El arándano, un cultivo que combina suelo ácido, trabajo manual y protección contra el clima

En El Panqueque S.R.L. producen actualmente unas 7 hectáreas de arándanos en Corrientes, con un manejo que requiere condiciones específicas de suelo, protección frente al granizo y una cosecha completamente manual. El establecimiento proyecta ampliar la superficie con nuevas variedades de mayor calibre y precocidad.

El arándano es una fruta pequeña, pero detrás de cada cosecha existe un manejo específico y una importante demanda de mano de obra. En El Panqueque S.R.L., la producción se sostiene sobre tres pilares fundamentales: un suelo con la acidez necesaria, protección frente a las condiciones climáticas y una cosecha que se realiza íntegramente a mano.

Manuel Rivero, encargado de campo de la empresa, explicó que uno de los elementos fundamentales para el desarrollo del cultivo es la corteza de pino, utilizada como parte del sustrato para mantener las condiciones que necesita la planta. “Sin corteza de pino, el arándano no funciona”, señaló, al remarcar que se trata de un cultivo que requiere un suelo ácido, con valores de pH de aproximadamente 4,5 a 5.

A esta particularidad se suma un sistema de protección que cumple una doble función. Las estructuras instaladas en el establecimiento cuentan con malla antigranizo, que también es utilizada como protección frente a los pájaros, dos factores que pueden afectar directamente la fruta durante su desarrollo.

Pero si hay una característica que distingue a la producción de arándanos es la cantidad de trabajo que demanda la cosecha. Todo el proceso se realiza manualmente, desde la selección de los frutos maduros hasta su recolección, con el objetivo de preservar la calidad y presentación de la fruta. Según Rivero, se necesitan alrededor de 30 a 40 trabajadores por hectárea durante esta etapa.

El encargado de campo recordó que la falta de mano de obra llegó a convertirse en uno de los principales obstáculos para la actividad. La empresa llegó a trabajar con unas 24 hectáreas y, en los momentos de mayor producción, podía requerir entre 300 y 400 cosecheros. “Llegó el tiempo que nos ganaba la fruta porque nos faltaba personal”, explicó Rivero, en referencia a la dificultad para cosechar toda la producción en el momento adecuado.

En cuanto a los rendimientos, actualmente estiman una producción cercana a los 10.000 kilos por hectárea, tomando como referencia unas 3.000 plantas con un rendimiento promedio de aproximadamente 2,5 kilos por planta.

La cosecha también exige precisión en los tiempos. Una vez que se comienza a recolectar un lote, los trabajadores deben regresar periódicamente para retirar los frutos que alcanzaron el punto adecuado de madurez. “Vos cosechaste el lote, en cuatro días tenés que volver a repasarlo, cuatro o cinco días, si no se te pasa”, explicó Rivero.

El establecimiento trabaja actualmente con variedades como Emerald y Star, y mantiene la intención de volver a ampliar la superficie productiva. La proyección es llegar a unas 10 hectáreas, incorporando variedades más nuevas que permitan obtener frutos de mayor calibre y mejorar la oportunidad comercial.

La producción se destina actualmente al mercado interno, principalmente a destinos como Buenos Aires, Mar del Plata y Mendoza. Una vez cosechados, los arándanos pasan por el proceso de envasado y luego ingresan a cámaras de frío para su comercialización, manteniendo el producto en fresco.

Así, detrás de un fruto que llega pequeño y listo para consumir, existe un sistema productivo que combina condiciones de suelo muy particulares, protección frente al clima, seguimiento permanente de la planta y una cosecha que depende, literalmente, de muchas manos.

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