“Hay que hacer las cosas con ganas”: la cosecha de pescado que mantiene viva una tradición de Semana Santa y del trabajo colaborativo

Cada año, en estas fechas, un estanque se transforma en punto de encuentro. Vecinos, trabajo compartido y producción artesanal se combinan en una práctica que une fe, esfuerzo y comunidad.

En cada Semana Santa, cuando el consumo de pescado crece y las tradiciones vuelven a tomar protagonismo, en la chacra de Antonio Dutczyn ocurre algo más que una simple extracción: se vive una verdadera cosecha. No es casual la palabra. Detrás hay tiempo, dedicación y una forma de trabajo que se construyó durante años.

“Nosotros ya estamos con las cosechas de pescado una vez por año, todas las semanas santas siempre”, cuenta Antonio, que lleva más de una década criando peces en estanques. Pero lo suyo no es producción en serie. Es, como él mismo lo define, un trabajo “más casero”, donde cada detalle importa: desde la alimentación diaria hasta el tiempo de crecimiento. “Antes de los tres años no cosechamos, porque no resulta ni para el comprador ni para nosotros”, explica.

En su campo, la lógica es clara: menos cantidad, pero mejor calidad. Carpas y pacúes se crían con paciencia, con alimentos balanceados y también con maíz molido, respetando las características de cada especie. El resultado, asegura, es un producto que la gente ya conoce y busca. “El que compra no se arrepiente”, dice, mientras describe formas simples y tradicionales de prepararlo: a la parrilla, con limón, sal y, para los más gustosos, tomate y queso derretido.

Pero la cosecha no se hace en soledad. Al contrario, se convierte en un evento comunitario. Desde temprano, vecinos de distintas localidades llegan para ayudar a tirar las redes, un trabajo que requiere fuerza y coordinación. “Hay gente que viene de Tres Capones, de Azara, de Concepción, de todos lados”, relata. Muchos se repiten año tras año, atraídos no solo por la tarea, sino también por el ambiente: un almuerzo compartido, la retribución simbólica y el reconocimiento al esfuerzo.

La escena tiene algo de ritual. Niños que observan curiosos, adultos que organizan cada movimiento, manos que saben cómo abrir un pescado con precisión. “Hay una señora que trabaja más que cualquiera en la limpieza del pescado, eso es impagable”, destaca Antonio, poniendo en valor el saber y la experiencia.

El trabajo, sin embargo, no termina ahí. Mantener los estanques implica cuidado constante: desde vigilar posibles depredadores durante la noche hasta proteger a los peces más pequeños. “Hay que levantarse a cualquier hora si hace falta”, cuenta. Es un compromiso que no se apaga nunca.

En este contexto, el precio también busca ser accesible. Durante la cosecha, el kilo se vende alrededor de los 10 mil pesos, con ejemplares de distintos tamaños que pueden llegar a los siete u ocho kilos. “Tratamos de que sea un precio razonable, más que nada para recuperar los gastos”, explica, dejando en claro que el objetivo no es maximizar ganancias, sino sostener la actividad.

La historia de Antonio está profundamente ligada al campo. Además de los peces, trabaja con ganado y cultiva yerba mate, apostando siempre a un modelo basado en el uso de abonos orgánicos y el aprovechamiento integral de los recursos. “Más vale tener menos, pero calidad”, resume, como una filosofía que atraviesa todo lo que hace.

Y en esa frase, quizás, se condensa el espíritu de esta tradición. Porque la cosecha de pescado en Semana Santa no es solo una respuesta a la demanda de la fecha. Es también una forma de vivir y trabajar, donde la dedicación, el compromiso y el encuentro con otros siguen siendo lo más importante.

Impulso productivo y turístico: el pescado de cultivo busca consolidarse más allá de Semana Santa

La intendenta de Apóstoles, María Eugenia Safrán, destacó que la cosecha de pescado se convirtió en un atractivo clave durante Semana Santa, convocando a visitantes de distintos puntos de la región. “Es algo novedoso, que no se ve todos los días, y que además permite mostrar una parte muy importante del perfil productivo de la zona”, señaló, poniendo en valor la apertura de los productores para compartir su trabajo con la comunidad.

En ese sentido, remarcó que esta actividad no solo tiene impacto turístico, sino que también forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer la producción local. Según explicó, actualmente existen cerca de 30 productores que desarrollan la piscicultura en la región, consolidando una cuenca que se viene impulsando desde el inicio de su gestión como una alternativa económica frente a otras actividades tradicionales.

Uno de los avances más importantes, indicó, es la instalación de una sala de faena fija en Apóstoles, que permitirá dar un salto en la comercialización. “El objetivo es generar volumen y que el pescado no sea solo algo de Semana Santa, sino que esté disponible todo el año”, afirmó. Esta infraestructura busca acompañar el crecimiento del sector y garantizar una oferta constante en ferias y puntos de venta locales.

Además, Safrán adelantó que se trabaja en la inauguración oficial del espacio, prevista para las próximas semanas, y en la consolidación de iniciativas como la Fiesta del Pescado de Cultivo. “La idea es visibilizar el trabajo que se viene haciendo en las chacras y seguir fomentando el consumo, posicionando al pescado misionero como un producto propio y de calidad”, concluyó.

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