Arranca o no arranca: con incertidumbre en el sector, llega la fecha de inicio de la cosecha gruesa de yerba mate

El 1° de abril marca el inicio histórico de la cosecha gruesa de yerba mate, pero este año una vez más encuentra al sector atravesado por precios deprimidos, costos elevados y un INYM sin herramientas para ordenar el mercado.

Como cada año, el 1° de abril marca el inicio de la cosecha gruesa de yerba mate, el período central del calendario productivo. La fecha responde tanto a una organización histórica de la actividad como a los tiempos biológicos del cultivo: tras el verano, la planta se encuentra en condiciones óptimas para la recolección sin comprometer su rebrote ni su rendimiento futuro.

Sin embargo, la zafra 2026 no arranca como una más. El sector llega atravesado por una combinación de factores que tensionan toda la cadena: precios deprimidos, costos en alza, problemas en los pagos y la ausencia de un valor de referencia que ordene el mercado.

Hoy, la ecuación productiva aparece desbalanceada. Mientras los costos de producción superan los $400 por kilo de hoja verde, los valores que se pagan en muchos casos oscilan entre los $200 y $300. La brecha impacta directamente en la rentabilidad y deja a muchos productores trabajando por debajo de sus costos.

escalas salariales

En este contexto, el rol del Instituto Nacional de la Yerba Mate vuelve a quedar en el centro del debate. Durante años, el organismo funcionó como ordenador del mercado al fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada. Pero tras los cambios regulatorios recientes, perdió esa capacidad clave y hoy no logra establecer siquiera valores orientativos.

La última señal en ese sentido se dio en la antesala del inicio de la zafra, cuando el directorio del Instituto rechazó avanzar con un precio de referencia. La propuesta, impulsada desde Misiones, buscaba generar una “pizarra” de valores que sirviera como guía para las operaciones. Sin embargo, un dictamen legal consideró que incluso ese mecanismo podría interferir en la dinámica del mercado, dejando sin efecto la iniciativa.

abrazo simbólico al INYM

Ante este escenario, desde la provincia se vienen impulsando distintas iniciativas para contener la situación, desde programas de asistencia hasta acciones orientadas a fortalecer la producción y la comercialización. Sin embargo, se trata de herramientas de alcance limitado frente a una dinámica de mercado que hoy se impone en toda la cadena.

Uno de los síntomas más visibles de la crisis es la fragilidad en los pagos. En distintos puntos de la provincia comenzaron a registrarse cheques rechazados, lo que evidencia una ruptura en la cadena de cobros. En algunos casos, los productores entregan su materia prima y enfrentan demoras o directamente la imposibilidad de cobrar, lo que agrava aún más la situación financiera del sector.

Este escenario impacta de lleno en el inicio de la cosecha. En distintas zonas productoras, algunos sectores advierten que no están dadas las condiciones para salir a cosechar y evalúan medidas de fuerza, incluyendo la posibilidad de no iniciar la zafra. El argumento es claro: con los valores actuales y la incertidumbre en los pagos, producir implica asumir pérdidas.

Sin embargo, la situación no es uniforme. Mientras algunos productores plantean frenar la actividad como forma de presión para mejorar los precios, otros se ven obligados a iniciar la cosecha igualmente, empujados por la necesidad de generar ingresos inmediatos. La tensión expone un sector fragmentado, donde las decisiones productivas quedan atravesadas por urgencias económicas.

 Sin un precio de referencia, con costos en alza, con dificultades en la cadena de pagos y con un mercado que presiona a la baja, el desafío no pasa únicamente por levantar la hoja verde, sino por sostener la actividad en un contexto cada vez más exigente.

Últimas Noticias

- Advertisement -Newspaper WordPress Theme

Lo Último