Invierno, el momento ideal para la poda: recomendaciones para proteger los frutales de las lluvias

La poda correcta, el sellado de heridas, la fertilización y los tratamientos preventivos conforman una secuencia de manejo que ayuda a reducir enfermedades y mejorar la producción de cítricos, paltas, mangos y otros frutales.

Con las bajas temperaturas propias del invierno, comienza una de las tareas más importantes para quienes producen frutas o tienen árboles frutales en sus chacras y hogares. La poda no solo permite ordenar el crecimiento de las plantas, sino que también mejora la producción, favorece el ingreso de luz y ayuda a prevenir enfermedades que pueden agravarse con la llegada de un período de lluvias intensas como el que anticipan los pronósticos asociados al fenómeno El Niño. Sin embargo, para que la práctica resulte efectiva debe realizarse en el momento adecuado y siguiendo una serie de recomendaciones técnicas.

El ingeniero agrónomo especialista en frutales, Luis Acuña, explicó que prácticamente todos los árboles frutales leñosos requieren una poda anual durante el invierno. “Todos los cítricos, las paltas, los mangos, los duraznos, las ciruelas, las manzanas y las peras necesitan esta práctica. En la época donde las temperaturas son más bajas es cuando resulta más recomendable hacerla”, señaló, al indicar que el reposo vegetativo favorece una mejor recuperación de la planta.

La finalidad de la poda va mucho más allá de dar forma al árbol. Según explicó el especialista, el objetivo es mantener un equilibrio entre el tronco, las ramas, las hojas y la futura producción de flores y frutos. Cuando ese balance se logra, el árbol aprovecha mejor la energía disponible y responde con una mayor productividad.

“Una planta que nunca fue podada termina formando una copa muy cerrada y la fruta aparece solamente en la periferia. En cambio, cuando la luz logra ingresar hasta el centro del árbol, aparecen nuevos brotes en todo el interior y eso se traduce en una mayor cantidad de lugares donde producir frutos”, sostuvo Acuña, quien remarcó que una copa bien aireada también facilita el manejo sanitario.

El especialista explicó que no todas las especies se podan de la misma manera. En duraznos, ciruelas, manzanos y perales suele combinarse el rebaje —que consiste en acortar una rama— con el raleo, que elimina la rama completa desde su nacimiento. En cambio, en cítricos, mangos y paltas recomienda realizar únicamente raleos de ramas viejas, enfermas, mal orientadas o que generan demasiada sombra dentro de la copa.

La importancia de podar en el momento justo

Tan importante como saber qué rama cortar es elegir correctamente el momento para hacerlo. Acuña insistió en que nunca debe podarse un árbol mojado o inmediatamente después de una lluvia, ya que cada corte representa una puerta de ingreso para hongos y bacterias.

“Si hoy llovió, no hay que podar. Lo ideal es esperar a que salga el sol y el árbol esté completamente seco”, explicó. Además, recomendó trabajar siempre con tijeras o serruchos bien afilados y previamente desinfectados con alcohol al 70% u otro desinfectante para disminuir el riesgo de transmitir enfermedades entre plantas.

Una vez realizada la poda, el siguiente paso resulta indispensable: sellar cada herida con pintura al látex aplicada con pincel. De esa manera se protege el tejido expuesto hasta que el árbol forme naturalmente la cicatriz que cerrará el corte.

El ingeniero también advirtió sobre uno de los errores más comunes en cítricos. Muchas veces se acortan ramas largas dejando un tramo importante de madera, cuando en realidad esas ramas deberían eliminarse completamente desde su inserción. “Si uno deja un pedazo de rama, con el tiempo toda esa parte termina pudriéndose porque no tiene capacidad de cicatrizar. Por eso el raleo siempre debe hacerse al ras”, explicó.

Cuatro pasos para enfrentar un período con más humedad

La poda constituye apenas el primer eslabón de una estrategia más amplia de manejo sanitario. Frente a la posibilidad de un ciclo con abundantes precipitaciones, Acuña recomienda seguir una secuencia de cuidados destinada a fortalecer la planta y reducir la aparición de enfermedades.

