La búsqueda de alternativas productivas de alto valor comercial y la necesidad de superar barreras sanitarias históricas en el suelo del nordeste argentino han llevado al desarrollo de nuevos modelos de cultivo. El Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas de San Vicente, organismo dependiente de Biofábrica Misiones, se encuentra liderando el desarrollo y validación de un sistema intensivo de producción de tomate cherry bajo cubierta. Este esquema tecnológico incorpora la utilización de plantas injertadas, sistemas de fertirrigación y riego por goteo con el propósito fundamental de generar información técnica precisa para que los productores locales puedan adoptar el cultivo de manera segura y eficiente.
El ensayo agronómico se despliega actualmente sobre una superficie total de 672 metros cuadrados, la cual está distribuida de manera uniforme en cuatro invernaderos donde se cultiva un híbrido de alto potencial genético. El manejo agronómico diseñado para este módulo contempla la conducción de las plantas a tres copas, proyectando un rendimiento físico que oscila entre los 3 y 5 kilogramos por copa. Bajo este esquema de conducción, los técnicos estiman alcanzar una productividad situada entre los 7,5 y 12,4 kilogramos por metro cuadrado. Asimismo, el modelo técnico prevé una ventana de cosecha extendida de hasta ocho meses, garantizando la obtención de frutos uniformes que cumplan con los estándares de calidad que demandan los mercados de consumo fresco.
Tecnología de injertos para superar la marchitez bacteriana
La implementación de estas tecnologías responde a un diagnóstico complejo sobre la situación del cultivo en la región. En diálogo con LT 17 Radio Provincia de Misiones, la subsecretaria de Desarrollo y Producción Vegetal de la provincia, Luciana Imbrogno, detalló que esta propuesta se inscribe dentro de un programa de diversificación productiva originalmente destinado a los productores tabacaleros. Al día de hoy, el programa ya cuenta con un total de 55 productores formalmente incorporados al esquema de producción de tomate bajo cubierta.
La funcionaria provincial explicó que la progresiva pérdida de superficie implantada con tomate en el territorio misionero estuvo directamente vinculada a problemas de índole fitopatológica, específicamente por la persistencia de una bacteria alojada en el suelo que desencadena la marchitez y muerte de la planta. Al respecto, Luciana Imbrogno señaló: “Los productores le agarraron miedo al tomate porque estaba esa bacteria y siempre perdían los cultivos. Entonces, todo el mundo dejó de producir”.
Para sortear este cuello de botella sanitario, la estrategia oficial se apoya en el uso de materiales injertados, una técnica que combina la rusticidad radicular con el potencial productivo aéreo. “El pie es resistente a esta bacteria, entonces vos lo metés en el suelo, lo plantás y al pie no le hace nada, pero la copa es un híbrido, una variedad resistente a enfermedades, con buena producción y buena calidad del fruto”, describió la subsecretaria de Desarrollo y Producción Vegetal, argumentando además que esta sinergia de atributos es lo que define el carácter de estos insumos: “Por eso le decimos que estos plantines son tecnológicos”.
Esquema de capacitación, logística y comercialización integrada
El éxito de la transición hacia cultivos hortícolas de alta tecnología requiere un soporte constante en territorio. Desde el Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas de San Vicente remarcan que las instalaciones no solo operan como un centro de testeo científico, sino también como un espacio demostrativo y de capacitación práctica abierto a la comunidad agrícola para que conozcan las particularidades del sistema antes de replicarlo en sus propias chacras.
En este sentido, Luciana Imbrogno enfatizó la relevancia del proceso de aprendizaje del productor en el centro de validación: “Es importante que el productor vaya a las capacitaciones, que pueda ir al Centro Hortícola a ver los cultivos, a ver los invernaderos, a copiar cómo hacemos las fertilizaciones y cómo cosechamos el agua”. La asistencia estatal no se limita al asesoramiento agronómico, sino que busca resolver la inserción de la mercadería en los canales comerciales. “Desde el centro nosotros le podemos comercializar también el producto que puedan hacer todos estos nuevos productores que salgan al mercado, para que no lo vean como una limitante”, aseguró la funcionaria.
Finalmente, para optimizar la estructura de costos y facilitar el acceso a la tecnología, se viene articulando un trabajo conjunto entre la provincia, los municipios y diversos establecimientos educativos para la puesta en marcha de plantineras municipales. Esta red descentralizada busca aproximar plantines de alta calidad biológica y sanitaria a las chacras, reduciendo sustancialmente los costos asociados al flete y la logística de distribución. Sobre la importancia estratégica de este eslabón de la cadena, Luciana Imbrogno concluyó: “Si el productor no logra buenos plantines, le conviene comprarlos en la plantinera y asegurarse que inicia bien el cultivo”. Con la recopilación de estos datos empíricos, el centro tecnológico busca consolidar un paquete tecnológico validado localmente que minimice los riesgos de inversión para los agricultores familiares.



