Del cultivo a la transformación: la caña y el azúcar que se fortalecen con la cooperativa

En Mojón Grande, productores familiares sostienen el cultivo de caña de azúcar y avanzan en su transformación en azúcar rubio, rapadura y miel de caña, entre otros derivados. La experiencia de dos productores permite conocer las características del manejo, los factores climáticos que condicionan el rendimiento y el impacto que tuvo la organización cooperativa sobre la comercialización.

La producción de caña de azúcar en Mojón Grande se desarrolla principalmente bajo esquemas familiares, donde el cultivo comparte espacio con otras actividades productivas y encuentra en la transformación en origen una alternativa para mejorar el aprovechamiento de la materia prima. Alberto Rays trabaja tres hectáreas junto a su familia y destina la producción a la elaboración de azúcar mascavo, mientras que Maximiliano Olivera combina la actividad cañera con la ganadería y otras producciones características de las chacras diversificadas de la zona.

Rays trabaja principalmente con la variedad conocida como NA, o Norte Argentina, que considera adecuada para la elaboración de azúcar por su comportamiento productivo. El cultivo presenta una característica que resulta central para este tipo de producción: después del corte, la caña vuelve a brotar y permite sostener cosechas sucesivas durante varios años. Según explicó, una plantación puede mantenerse entre siete y ocho años, siempre que se realice un manejo adecuado de la fertilidad y del lote.

La implantación comienza con la preparación del terreno y la apertura de los surcos. Para una hectárea, Rays estima que se utilizan entre siete y ocho toneladas de caña como material de plantación. Los tallos se disponen en los surcos, se cortan y se cubren con tierra para favorecer la brotación, dando inicio a un ciclo que luego se sostiene mediante los sucesivos rebrotes.

Después del establecimiento, el manejo se concentra principalmente en el control de malezas y la nutrición. El productor mencionó el uso de fertilización de base al momento de la implantación y aplicaciones posteriores de urea, especialmente cuando las condiciones de fertilidad del suelo requieren reposición de nutrientes. En este esquema, el objetivo es sostener el desarrollo vegetativo del cultivo durante los diferentes ciclos de producción sin necesidad de volver a implantar la caña cada año.

Cobertura, sequía y heladas: los factores que definen el desarrollo

El manejo del suelo ocupa un lugar importante dentro de la experiencia productiva de Rays. La competencia de las malezas es uno de los principales problemas durante el desarrollo del cultivo, por lo que el control comienza incluso antes de la implantación. Una vez establecida la caña, la familia utiliza además una estrategia de conservación de los residuos vegetales que permite reducir la presión de malezas y mantener mejores condiciones de humedad.

“Lo que nosotros hacemos con la caña para que no venga tanto yuyo es no quemar la chala”, explicó Rays. Después de la cosecha, la puntera y la chala permanecen sobre el terreno y forman una cobertura que, de acuerdo con su experiencia, ayuda a conservar la humedad y disminuye la aparición de vegetación competidora. La práctica también evita retirar del lote parte de la biomasa generada por el propio cultivo.

En cuanto a los factores que condicionan el rendimiento, el agua aparece como uno de los principales. Rays señaló que la caña necesita disponibilidad hídrica y temperaturas elevadas para alcanzar un desarrollo adecuado, por lo que una sequía intensa durante el verano puede retrasar el ciclo y obligar a postergar el corte. En esos casos, la falta de crecimiento suficiente puede hacer que la caña deba permanecer en el lote hasta el siguiente año productivo.

Olivera también ubicó al clima entre las principales variables que definen el volumen final de producción. “Todo depende del clima”, sostuvo, al explicar que una sequía registrada al comienzo de la campaña demoró el desarrollo y redujo la producción obtenida durante este año. En su caso, el establecimiento produce aproximadamente entre 15.000 y 20.000 kilos de azúcar rubio por año, aunque el volumen puede variar de acuerdo con las condiciones ambientales y la respuesta del cultivo.

