Científica transformó la sandía en golosinas antioxidantes

Con el objetivo de revalorizar la fruta que se produce en Santiago del Estero, la científica Alicia Gallo, logró, a partir de la sandía, elaborar golosinas que no contienen azúcar y que son, esencialmente, antioxidantes.

Gallo, doctora en Ciencias Aplicadas e ingeniera en Industrias Agrícolas y Alimentarias de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (Unse), desarrolló su experimento en la Universidad Nacional de Luján, en Buenos Aires, como parte de su tesis doctoral.

“Lo que se hizo fue formular una golosina que tenga una cantidad de pigmentos antioxidantes naturales más elevados, en lugar de comerse un caramelo que es azúcar vacía, se ingiere nutrientes”.

Comentó que la idea de esta experiencia “fue la de revalorizar los productos de mi tierra, que es Santiago del Estero, y la sandía me ofrecía algunas alternativas interesantes”.

Relató: “Comencé el experimento pensado en alguna sustancia que tuviera efecto antioxidantes o protectores de la salud, lo que en la jerga científica se conoce como fotoquímicos que son sustancias que transfieren algún tipo de propiedad de los alimentos en particular, y fue así como elegí la sandía porque en ella predomina el licopeno, un pigmento natural que también se encuentra en el tomate”.

Añadió que comenzó su tesis doctoral trabajando en la visualización de pigmentos carotenoides combinado con una manera de proteger a los pigmentos, “que son lo que se llama encapsulaciones, que consiste en proteger la sustancia que tiene algún efecto que se desea preservar con una matriz, que es la que forma una especie de corazón protegido por una pared. En este caso trabajé con derivados de almidón”.

Aseguró que con este método “se elimina el agua de la sandía que a la larga no tiene valor, se baja el costo de transporte y se añade un valor agregado a un componente de la fruta que es el más valioso”.

Recalcó la investigadora que la intención de la elaboración de la golosina con sandía “es incorporar en los chicos mayor cantidad de frutas y verduras, porque las otras combinaciones que probamos, y resultaron sensorialmente muy atractivas y muy ricas, son combinando con otros vegetales, como zanahorias, frutillas, arándanos y frambuesas”.

También adelantó Gallo que estas golosinas tienen diferentes formas de presentación, “los prototipos fueron hechos como una especie de bolillas, como cubos chatos que puede dividirse en porciones como si fuera una barra de cereal, o puede ser embolsado. Son golosinitas crocantes pero airadas, la textura estaría entre un chizo y una barra de cereal con mucho arroz, no es fibrosa”.

En cuanto al desarrollo masivo de esta golosina, anticipó que en la Universidad de Luján hay una planta piloto “en donde podemos hacer el resto de las pruebas y después veremos si lo vendemos como un producto intelectual que es parte mío y de la institución”.

Sin embargo, manifestó: “No me interesa tanto poder llegar a ser dueña de una franquicia, lo que más me importa es poder revalorizar un fruto que es regional y que pueda llegar a dar mayores ingresos a la gente de mi provincia, porque nunca olvido mis orígenes”. (Fuente: El Liberal)

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