Invernaderos solares, la agricultura más sostenible de cara al futuro

Los invernaderos solares de Europa, surten de productos hortícolas al 60 % de los mercados europeos y al 47 % del español e indican que pueden ser la clave para una agricultura sustentable

 

Los invernaderos solares del sur de Europa llevan casi 50 años cultivando productos hortofrutícolas con los que se abastecen más de la mitad de los consumidores europeos, pero aún así y pese a tratarse del modelo de producción agrícola más sostenible y productivo, su actividad ha sido puesta en duda, prácticamente desde sus comienzos, debido a una serie de bulos y percepciones erróneas, en muchas ocasiones provocada por la presión de los mercados competidores y en otras, la mayoría, debido a la falta de información por parte del consumidor final.

La realidad este modelo a la producción agrícola es necesaria, pues se trata del método de cultivo más sostenible y productivo de cuantos existen en la actualidad así como el más preparado para hacer frente a los retos demográficos y medioambientales del futuro.

 

La protección que ofrecen las cubiertas plásticas de los invernaderos, que preservan a los cultivos de las condiciones climatológicas adversas, posibilita que los consumidores tengan a su disposición frutas y hortalizas frescas durante todo el año, sin importar la época en la que nos encontremos.

 

La mejora de las variedades vegetales es un proceso natural que nuestros antepasados han realizado durante miles de años guardando las semillas de las mejores plantas y cosechándolas al año siguiente. Históricamente, la mejora iba orientada a aumentar la productividad, obtener resistencias a plagas y enfermedades o mejorar características agronómicas, como el tamaño de la planta o los frutos.

 

Hoy por hoy, las mejoras se enfocan también a potenciar sus propiedades organolépticas, nutricionales y saludables y de facilidad de consumo que acrecientan su valor. El resultado es una amplia gama de productos con más sabor, más calidad y más fáciles de consumir.

 

Por su parte, los cultivos procedentes de los invernaderos solares cumplen con los más exigentes sistemas de certificación y normas de buenas prácticas, lo que garantiza la trazabilidad y calidad de los alimentos en todas las etapas de la producción, la sostenibilidad de la actividad y el cumplimento de buenas prácticas laborales en toda la cadena de valor. Con todo ello se pretende asegurar al máximo y garantizar que los productos lleguen al consumidor en óptimas condiciones y con la mejor calidad.

 

 

Otro dato positivo de la contribución de los invernaderos solares al medio ambiente es que cada hectárea de invernadero es capaz de fijar entre 8-10 toneladas anuales de CO2, o lo que es lo mismo, cada hectárea absorbe la emisión diaria de 8 coches.

 

La agricultura de invernadero precisa las cubiertas de plástico no solo para proteger a las plantas de las inclemencias meteorológicas o de las plagas, sino también, para aprovechar los recursos de la luz, la temperatura y la humedad.

 

El empleo de estos plásticos resulta esencial para esta actividad agraria y, a pesar de la mala imagen debido a la generación de estos residuos, el sector agrícola solo genera el 7 % del total de residuos plásticos y contribuye más que otros al reciclaje, ya que representa el 9 % del total reutilizado, sin contar los envases.

 

De hecho, el 95 % de los plásticos son retirados y el 80 % son reciclados o reutilizados para, por ejemplo, fabricar contenedores de basura, bancos, papeleras, columpios y otra serie de elementos del mobiliario urbano, capazos para la recolección hortofrutícola o maceteros, entre otros. Asimismo, los plásticos de difícil reciclado se están utilizando para la generación de combustible líquido.

Otra de las apuestas del sector por la economía circular es la utilización de los restos vegetales para el desarrollo de nuevos alimentos o complementos alimenticios, cosméticos.

 

Fuente: elespanol.com