El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) confirmó, con fecha 11 de abril de 2026, la detección de brotes de scrapie clásico, también conocido como tembladera o prúrigo lumbar, en ovinos reproductores importados. Este hallazgo, el primero de su tipo en Argentina, se registró en ejemplares pertenecientes a establecimientos ubicados en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, generando una profunda alarma en la cadena productiva ovina nacional y alterando el estatus sanitario del país ante la comunidad internacional.
La enfermedad, una encefalopatía espongiforme transmisible (EET) neurodegenerativa progresiva y fatal que afecta a ovinos y caprinos, fue detectada mediante prueba de tamizaje (ELISA) y reconfirmada por la técnica Western Blot en un laboratorio de referencia en España. Los animales involucrados habían sido importados desde Paraguay en los años 2021 y 2022, cumpliendo, según el SENASA, con los requisitos sanitarios y controles postingreso vigentes.
Confirmación de brotes y medidas sanitarias del SENASA
Según el informe oficial del SENASA, la detección se produjo en el marco de una vigilancia activa, luego de registrarse la muerte natural de tres animales sin sintomatología asociada en los establecimientos afectados. Estos ovinos se encontraban inscriptos en el Registro Nacional de Reproductores Rumiantes Importados (Resolución N° 733/2019) y habían cumplido con inspecciones clínicas anuales sin presentar signos clínicos previos a la detección.
Ante la confirmación, el SENASA implementó un programa oficial de control y seguimiento, que incluye la restricción de movimientos de las unidades productivas afectadas, una vigilancia intensificada y medidas sanitarias de contención para evitar la diseminación. Los tres establecimientos identificados son “El Luchador”, propiedad de Sergio Taffarel en Entre Ríos, y las cabañas santafesinas Dorper Santa Fe, de Andrés Lebus, y El Tacurú, de Luciano Toldo.
En cumplimiento con los protocolos internacionales, el organismo notificó oficialmente la detección a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y al Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (SENACSA) de Paraguay, acordando ahondar en la investigación epidemiológica.
El scrapie se caracteriza por signos clínicos como prurito intenso (rascado), ataxia (alteraciones de la marcha), temblores, pérdida de peso, aislamiento y cambios de comportamiento. Es crucial destacar que no es una enfermedad zoonótica, lo que significa que no representa riesgo para la salud pública ni por contacto directo con animales infectados ni por el consumo de productos de origen animal, y tampoco afecta a bovinos.
En una reunión mantenida el 13 de abril de 2026 con representantes del sector productivo, el SENASA delineó tres caminos posibles para el control de la enfermedad:
- Despoblamiento total de los rodeos: Con sacrificio sanitario y posterior monitoreo durante al menos dos años.
- Esquemas graduales: Basados en la terminación de animales para faena controlada.
- Selección genética: Enfoque de mediano plazo apoyado en la genotipificación para privilegiar animales con mayor resistencia natural al Scrapie.
Repercusiones en el sector productivo y cuestionamientos al organismo sanitario
La noticia encendió una fuerte señal de alarma en toda la cadena productiva ovina. Productores como Sergio Taffarel expresaron su profundo malestar y preocupación por el accionar del SENASA. “Hoy, nosotros somos culpables de una ineficiencia de Senasa que se durmió en los laureles y dijo que éramos libres; libres hasta que te explota una bomba en las manos”, afirmó Taffarel en declaraciones periodísticas.
El productor relató haber cumplido con todos los protocolos de importación y envío de cerebros de animales muertos para análisis. Sin embargo, su cabaña fue interdictada y notificada con un bloqueo de movimientos por un mínimo de dos años, lo que le impediría vender animales y lo llevaría a la quiebra: “No voy a subsistir durante dos años, me fundo”.
Existe una discrepancia significativa sobre la celeridad en la detección de la enfermedad. Mientras el SENASA (Fuente 1) indica que fue resultado de una “vigilancia activa” tras la muerte natural de animales importados en 2021 y 2022, productores (Fuente 2) cuestionan al organismo, afirmando que las cabezas de animales muertos en 2025 fueron remitidas de inmediato pero no fueron analizadas hasta “fin de año por un tema de costos” y por la decisión de “esperar a reunir más muestras para optimizar el uso de los reactivos”, lo que, según ellos, retrasó la detección de la enfermedad y refleja fallas en el sistema de control. Se señaló que el protocolo vigente establece que el productor debe remitir la cabeza del ejemplar importado al organismo sanitario una vez que muere para el análisis correspondiente, pero la implementación de este proceso por parte del SENASA fue criticada por las demoras.
