La cadena tealera misionera atraviesa un escenario complejo, atravesado por factores que exceden al propio sector. A pesar de mantenerse unida y con una estructura productiva consolidada a lo largo de los años, hoy enfrenta dificultades vinculadas al contexto internacional y, principalmente, a variables económicas internas.
Según explicó Eduardo Golfart, socio propietario de Valmitran, el sector logró sostenerse gracias al trabajo conjunto entre productores, industrias y proveedores, evitando crisis internas que en otros momentos pusieron en riesgo su continuidad. Sin embargo, advirtió que la coyuntura actual “no solo no acompaña, sino que nos está espantando”, en referencia a la pérdida de competitividad generada por el tipo de cambio y la inflación en dólares.
En ese marco, uno de los puntos más críticos que hoy impacta directamente en la operatoria de las empresas es el retraso en la devolución del IVA a exportadores. En el caso de firmas como Valmitran, que destinan el 100% de su producción al mercado externo, este impuesto no debería representar un costo, ya que luego es reintegrado por el Estado.
No obstante, en la práctica, ese mecanismo presenta fuertes demoras. “Tenemos partidas de marzo de 2024 que todavía no nos devolvieron, y otras desde agosto del año pasado que siguen pendientes”, señaló Golfart. El problema no es menor: se trata del 21% del valor de todos los insumos y servicios que adquiere la empresa.
Este retraso genera un impacto financiero directo sobre la actividad, al inmovilizar capital de trabajo en un contexto donde los márgenes ya se encuentran ajustados. “Es un agujero importante”, resumió el empresario, al explicar que ese dinero resulta clave para sostener la operatoria diaria.
A este escenario se suma una creciente presión desde el mercado internacional. Golfart advirtió que existe una sobreoferta global de té y una competencia cada vez más agresiva por parte de países productores que cuentan con estructuras de costos más bajas o esquemas de subsidios. “Hay países con los que competimos que están subsidiando claramente sus producciones, y en nuestro caso es todo lo contrario”, explicó.
Uno de los ejemplos más concretos es el de Kenia, uno de los principales jugadores del mercado mundial, que incluso manifestó abiertamente su intención de desplazar al té argentino en determinados destinos. “Vinieron a decirlo directamente en una convención internacional: que querían desplazar al té argentino”, relató, al tiempo que remarcó el nivel de competencia que enfrenta el sector.
En este contexto, la industria local, pese a su alto nivel de eficiencia y desarrollo tecnológico, pierde competitividad frente a estos escenarios. La combinación de precios internacionales, costos internos elevados y un tipo de cambio poco favorable configura un panorama complejo para una actividad que depende casi exclusivamente de la exportación.
La situación se vuelve aún más delicada si se considera que el sector ya enfrenta dificultades por la caída de competitividad internacional y la falta de previsibilidad cambiaria. En ese escenario, la demora en la devolución del IVA se suma como un factor adicional de presión sobre una cadena que, si bien se mantiene en pie, opera en condiciones cada vez más exigentes.
La desregulación del mercado yerbatero profundizó la crisis de los pequeños productores, quienes enfrentan precios por debajo de la línea de subsistencia. En la zona de Aristóbulo del Valle, la situación es crítica, con ofertas que alcanzan los 100 pesos por kilo de hoja verde.… pic.twitter.com/icdgWZOvoK
— misionesonline.net (@misionesonline) April 16, 2026



