“Quiero que los jóvenes misioneros tengan la oportunidad de leer”, dijo Ogilvie

El profesor Guillermo Ogilvie, nacido en Eldorado recorrió el mundo buceando en letras y desde la capital del trabajo de la tierra colorada llevó su pasión por las letras al ofició de filólogo. Hoy luego de 60 años de estudios y enseñanza decidió donar su tesoro más preciado, 6900 libros y unos cuantos artilugios de escritura que en sus años mozos eran herramientas muy necesarias para escribir pero que con el avance de la técnica han pasado a ser objetos de museo.

“Quiero que los jóvenes misioneros tengan la oportunidad de leer”, dijo Ogilvie

El profesor Guillermo Ogilvie, nacido en Eldorado recorrió el mundo buceando en letras y desde la capital del trabajo de la tierra colorada llevó su pasión por las letras al ofició de filólogo. Hoy luego de 60 años de estudios y enseñanza decidió donar su tesoro más preciado, 6900 libros y unos cuantos artilugios de escritura que en sus años mozos eran herramientas muy necesarias para escribir pero que con el avance de la técnica han pasado a ser objetos de museo.

 

Pero porque este filólogo decidió volver a su tierra a legar este tesoro. El profesor comentó en una charla amena que “porque la Biblioteca Pública de las Misiones me dejó hacer un homenaje a mis padres Arturo y Chela, que fueron pioneros en Eldorado”. Recordó que ellos “fueron muy felices aquí y nos criaron como muy misioneros”.

 

Recordó que sus padres “fueron muy cooperativistas, los dos fueron socialistas, los dos vinieron de muy buenas familias europeas y los dos me inculcaron de muy chico que si tenía mejores oportunidades en la vida, debe compartirlas con los demás”. Explicó que sus padres le enseñaron a leer y ellos le inculcaron el amor por la lectura.

 

“Siempre pensé en donar mi biblioteca a mis dos alma mater, el Colegio Nacional o la Facultad de Filosofía y Letras (ambas de la UBA). Pero en el momento de encontrarme jubilado y después de haber experimentado lo que es tener que lidiar con una biblioteca legada, no quise dejarle a nadie ese trabajo y pensé en donarla (en vida) a mi biblioteca. Como yo nací en un país republicano, representativo y federal y yo sigo siendo muy federal por eso pensé en donarla a una provincia” explicó el especialista en letras.

 

Comentó que en un primer momento planteo entregar su tesoro a la Universidad Nacional de Misiones, pero como la mitad de sus libros son académicos y la otra mitad son libros generales, le pareció más adecuado donarla a la Biblioteca Pública de las Misiones. “La Biblioteca está en Posadas y debe servir para todos los misioneros, por eso les pedí a las autoridades que se puedan acceder y ser prestados para investigaciones y lecturas, porque a mí me interesa el servicio”.

 

Agradeció poder ponerle el nombre de sus padres Arturo y Chela Ogilvie a esta biblioteca, muy emocionado dijo “me alegra mucho que la colección tenga el nombre de un par de misioneros muy misioneros”.

 

Sobre la variedad de textos que entrega, el profesor recordó que en sus 60 años de trabajo académico, tuvo la oportunidad de viajar mucho y en esos viajes fue adquiriendo muchos libros muy difíciles de conseguir en el país. Explicó que los primeros libros de su biblioteca fueron de sus padres y fue acrecentandose con los años.

 

“Yo creo que les puede servir a los académicos y al pueblo y a mí el pueblo me interesa mucho” dijo Ogilvie. Sobre el plato egipcio del siglo XVIII y la mayólica de la mezquita de Bagdad recordó que fueron regalos de “la hermana de mi profesor de árabe (Machado Muré), cuando debí ocuparme del legado de su biblioteca a la facultad de Filosofía y Letras”. Sobre el plato dijo que había sufrido una caída y fue restaurado por un artista estadounidense, y él consideró que es una bella obra que puede ser exhibida en Misiones.

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Concluyó que su donación busca incentivar a la curiosidad de los jóvenes misioneros “yo tengo la intención que todos los misioneros tengan la oportunidad de leer” dijo emocionado. Concluyo planteando que los objetos de escritura que donó aparte de los libros son para recordar el paso del tiempo, ya que antes un objeto para ser considerado antigüedad necesitaba tener más de 100 años y hoy con los objetos tecnológicos, con solo tres años, lo objetos ya son considerados piezas de museo.

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“Quiero que los jóvenes misioneros tengan la oportunidad de leer”, dijo Ogilvie