Lanas de Misiones se propone ganar mercados en Buenos Aires y el sur del país

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La zona Sur de Misiones genera 12 mil kilos de lana por año como subproducto de la cría de ovejas para carne. Parte de ese material se trabaja artesanalmente en talleres de Profundidad y Fachinal. Se obtienen paños de fieltro e hilados en rueca con los que se elaboran alfombras, prendas de vestir, adornos y figuras de animales que se venden en la provincia. Los talleres están en pleno proceso de mecanización, lo que les permitirá ganar escala. El objetivo es formar una cooperativa que incluya a productores y artesanos y llegar a mercados más demandantes, especialmente Buenos Aires y la Patagonia.

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La zona Sur de Misiones genera 12 mil kilos de lana por año como subproducto de la cría de ovejas para carne. Parte de ese material se trabaja artesanalmente en talleres de Profundidad y Fachinal. Se obtienen paños de fieltro e hilados en rueca con los que se elaboran alfombras, prendas de vestir, adornos y figuras de animales que se venden en la provincia. Los talleres están en pleno proceso de mecanización, lo que les permitirá ganar escala. El objetivo es formar una cooperativa que incluya a productores y artesanos para llegar a mercados más demandantes, especialmente Buenos Aires y la Patagonia.

El desarrollo que tuvo en los últimos años la producción ovina en Misiones abrió el camino para una actividad inédita en territorio provincial: la elaboración de lanas a escala comercial. Miryam Millán, coordinadora del proyecto Lanas de Misiones, recordó que la idea nació cuando se instaló el establecimiento La Armonía, el mayor criador de ovejas de la zona. “Cuando nos enteramos que esta cabaña se iba a dedicar solamente a la comercialización de carne y que no había destino previsto para la lana, nos pusimos en contacto con el propietario, quien accedió a donarnos el material”, indicó Millán.

La responsable del proyecto señaló que en la zona Sur de Misiones hay más de cuatro mil ovejas que anualmente generan 12 mil kilos de lana. Explicó que aunque se los críe exclusivamente por su carne, a los animales hay que esquilarlos una vez al año para que no sufran por el calor y por cuestiones sanitarias. “Toda la lana se quemaba, lo que representaba no solo un desperdicio sino también un daño al medioambiente, nosotros trabajamos para que todo ese material se use para generar valor y fuentes de trabajo”, dijo.

 

El primer paso fue mandar a analizar la lana que se obtiene en la zona para saber si tenía la calidad necesaria para ser explotada comercialmente. “Mandamos muestras de esta zona a investigar al INTI Textiles de Buenos Aires. Nos dijeron que nuestra fibra tiene muy buena calidad, pensábamos usarla solo para alfombras, pero con sorpresa descubrimos que la fibra es adecuada para hilados y para indumentaria”, indicó.

Con certezas respecto a la calidad de la materia prima, comenzó un camino que incluyó el desarrollo de un proyecto en el que colaboró la Fundación Artesanías de Misiones, se presentó una carpeta al CFI que dio ayuda económica y comenzó el trabajo en campo. La primera tarea fue capacitar a las productores y artesanos en esquila, selección de los mejores materiales, teñido, hilado en rueca, confección de paños, entre otros temas.

Luego, entre los Gobiernos de la Provincia y de los municipios de Fachinal y Profundidad, el proyecto consiguió la sede en la que funciona el taller, frente a la plaza de Profundidad.

Ni bien comenzaron a producir, se enfrentaron con un problema de falta de tecnología. Se hacía todo manualmente, lo que extendía los tiempos de producción y elevaba los costos a niveles que hacían insostenible el proyecto.

Para superar esa situación, se pusieron en contacto con la Facultad de Diseño Industrial de la UNaM, con sede en Oberá. Luego de un pormenorizado trabajo de observación, los estudiantes y docentes diseñaron máquinas a medida, fáciles de manejar y con una mecánica sencilla.

Así se logró mecanizar el proceso de confección de los paños, pero todavía falta terminar los equipos para el lavado de la lana cruda, proceso que hasta ahora se hace en Curuzú Cuatiá, Corrientes.

Según reconocen las impulsoras del proyecto, la comercialización es el área en la que queda más trabajo por hacer. Ocurre que la baja escala de producción que todavía tienen los talleres dificulta la llegada a mercados más exigentes, entonces se optó por ofrecer la producción en ferias. Sin embargo, saben que para cumplir con los objetivos de generar valor y trabajo en la zona será necesario vender más y mejor.

“Nuestro apremio este año es poner en marcha las máquinas que faltan y abrir nuevos mercados. Sabemos que Misiones no es nuestro mercado, por el clima y porque el valor que tiene este producto artesanal que lleva mucha mano de obra exige clientes de mayor poder adquisitivo. Pensamos en llegar a Buenos Aires y a las provincias del sur. Nuestra idea también es abastecer a otros artesanos, porque los paños de fieltro y las lanas se pueden usar para la elaboración de prendas y los pompones, como accesorios”, explicó.

Para cumplir esos objetivos, se proponen conformar una cooperativa que integre a toda la cadena, desde los productores de ovejas, hasta los artesanos.

“Queremos que mucha gente que vive en pueblos chicos como Profundidad o Fachinal tengan una fuente de trabajo genuina y que generen valor”, remarcó Millán.

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