Las heladas constituyen otro factor que requiere ajustar el manejo. Rays explicó que en su chacra las bajas temperaturas no representan un problema frecuente, por lo que puede mantener caña verde durante todo el año. En sectores bajos y más expuestos a las heladas, en cambio, el productor debe anticipar la cosecha para evitar que el frío afecte el cultivo y comprometa el rendimiento.

Del cultivo a los productos: transformar para mejorar la salida comercial

El recorrido de la caña no termina con el corte. En las chacras de estos productores, la materia prima se transforma y da lugar a distintos alimentos y productos, una estrategia que permite incorporar valor antes de llegar al mercado. Rays procesa la caña obtenida en sus tres hectáreas para elaborar azúcar mascavo, mientras que Olivera trabaja con azúcar rubio y también obtiene rapadura y miel de caña.

Olivera destaca justamente la versatilidad del cultivo como una de sus principales ventajas. “La caña de azúcar es una planta muy generosa porque podemos hacer muchos productos”, señaló, al enumerar las distintas alternativas de transformación y mencionar también como una incorporación reciente el uso del alambique para elaborar cachaça. La diversificación permite ampliar las posibilidades comerciales de una producción que, por su escala, difícilmente pueda competir solamente por volumen.

En el caso de Rays, una carga completa de caña puede transformarse aproximadamente en 500 o 600 kilos de azúcar, mientras que una materia prima de muy buena calidad puede alcanzar unos 700 kilos. La familia trabaja con volúmenes reducidos y procesa la caña de manera escalonada, con cosechas semanales que luego son llevadas a transformación.

Esa producción se integra además con una característica habitual de las chacras familiares de la zona: la diversificación. Olivera explicó que, además de la caña, trabaja con ganadería y que otros productores combinan esta actividad con yerba mate y tabaco. “Somos pequeños productores y se caracteriza en la zona que todos los productores por ahí diversifican”, describió, en referencia a una estrategia que permite distribuir el trabajo y los ingresos entre diferentes actividades a lo largo del año.

En este esquema, la Cooperativa Mas Pura adquirió un papel central. Tanto Rays como Olivera remarcaron que la organización modificó las condiciones de comercialización al ofrecer una vía conjunta para colocar la producción y contribuir a mejorar el precio recibido por las familias.

Rays explicó que, antes de la consolidación de la cooperativa, los productores también contaban con intermediarios que compraban el azúcar, pero que la organización permitió fortalecer su posición comercial. “La cooperativa hoy nos ayuda mucho a regular el precio”, afirmó, y agregó que la posibilidad de concentrar la comercialización permitió elevar el valor recibido por el producto, que actualmente consta de 2300 pesos el kilo.

Olivera coincidió y destacó que el funcionamiento de la cooperativa fue resultado del trabajo conjunto entre productores y los distintos niveles de gobierno. Según relató, su puesta en marcha permitió avanzar “de menor a mayor” y generar un beneficio directo para quienes producen, especialmente a través de una mejora en el precio y una mayor capacidad para ordenar la comercialización.

Para los pequeños productores, el cambio no se limita entonces a contar con un nuevo canal de venta. La organización cooperativa aparece como una herramienta para fortalecer el agregado de valor que se realiza en las propias chacras y mejorar la capacidad de negociación frente al mercado. “Poder regular por ahí el mercado con un mejor precio, la verdad que la función de la cooperativa nos vino muy bien”, resumió Olivera.

Con la caña como materia prima, las familias de Mojón Grande construyen así una cadena productiva que combina cultivo, manejo, cosecha y transformación. El desafío no está solamente en lograr que la planta alcance un buen desarrollo, sino también en convertir ese volumen en productos con mayor valor comercial y encontrar mecanismos colectivos que permitan que ese valor regrese al productor.

Mojón Grande, Misiones, celebró la 5ta Fiesta Provincial del Azúcar Mascabo. 🍬 El evento destacó la producción local, clave para la región, con gran participación.@passalacquaokhttps://t.co/CIgFk3v1vM#Azucar #Misiones #Produccion pic.twitter.com/gmc9ggBOMm— misionesonline.net (@misionesonline) August 2, 2026

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