INTA Cerro Azul impulsa el manejo de la rosella como alternativa para productores misioneros

Una planta de rápido crecimiento, de más de dos metros de altura en condiciones favorables, puede convertirse en una alternativa para diversificar la producción misionera. Se trata de la rosella (Hibiscus sabdariffa L.), una especie de la familia de las malváceas cuyo principal producto comercial son los cálices carnosos de intenso color rojo.

La Ing. Agr. Maricel Bálsamo, investigadora de la Estación Experimental Agropecuaria de INTA Cerro Azul, elaboró una cartilla técnica que reúne información y recomendaciones para el manejo agronómico de esta especie en las condiciones de Misiones.

La mayor parte de la bibliografía ubica el origen de la rosella en África tropical, desde donde se difundió hacia Asia y posteriormente hacia América. Actualmente, se cultiva en regiones tropicales y subtropicales del mundo y, en Argentina, encuentra condiciones favorables principalmente en las provincias del noreste.

En Misiones, su producción se realiza fundamentalmente a partir de semillas conservadas e intercambiadas entre productores familiares. Esta situación generó poblaciones con variabilidad en características como el porte de las plantas, la pigmentación, el tamaño de los cálices y el momento de floración, aunque todavía no existe una caracterización varietal definida del material utilizado en la provincia.

Un cultivo con múltiples usos

El interés por la rosella está asociado principalmente a sus cálices, que pueden utilizarse para elaborar infusiones, bebidas, jarabes, mermeladas, jaleas, salsas, concentrados y colorantes naturales. También, pueden formar parte de mezclas de té y yerba mate compuesta, aportando color, sabor característico y compuestos bioactivos.

Los cálices concentran antocianinas, flavonoides, compuestos fenólicos y ácidos orgánicos. Las antocianinas son responsables de su característica coloración roja, mientras que los ácidos orgánicos contribuyen al sabor ácido propio de las infusiones y bebidas elaboradas con la especie.

La diversidad de usos de la rosella también se vincula con su aptitud para la elaboración de distintos productos ya que la rosella forma parte del Código Alimentario Argentino.

Manejo: la fecha de siembra es clave

Las condiciones climáticas de Misiones resultan favorables para el desarrollo de la especie, aunque existen aspectos del manejo que pueden definir su rendimiento. Uno de ellos es la fecha de implantación.

La rosella es una especie de día corto: comienza a florecer cuando los días empiezan a acortarse, después del 21 de diciembre. Por eso, la fecha de siembra determina el período disponible para el crecimiento vegetativo antes de la floración y puede incidir directamente sobre la producción de cálices.

La implantación puede realizarse mediante siembra directa o a través de almácigos para luego trasplantar. Antes de sembrar, se recomienda mantener las semillas en agua durante 24 horas para favorecer una germinación más rápida y uniforme. En los materiales evaluados en Misiones se obtuvieron porcentajes de germinación cercanos al 85%.

Para el cultivo se recomienda un marco de 1 metro entre hileras y 0,80 metros entre plantas, equivalente a unas 12.500 plantas por hectárea. Además, debe ubicarse a plena exposición solar, ya que el sombreado reduce el crecimiento y puede disminuir la producción de cálices. La siembra o el trasplante deben realizarse durante la primavera, una vez superado el riesgo de heladas.

El manejo comienza también por el suelo. La recomendación es realizar previamente un análisis que permita conocer la disponibilidad de nutrientes y definir la fertilización. El terreno debe contar con buen drenaje y evitar sectores donde pueda acumularse agua.

Durante los primeros 50 días, el control de malezas es especialmente importante porque las plantas todavía compiten por agua, luz y nutrientes. Posteriormente, el rápido crecimiento de la rosella genera una cobertura vegetal que reduce naturalmente esa competencia. El uso de mulch, compost y abonos verdes puede contribuir además a conservar la humedad y mejorar las condiciones del suelo.

Cosecha y secado

La cosecha se realiza de manera escalonada porque los cálices no maduran todos al mismo tiempo. La recolección debe efectuarse cuando alcanzan el tamaño, coloración y textura adecuados, antes de que comiencen a deshidratarse.

En las condiciones evaluadas por INTA en Misiones se obtuvieron entre 1,5 y 2 kilos de cálices frescos por planta. Para obtener un kilo de cálices secos se requieren aproximadamente cinco kilos de producto fresco, aunque esta relación puede variar según el momento de cosecha y las condiciones de secado. El producto terminado no debería superar el 9% de humedad.

Últimas Noticias

- Advertisement -Newspaper WordPress Theme

Lo Último