“El mate esconde desnutrición y trabajo esclavo”

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Lo dijo Patricia Ocampo, fundadora de la ONG «Un sueño para Misiones», que impulsa un proyecto de ley para regular el trabajo en la cosecha de yerba. Famosos como Javier Mascherano apoyan la iniciativa

“El mate esconde desnutrición y trabajo esclavo”

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El mate es uno de los símbolos de la cultura argentina por excelencia, tomarlo es una invitación irresistible para un domingo de picnic, para una charla distendida con amigos, para compartir con la familia cuando se la visita o para pasar mejor las horas de trabajo. Nadie pone en dudas que representa todo eso, aunque poco se conoce de la producción de la yerba mate, de los “tareferos” y de qué manera trabajan en su cosecha.

“Los tareferos legan a las chacras o plantaciones de yerba contratados por un capataz. Los llevan y se quedan a vivir semanas para cosechar la yerba. Y ahí viven en carpas –con suerte–, sin agua potable, sin baños, hacen sus necesidades en el campo, en contacto con las víboras y demás animales… Y en esos campos el capataz que los terciariza les vende la mercadería para que coman (harina y aceite con los que hacen una masa llamada reviro, o porotos). A veces les fía esas bolsas, pero ese fiado es con recargo y al final de la cosecha o al momento de la paga les descuentan lo que comieron. Entonces lo que ganan es lo que cosechan, y cuando más cosechan ganan un poco de plata. Y ahí entran los niños porque el tarefero no puede mantener dos viviendas (la provisoria y la familiar), no puede dejar a la mujer con los hijos en una casa con comida mientras él trabaja en el yerbal. Por eso va con su mujer y sus hijos, ellas trabajan para hacer un poco más de plata y los niños empiezan jugando y se quedan ahí: dejan de ir a la escuela y comienzan a trabajar a los 8 o 9 años”, dijo a Infobae Patricia Ocampo, fundadora de la ONG “Un sueño para Misiones” e impulsora del proyecto de ley para acabar con el trabajo infantil en las cosechas.

Y añadió: “Esto esconde, por un lado, un tema cultural porque sus vidas trascurren ahí y con los años creen (los convencen) que no pueden hacer otra cosa, que no saben hacer otra cosa. Por otro lado, es un tema económico porque ese fiado por comida los ata, los esclaviza y hay una línea muy delgada con la trata y la esclavitud”,

Cuando el dolor del otro se planta frente a uno hay dos opciones: esquivarlo o ayudar a cambiar esa realidad. Ocampo hizo lo segundo. Solo le bastó estar mano a mano con quienes eran sus vecinos para “hacer clic”: verlos dormir en carpas precarias montadas sobre la tierra colorada, sin agua apta para el consumo, pero que sin embargo tomaban de un pozo, ver niños con grados de desnutrición importante, saber que otros murieron por esa causa aunque las partidas de defunción indicaban otro motivo, ver a madres de 6 pequeños (madres de 16 o 19 años que parecían de 30 con hasta 6 hijos) llorando porque no querían ese futuro para ellos la obligó a ponerse en campaña y fundar la ONG que quiere que los niños dejen de trabajar y que los tareferos tengan un salario digno y las condiciones óptimas para realizar esa labor.

En el ejercicio de la empatía generada por el trabajo de Ocampo, la productora Posibl. grabó el conmovedor documental Me gusta el mate sin trabajo infantil que revela la cruel realidad de la industria yerbera en Misiones y que contó, además, con el apoyo de Change.org, web que publica el proyecto de ley “Elegimos productos libres de trabajo infantil” surgido luego de que tres niños perdieran la vida mientras viajaban para trabajar en la cosecha de yerba y atendiendo a la realidad no muy difundida: en 10 meses de 2010 murieron 206 niños, hijos de familias que cosechan yerba, por casos de desnutrición.

A esa iniciativa también se sumaron numerosas personalidades del espectáculo y el deporte, como el futbolista Javier Mascherano, embajador de Posibl., que con el hashtag #MeGustaElMateSinTrabajoInfantil escribió en sus redes sociales: “Con la ayuda de todos, esta dura realidad puede transformarse en la oportunidad de una vida mejor, lejos del abuso, la esclavitud, el peligro, la pobreza y la desigualdad”.

El objetivo final de la campaña “Me gusta el mate, sin trabajo infantil” es que exista un sistema que certifique qué yerba está “libre de trabajo infantil” mediante una etiqueta. “El producto tendría un leve aumento y lo recaudado sería destinado a duplicar el salario de las familias cosecheras y a los productores, que regulen el trabajo en sus campos”, aseguran desde la ONG que el año pasado logró el primer paso: la creación de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI) en Misiones.

Con el lema “Me gusta el mate… sin trabajo infantil”, la primera petición que Patricia y Jorge iniciaron logró su objetivo de recolectar 50 mil firmas de apoyo. De ese modo, colocaron este tema tan complejo en la agenda pública y generó el interés de diputados de la UCR, FPV y del Frente Cívico y Social para ser tratado el año próximo en recinto. Además, se acordó una serie de acciones, entre ellas: formar tres mesas multisectoriales de trabajo en los principales municipios yerbateros de Misiones: Comandante Andresito, Jardín América y San Vicente.

“El mate esconde desnutrición y trabajo esclavo”