El propietario del secadero Agroindustrial Itatí SRL, de la localidad de Guaraní, explicó cómo la combinación de desplome de precios, plazos de pago cada vez más largos y tasas bancarias extremas, llevó a muchos secaderos a una situación límite. Detalló como muchos establecimientos de la zona, entregaron cheques a productores y proveedores que luego no pudieron hacerse efectivos y advirtió que la crisis atraviesa a toda la cadena productiva.
La crisis que atraviesa el sector yerbatero golpea con fuerza a los secaderos, uno de los eslabones de la cadena productiva. La falta de rentabilidad, el derrumbe de los precios y el encarecimiento extremo del crédito generaron un escenario de fuerte deterioro financiero que, en muchos casos, derivó en la entrega de cheques que luego no pudieron ser cubiertos. Así lo explicó Dante Lewtak, propietario del secadero Agroindustrial Itatí SRL, ubicado en la localidad de Guaraní.
Al repasar la evolución del negocio desde 2023, Lewtak sostuvo que el quiebre comenzó a hacerse evidente durante 2024. “En el 2024 veníamos vendiendo la yerba 30, 60, 90 días de plazo, a 1400 pesos. Hasta abril, mayo. De ahí empezó a bajar en base a 100, 150 pesos por kilo por mes y a alargarse 60 días más los plazos”, relató.
Ese proceso dejó a los secaderos con mercadería comprada a valores altos y sin posibilidad de trasladar esos costos al precio final. “Cuando llegamos a septiembre estábamos vendiendo a seis meses a 950 pesos, con los depósitos llenos de mercadería cara, que ya habíamos pagado la hoja verde a 350 pesos, 400 pesos”, explicó. A esa situación se sumó la necesidad de financiar la cosecha con créditos bancarios. “Con promesas de compra, con una política de intereses altísimas. Intereses del banco para financiarnos para poder levantar la cosecha. Bueno, eso fue el final del 2024, que terminamos medio destruidos”, afirmó.
El inicio de 2025 tampoco trajo alivio. Según detalló, el año comenzó con precios bajos y plazos que inicialmente parecían manejables, pero que rápidamente volvieron a extenderse. “Arrancamos el 2025 con un precio de 920 pesos la canchada, con plazo de pago 30, 60, 90 días. Precio bajo, plazo corto. A medida que iba levantando la cosecha nos fueron estirando los plazos y mermando las compras, con la promesa de que no iban a recibir el producto”, indicó.
Para sostener la actividad, los secaderos continuaron recurriendo al financiamiento bancario, en un contexto que se volvió insostenible. “Seguíamos financiándonos con los bancos a una tasa del 25, del 30% los primeros meses, abril, mayo. Cuando llegamos a agosto, septiembre, el Macro se fue a una tasa del 240%, en Galicia 180%, la tasa de descubierto, venta de valores”, detalló.
Mientras tanto, la mercadería quedaba inmovilizada en los depósitos. “Nos quedamos con la yerba canchada, sin poder entregar y en baja. Llegamos a vender algo a 850 pesos, hasta seis meses. Y la yerba que no entregamos, por ahí hay yerba que elaboré en julio y todavía la tengo en el depósito; hoy la entrego a seis meses, ya casi saliendo el año”, explicó.
Lewtak apuntó directamente contra la política económica nacional por el impacto sobre el sector. “La política económica del país, de este Presidente, de esta gestión nacional, realmente nos mató al secadero, mató al productor, y calculo que también le habrá matado al molinero, porque la misma lo tocó a ellos”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que la crisis no beneficia a ningún eslabón, ni siquiera con la baja de precios en góndola. “No creas que si baja la yerba en góndola, gana el molinero. También pierde, porque él también tiene yerba, tiene yerba verde, no salva ni el costo”, afirmó. “La crisis del sector es fatal para toda la cadena productiva”, agregó.
Respecto a los cheques que no pudieron hacerse efectivos, el empresario explicó que se trata de una consecuencia directa del ahogo financiero. “Arrancamos este año desfinanciados, con nada de stock. Los stocks que tenemos se deben a algunos productores o a gente que espera cobrar más adelante. Eso nos llevó a que caigan las cuentas corrientes y que nos endeudemos con los bancos”, reconoció.
Aun así, aseguró que los secaderos intentan priorizar al productor. “Nosotros tratamos de, por lo menos al productor, cambiarle los cheques por lo poco que fuimos vendiendo, canjearle por otro”, explicó. Sin embargo, no ocultó la gravedad del panorama: “Estamos en una situación crítica de quiebra. Todo el sector productivo”.
El cuadro se agrava con el aumento sostenido de los costos. “El combustible pasó de 300 pesos a fines del 2023 a 2000 pesos hoy, comprando a plazo. El flete subió, los costos subieron, la mano de obra subió, la luz tuvo un aumento cercano al 500% desde diciembre del 2023, y nuestra rentabilidad bajó un 200%”, enumeró.
Para Lewtak, el resultado es contundente. “No hay forma de trabajar. Hoy el que trabaja en este país camina a fundirse. Acá es más fácil ir a pedir un plan o una asignación universal por hijo que producir”, afirmó.
Finalmente, advirtió sobre un problema adicional que ya impacta en la actividad. “Este año tenemos la agravante de que se nos están yendo todos los tareferos, no sabemos cómo vamos a levantar la cosecha”, alertó. Y cerró con una advertencia que trasciende a la yerba mate: “Si no hay un cambio, un giro drástico en la política económica yerbatera, va a ser un año complicadísimo. Y eso tanto para la yerba como para la madera y el té”.
Yerba mate: el cierre del 2025 marcó un crecimiento del 7,3%, con récord histórico en exportaciones y un mercado interno en franca recuperaciónhttps://t.co/JgfarCjIln
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