado en Santa Rosa se debe a que uno de sus puntos centrales es garantizar que el productor pueda vender sus verduras y que pueda hacerlo a buen precio. Para ello, se establecieron ferias como canal principal de comercialización, pero el objetivo final es que los granjeros también puedan ubicar sus productos en supermercados, incluso fuera del municipio. Son tres las ferias que funcionan dentro de Santa Rosa y todas ellas abren tres veces por semana.

Para potenciar las ventas, los productores reciben capacitación en técnicas de mercadeo, las cuales están orientadas fundamentalmente a presentar adecuadamente los productos y clasificarlos según grado de maduración, tamaño y calidad. “Nos costó mucho hacer entender a nuestros productores que al cliente hay que entrarle por los ojos. Toda la verdura debe estar limpia y bien exhibida. Otra cosa que hay que entender es que hay que clasificar bien el producto, si armamos un paquete con buen producto arriba y porquería abajo, nunca le vamos a poder vender dos veces al mismo cliente”, indicó.

Atendiendo esos principios, los hortigranjeiros tienen una facturación promedio que oscila entre los 2.000 y 3.000 reales por mes por hectárea, dependiendo del grado de tecnificación aplicado.

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