La ganadería planteó sus desafíos de cara al 2020

En un panel moderado por Eduardo Herrman, Juan Carlos Elizalde, Germán Baldi del CONICET, y Daniel Ligier, coordinador del programa nacional de corregiones del INTA, evaluaron los desafíos que se plantea en el terreno pecuario de cara a los próximos diez años.

Para Elizalde, “el panorama es sumamente complejo porque Argentina desperdició 10 años de avances tecnológicos”. Por eso de cara a 2020 habrás más desafíos. Habrá que determinar cuáles son las perspectivas. En el mundo hay una demanda creciente e inexorable de carne vacuna. “Será la elite que podamos producir en condiciones anaeróbicas. Lo que me preocupa es que los costos de producción serán cada vez mayores, producto de una regulación cada vez más importante en materia ambiental”, sostuvo.

“Además, a la vaca la arrinconamos y le quitamos su principal sustento de supervivencia, el pasto, el rastrojo, que no se lo comía nadie. La condenamos a un bajo que cuando no se inunda entra en sequía, y la colocamos en un monte que dentro de poco alguien lo usará para producir biocombustible a partir de celulosa. Estamos empujando hacia sistemas cada vez más caros”, añadió.

“Por un lado es bueno tener buenas perspectivas, pero deberemos manejarnos con una volatilidad a la que no estamos acostumbrados en cuanto a variaciones de costos de alimentación, efectos ambientales y fundamentalmente ingresos. Esto se traducirá en la caída virtual de los sistemas actuales de producción”, explicó el especialista.

“Hoy cada individuo dentro del grupo es una entidad respecto al que tiene al lado y eso me da la impresión de que es el cambio más rotundo que veo en cuanto a los sistemas.
Algunos están haciendo recría de terneros macho de 350 kilos porque es de dos años. La pregunta es a quién le vamos a vender ese ternero cuando los frigoríficos se están yendo. Puede ser una visión de corto plazo. Pero la adaptación empresarial sería hacer cría de vaquillonas preñadas para vender y contribuir a aumentar el stock y vender el ternero macho. Ese tipo de modelizaciones es la que se viene en forma continua y que se suma a nuestra propia ineficiencia”, apuntó.

Por su parte, el ingeniero Ligier aportó un cuadro comparativo de la región chaqueña sudamericana con regiones similares en cuanto a mapas climáticos y topográficos distribuidos en el resto del mundo. Así halló que existe un chaco en Estados Unidos, otro en África, otro en Asia y el restante australiano.

“El Chaco nuestro tiene 8 millones de habitantes, el 16% está cultivado con una alta tasa de desmonte y cultivo que comienza en la década del 90. La agricultura es eficiente, el promedio de cereales y oleaginosas es de 2,7 toneladas por hectárea por año y la carga ganadera es de 0,15 vaca o equivalente (búfalo, cabras y ovejas) por hectárea”, planteó Ligier, quien al cabo de la analogía demostró que nuestro país es el que presenta el mejor posicionamiento para el desarrollo de las distintas especies animales.

Según el cuadro comparativo, el análisis más sencillo es con el Chaco norteamericano. Es más poblado, con una fracción similar al nuestro. No hay una transformación hacia cultivos. La tasa de desmonte se frena en 1950. El rendimiento de la agricultura y ganadería son similares a las nuestras. El rendimiento agrícola tiene un conjunto de cultivos únicos. En Norteamérica es sorgo, el 40% en nuestro país soja y en África el maíz blanco.

En África es mas poblado, con una agricultura que no creció en medio siglo, un rendimiento agrícola menor de una tonelada por hectárea por año y 0,013 vacas por hectárea por año. En Australia, un millón de personas, dos por ciento cultivado, rendimiento agrícola cercano a 1,7 tonelada por año y menos vacas con 0,09 por hectárea.

El más diferente en la zona de India y Pakistán tiene 465 millones de personas. En 1700 el 30 por ciento ya estaba cultivado, hoy alcanza las tres cuartas partes de ese territorio. 3,4 toneladas por hectárea por año con riego y fertilización. Y 0,6 equivalentes vacas por hectárea al año. Todos los ecosistemas son similares, y la diferencia radica en el mayor desgaste de los suelos

Por su parte, Germán Baldi planteó que el nuevo escenario que se le presenta al NEA y NOA posee distinta intensidad y localización. Pero aunque reconoció que existe un uso inadecuado de recursos hídricos, falta de información para gestionarlos, lo que genera pérdida de bosques y ecosistemas, corrigió una creencia arraigada en el imaginario colectivo. El desmonte de las tierras del norte no fue destinado en su mayoría a la producción de soja.

“El norte grande argentino tiene el 37% del estado ganadero nacional. Eso es bueno porque el norte tiene un rol relevante en la ganadería por cultura e historia”, analizó.

Reconoció que esta situación genera efectos positivos y negativos por la expansión de la frontera agrícola en relación a la ganadería. “Pero acá quiero derribar un mito. Nuestros estudios de 2001 a 2008 desde Santiago del Estero hasta Salta y Chaco nos señalan que se desmontaron 2,5 millones de hectáreas. La tasa de desmonte fue de 1,5 por ciento cuando en América Latina 0,6. De esas 2,5 millones del 55 a 60 por ciento fueron en áreas ecosistemas con restricciones hídricas que llegan a 300 milímetros, de modo que esas tierras fueron destinadas a ganadería”, aseveró.

“No todo el imaginario piensa es la realidad cuando se trabaja con datos concretos”, subrayó. Y detalló que esos campos se culturizaron y los pueblos tuvieron mayor dinamismo. Entre los efectos negativos resaltó el desmonte descontrolado, y las áreas donde los proceso erosivos se intensificaron, además del desbalance de nutrientes y la tasa de oxidación de la zona que es tres veces mayor que la tasa de materia orgánica de las zonas templadas.

Igualmente, resaltó el impacto de la tecnología vial y energética, que tiene el mismo valor el resto de los avances tecnológicos. “Además, se inició un proceso de intensificación. En el caso de la ganadería, la tecnología de la información empezó a sonar. Empezamos hablando de agricultura de precisión y ahora hablamos de ganadería de precisión. Hablamos de poner GPS y buscar los mejores pastos, buscamos imágenes satelitales para mirar índices normalizados y ver a nivel de potrero y zona donde vamos”, remarcó.

“Apostamos a la tecnología de proceso. La ganadería tiene un estado de arte, de compromiso del productor y el empleado que la agricultura hoy no brinda. También se observa que el productor empieza a invertir en infraestructura como tema principal con aguadas, potreros, alambrados y molino. Luego apuesta a pasturas, pero con un poco más de riesgos”, analizó.

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