La preocupación se extiende más allá de los establecimientos directamente afectados. La cadena advirtió que la compra de genética por parte de productores de Patagonia en cabañas ahora implicadas podría impactar negativamente en el mercado y resentir los valores de razas como la Dorper y otras. En este contexto, Marcelo Díaz, productor y director del distrito 14 (Santa Cruz y Tierra del Fuego) de la Sociedad Rural Argentina (SRA), alertó sobre posibles consecuencias comerciales para la región, donde la ganadería ovina es una actividad económica fundamental. Se estima que en Patagonia se faenan en tres frigoríficos aproximadamente 300.000 lanares, de los cuales el 70% se exporta, y el 98% de los animales adultos se destina al mercado externo, representando un ingreso clave de divisas.
Los actores del sector también hicieron foco en la necesidad de llevar tranquilidad al consumo, remarcando que la carne de un animal con scrapie es apta para consumo humano. Asimismo, se anticiparon gestiones institucionales para solicitar una reunión con el Gobierno.
La importación de genética ovina, particularmente de la raza Dorper desde Paraguay, alcanzó un pico en 2022 con más de 1000 animales ingresados de manera legal, y se estima que por vías informales podrían haber entrado al menos otros 2000 ejemplares, lo que subraya la vulnerabilidad de las fronteras sanitarias.
Impacto comercial y readecuación de mercados internacionales
La detección del scrapie clásico en Argentina ha tenido un impacto inmediato en el comercio internacional. El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile, tras la notificación formal del SENASA, informó la suspensión de las importaciones de ovinos en pie y ciertos subproductos derivados desde Argentina. Esta medida se alinea con las recomendaciones de la OMSA y afecta a las siguientes “mercancías de riesgo”:
- Pequeños rumiantes destinados a faena inmediata.
- Leche y productos lácteos destinados a alimentación animal.
- Vísceras o subproductos comestibles de pequeños rumiantes.
La suspensión chilena es una consecuencia directa de la pérdida del estatus de Argentina como país libre de scrapie, lo que activa la “Cláusula de Condición País” en muchos mercados. Actualmente, el SENASA no está emitiendo certificados para exportar a distintos países, como medida preventiva mientras avanza en negociaciones con cada uno de los destinos. Cabe mencionar que los negocios frenados exceden a las cadenas de exportación netamente ovinas, ya que esta enfermedad neurodegenerativa también es letal en ejemplares de cabras.
A pesar de las restricciones, la importación de carne ovina desde Argentina hacia Chile continúa autorizada, ya que la propia OMSA la reconoce como segura para el comercio internacional, siempre que se retiren previamente los tejidos de riesgo.
El SENASA se encuentra trabajando activamente en la adecuación de los certificados de exportación para garantizar la continuidad de los mercados internacionales. Para ello, se consideran las recomendaciones internacionales de la OMSA para la exportación de mercancías de origen ovino y caprino procedentes de socios comerciales con distinta condición sanitaria. Argentina manifestará a los países su intención de continuar exportando productos seguros, como embriones, cueros y pieles, gelatina, colágeno, sebo y sus derivados, así como lana y fibra ovina.
Para el resto de los productos, como ovinos y caprinos en pie, harinas proteicas y lácteos de estas especies, se propondrá la aplicación de medidas de mitigación específicas, de acuerdo con las recomendaciones de la OMSA para cada tipo de mercancía. El organismo sanitario también trabaja en la posibilidad de avanzar hacia la autodeclaración de zonas libres de Scrapie, especialmente en la región patagónica, donde existen antecedentes de reconocimiento sanitario diferencial. Este proceso implicará reforzar los sistemas de control y certificación para preservar los mercados y dar previsibilidad a la actividad.
La incertidumbre persiste en el sector, y dirigentes como Marcelo Díaz expresaron la necesidad de preservar el estatus sanitario diferencial de la Patagonia, que “vive del ovino que exporta lana y carne”. Se espera que las gestiones entre el sector privado y las autoridades definan los pasos a seguir en este escenario sanitario inesperado y de alto impacto para la ganadería ovina argentina.
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— misionesonline.net (@misionesonline) April 14, 2026



