El Niño | “Lo que está pasando este año te lleva a pensar a cambiar de rubro, dejar la chacra… No sé”: horticultores deben tirar producción por la pudrición de los cultivos

Las lluvias frecuentes y la humedad persistente provocan pérdidas de lechuga, cebollita y perejil en la cuenca hortícola de Gobernador Roca. Tras los temporales que destruyeron invernaderos, los productores enfrentan nuevas dificultades para sostener los cultivos, mientras los bajos precios y el encarecimiento de los insumos complican la recuperación.

La humedad no da tregua a los horticultores de la colonia Roca Chica, en Gobernador Roca, donde las lluvias persistentes favorecen la aparición de hongos y la pudrición de las verduras. Ante el deterioro de los cultivos, los productores deben desechar parte de la producción porque ya no reúne las condiciones necesarias para comercializarse.

“Se pudre y hay que sacar todo y tirar. No nos queda de otra. No se puede vender así”, explicó Marina Cardozo, productora hortícola de la zona. En algunos casos, las pérdidas obligan a eliminar los cultivos afectados y comenzar nuevamente, con menos mercadería disponible para la venta y nuevas inversiones por delante.

La situación se suma a los daños que dejaron los temporales de los últimos meses, cuando el granizo y los fuertes vientos destruyeron techos de invernaderos y dejaron las verduras expuestas. Aunque algunas estructuras fueron reparadas, las precipitaciones frecuentes vuelven a complicar el trabajo. El agua que se acumula sobre los techos también puede provocar nuevas roturas, mientras que la humedad ambiental afecta incluso a los cultivos que permanecen bajo cubierta.

“Si ahora paró la lluvia, yo ya tendría que estar fumigando para poder sacar el producto para la otra venta. Y mañana, si llueve, tenés que volver a fumigarle porque se limpia todo el antihongo que le pusiste”, contó Cecilia Villalba, quien lleva alrededor de 15 años dedicada a la horticultura. La necesidad de repetir los tratamientos incrementa el trabajo y los costos, pero no garantiza que las verduras puedan recuperarse.

A las dificultades climáticas se suma una ecuación económica cada vez más complicada. Los productores deben afrontar gastos en fertilizantes, mudas, fungicidas, plásticos, mano de obra y mantenimiento de los invernaderos, mientras los precios de venta no acompañan esos costos. Según Cardozo, la docena de lechuga se paga entre $3.000 y $4.000, valores similares a los que reciben por otros productos, como la cebollita y el perejil, con variaciones según el comprador.

“Nuestras producciones valen muy poco y las mudas, los remedios, todo está demasiado caro”, señaló Cardozo. En este escenario, reconstruir un invernadero dañado representa otra inversión difícil de afrontar, especialmente cuando las pérdidas anteriores todavía no pudieron recuperarse.

Para Andrea Gómez, productora de la familia Teminski, la combinación de las condiciones climáticas adversas y los bajos valores de venta amenaza la continuidad de la actividad. “Si tenemos cosas contrarias como el clima y la baja producción que nos da a nosotros, no vamos a tener rentabilidad y va a costar sostenernos como productor”, advirtió. A esto se suma la caída del consumo, que dificulta la comercialización incluso cuando logran obtener verduras en condiciones de llegar al mercado.

En la colonia Roca Chica, las productoras coinciden en que este es el peor año que les toca atravesar. Villalba, que lleva alrededor de 15 años dedicada a la actividad, aseguró que en otras oportunidades también enfrentaron temporales fuertes, pero lograban recuperarse antes de que llegaran nuevos daños. “Este año sin duda es el peor. Hemos tenido así estos temporales feos, pero siempre salimos adelante, pero ahora ni te recuperás de uno y ya está el otro temporal de nuevo”, sostuvo.

Gómez también describió un escenario complicado por las condiciones climáticas y la caída del consumo. En su caso, la preocupación pasa por la falta de rentabilidad y las dificultades para sostener los gastos de producción. “Tiene que hacer malabarismo para mantener. En este tema, si no sabés llevarte, te fundís. Te vas a pique”, expresó al referirse al esfuerzo que deben hacer los horticultores para continuar trabajando.

Ante la sucesión de daños, Villalba reconoció que incluso considera abandonar la actividad. “Lo que está pasando este año te lleva a pensar a cambiar de rubro de trabajo, dejar la chacra… No sé”, manifestó. Después de años de esfuerzo, dejar la horticultura aparece como una posibilidad, aunque empezar de nuevo fuera de la chacra también implica costos y dificultades. Mientras tanto, cada nueva lluvia vuelve a poner en riesgo los cultivos y profundiza la incertidumbre de las familias que dependen de la producción.

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