Perspectivas climáticas: pese a la sequía actual, febrero marcaría el inicio del retorno a los promedios históricos de lluvia

José Olinuck, agrometeorólogo, analiza el impacto de un enero con precipitaciones críticas y explica la transición hacia una fase climática neutral. Además, detalla qué cultivos están en riesgo y la amenaza del fuego.

José Olinuck, agrometeorólogo en Radio Activa.

La situación climática en la región atraviesa un momento bisagra. Tras meses bajo la influencia del fenómeno de “La Niña”, los pronósticos indican un cambio de tendencia inminente. Olinuck confirmó que si bien se venía transitando una fase débil de este fenómeno, las proyecciones para el trimestre de febrero, marzo y abril marcan una probabilidad superior al 80% de entrar en una fase neutral. Esto implicaría, en teoría, un régimen de lluvias más cercano a los valores medios históricos.

Sin embargo, la realidad inmediata dista de ser ideal. El especialista advirtió que enero fue un mes “bastante complicado” en términos hídricos, marcando una sequía acentuada en pleno verano. “En la zona de Cerro Azul no se llegó a los 40 milímetros, cayeron apenas 38 cuando el promedio histórico es de 176 milímetros”, detalló Olinuck, subrayando el déficit severo que enfrenta la producción.

Esta falta de agua se agrava por las altas temperaturas estivales. Según explicó el agrometeorólogo, que lluevan menos de 100 milímetros en enero es grave debido a la alta evapotranspiración. “Si hablamos de 100 milímetros en junio, tenemos exceso de agua porque hace frío; en cambio, en enero se necesita mucha agua y la deficiencia actual es marcada”, señaló, añadiendo que, aunque las marcas térmicas no llegaron a los extremos de años anteriores, la situación no deja de ser crítica.

El alivio hídrico que sostuvo a la provincia durante las primeras semanas del año provino de un diciembre excepcionalmente lluvioso, donde se registraron más de 500 milímetros en algunas zonas. “Arrancamos enero en condiciones óptimas de humedad, con exceso, y por ese motivo la situación no es más grave de lo que está siendo”, analizó Olinuck. No obstante, alertó que los caudales de arroyos y vertientes ya están bajando notablemente.

La preocupación se centra ahora en la capacidad de los suelos misioneros, que no retienen la humedad por mucho tiempo. “Nuestros suelos tienen una característica: ni bien para la lluvia en verano, a los pocos días ya estamos sintiendo la falta de humedad”, explicó el técnico. De continuar la ausencia de precipitaciones, el escenario de emergencia hídrica podría agravarse rápidamente en las próximas semanas.

En cuanto a la producción agrícola, el cultivo más comprometido actualmente es el maíz, debido a que se encuentra en plena etapa de floración, un momento donde la demanda de agua es crucial. También se reportan problemas en la zona costera del río Uruguay con el cultivo de mamón y signos de estrés en yerbales situados en suelos poco profundos, donde se observan hojas marchitas y quemaduras por la fuerte radiación solar.

Otro factor de riesgo latente es el fuego. Olinuck advirtió sobre el peligro en las forestaciones de pino, donde el material combustible seco y la baja humedad relativa crean un escenario propicio para los incendios. “Los incendios acá son generados por el hombre, por descuidos en rozados o quemas; es muy difícil que sea por rayos como en el sur”, enfatizó, pidiendo extrema precaución a la población.

Más allá de la sequía actual, una de las incógnitas que más ha llamado la atención de los vecinos de Posadas y el interior es la ausencia casi total de mangos en esta temporada. Los árboles, habitualmente cargados de fruta en verano, este año lucen vacíos. Olinuck despejó las dudas y atribuyó este fenómeno, paradójicamente, al exceso de lluvias de la primavera pasada.

“Cuando la floración del mango coincide con días de lluvia, hay un tipo de hongo que ataca con mucha facilidad a la flor”, explicó el experto. Septiembre y octubre fueron meses muy lluviosos, coincidiendo con la época de floración del árbol. “Con que tengamos tres o cuatro días continuados de humedad alta y lluvia, lamentablemente la floración se pierde”, agregó.

Este problema afecta principalmente al arbolado urbano y a las chacras familiares donde no hay manejo comercial. En las plantaciones industriales, los árboles se podan para mantener una altura baja, lo que permite la fumigación contra el hongo.

“En nuestra zona dejamos que se formen árboles de ocho o diez metros de altura. Es imposible entrar a fumigar semejantes árboles, por eso este año no tenemos nada de fruto”, concluyó Olinuck, resolviendo el misterio que aqueja a los fanáticos de esta fruta tropical.

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