El primer paso consiste en podar correctamente y sellar todas las heridas. El segundo es fertilizar o abonar los árboles de acuerdo con las necesidades de cada especie, preferentemente con asesoramiento técnico para determinar el tipo y la dosis más conveniente.

Posteriormente llegan las aplicaciones preventivas. Aprovechando los días secos entre lluvias, el especialista aconseja realizar tratamientos con productos como oxicloruro de cobre u otros fungicidas autorizados que ayudan a proteger los nuevos brotes frente a enfermedades favorecidas por la humedad.

“La idea es llegar preparados al período lluvioso. Cuando aparecen varios días de humedad continua, los hongos encuentran las condiciones ideales para desarrollarse y muchas veces el daño ya está hecho cuando aparecen los primeros síntomas”, explicó.

El último momento clave es la floración. Allí, dijo, el monitoreo debe intensificarse porque muchas enfermedades atacan precisamente flores y pequeños frutos recién cuajados.

Como ejemplo mencionó la antracnosis del mango, un hongo que puede provocar pérdidas prácticamente totales durante temporadas muy húmedas. “Si no se hacen aplicaciones preventivas ahora, cuando llegue la lluvia pueden caerse todas las flores y todos los frutos”, advirtió. Una situación similar puede presentarse en variedades de cítricos como la naranja de ombligo o la lima Tahití, particularmente sensibles a la caída de frutos bajo condiciones de exceso de humedad.

La mosca negra, una plaga que suele confundirse con un hongo

Durante los últimos años también aumentaron las consultas por árboles de cítricos cuyas hojas, ramas e incluso los frutos aparecen cubiertos por una película negra. Aunque muchas personas creen que se trata de un hongo, Acuña aclaró que el origen del problema suele ser otro.

El responsable es la mosca negra de los cítricos (Aleurocanthus woglumi), una plaga detectada en Argentina hace poco más de una década que hoy se encuentra ampliamente distribuida en el norte del país. El insecto se alimenta de la savia de las hojas y elimina una sustancia azucarada que queda depositada sobre la planta. Esa secreción favorece luego el crecimiento de hongos superficiales, responsables del color negro característico.

“El hongo aparece después, pero el problema comienza con la mosca. Si no se controla el insecto, el árbol vuelve a cubrirse de negro una y otra vez”, explicó el especialista.

Por ese motivo, recomendó acompañar la poda con un monitoreo permanente de los brotes nuevos y aplicar insecticidas específicos —preferentemente bioinsumos cuando sea posible— para cortar el ciclo biológico del insecto. Según indicó, no siempre el producto más costoso es el más efectivo: lo importante es elegir el adecuado y mantener la constancia en los tratamientos.

No es la misma mosca que ataca los frutos

Acuña también aclaró una confusión frecuente entre productores. La mosca negra de los cítricos no tiene relación con la mosca de la fruta, una plaga completamente distinta que deposita sus huevos dentro de los frutos y cuyo manejo incluye el uso de trampas.

“Las trampas sirven para la mosca de la fruta, pero no para la mosca negra. Son especies diferentes, tienen ciclos biológicos distintos y requieren estrategias de control distintas”, señaló.

Mientras la mosca de la fruta desarrolla sus larvas dentro del fruto hasta hacerlo caer al suelo para completar allí su ciclo, la mosca negra permanece principalmente en el envés de las hojas, donde coloca sus huevos y da origen a nuevas generaciones que continúan alimentándose de la savia.

Con una poda realizada en el momento oportuno, herramientas desinfectadas, heridas correctamente selladas, fertilización adecuada y un manejo preventivo frente a enfermedades y plagas, los frutales llegan en mejores condiciones a la primavera. En un año donde las lluvias volverán a ser protagonistas, anticiparse con estas prácticas puede marcar la diferencia entre una cosecha abundante y árboles afectados por enfermedades que luego resultan mucho más difíciles de controlar.

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