El tornado que atravesó la zona rural de San Pedro dejó una fuerte huella sobre chacras y viviendas. Galpones completamente destruidos, chapas arrancadas y desplazadas decenas de metros, maíz mojado, herramientas dañadas y familias que debieron resguardarse mientras el fenómeno golpeaba con fuerza. Solo uno de los productores damnificados estimó pérdidas de unos $15 millones en infraestructura y otros $4 o $5 millones en fertilizantes afectados por el agua.
El día después del tornado, que sucedió el viernes 11 de septiembre, encontró a los productores de la zona rural de San Pedro trabajando entre chapas, maderas, herramientas y restos de estructuras que hasta horas antes formaban parte de sus galpones. En Picada Semillera, el fenómeno provocó importantes daños materiales y obligó a las familias a concentrarse primero en recuperar lo que todavía podía rescatarse y proteger sus viviendas ante la posibilidad de nuevas lluvias.
Celso Santa Cruz, productor tabacalero de Picada Semillera, estaba trabajando en un invernáculo cuando comenzó la tormenta. Al advertir la magnitud del fenómeno corrió hacia su vivienda y desde allí pudo observar parte de lo que sucedía. Según relató, el tornado fue especialmente intenso y duró alrededor de dos minutos. “Es feo”, resumió al recordar el momento en que vio cómo la fuerza del viento atravesaba la zona.
En su chacra, uno de los galpones quedó parcialmente destruido y otro, de aproximadamente 8 por 20 metros, terminó completamente en el suelo. La estructura más grande, de unos 17,50 por 20 metros, también sufrió daños importantes, con un sector de entre 15 y 20 metros completamente derribado y una importante cantidad de chapas arrancadas por el viento.
Para Santa Cruz, el perjuicio representa mucho más que una construcción dañada. El productor explicó que el galpón es una infraestructura fundamental para el trabajo tabacalero, tanto para el desarrollo de la actividad como para el proceso posterior de secado. “Si no hay el galpón, no hay cómo hacer tabaco”, sostuvo, al dimensionar el problema que significa tener que reconstruirlo en plena actividad productiva.
El productor calculó inicialmente una pérdida cercana a los $15 millones solamente por los daños en los galpones, aunque advirtió que reconstruir la estructura podría demandar todavía más dinero debido al costo actual de la madera, las chapas y el resto de los materiales. A eso se suman entre $4 y $5 millones en fertilizantes que quedaron expuestos al agua luego de que las estructuras fueran dañadas.
En la chacra también quedaron afectados otros elementos utilizados para la producción. Una rastra terminó enterrada entre los restos de la estructura, mientras que parte del maíz almacenado quedó mojado. El tractor de un familiar sufrió algunos daños menores y otros elementos deberán ser revisados a medida que avance la limpieza del predio.



El tornado también golpeó al maíz y dejó incertidumbre sobre los cultivos
Santa Cruz tiene actualmente unas 50.000 plantas de tabaco implantadas. El año pasado había plantado unas 48.000 y obtuvo cerca de 7.000 kilos de producción, por lo que la destrucción de los galpones representa un problema que puede extenderse mucho más allá del daño material inmediato.
La situación se da además en un contexto de abundantes lluvias que ya venían generando preocupación entre los productores. Santa Cruz explicó que el exceso de agua puede afectar el desarrollo del tabaco y generar problemas especialmente durante determinadas etapas del cultivo. Uno de los fenómenos que más preocupa es el denominado “emponche”, que puede producirse cuando después de mucha lluvia aparece el sol de manera repentina y la planta se marchita.
Según explicó, cuando esto ocurre la planta puede perderse completamente. También señaló que el exceso de humedad puede repercutir en el peso final del tabaco: una planta que en condiciones normales podría alcanzar entre 100 y 150 gramos puede terminar produciendo alrededor de 50 gramos o incluso menos.
La planificación de la fertilización también se vuelve más compleja bajo estas condiciones. El productor señaló que las lluvias intensas pueden arrastrar el fertilizante si se aplica en un momento inadecuado y remarcó la importancia de incorporarlo correctamente al suelo. Contó que el año pasado había utilizado una modalidad de aplicación que le dio buenos resultados y que este año las condiciones climáticas obligan a extremar los cuidados.

Un galpón destruido y una familia refugiada bajo una carpa
En otra chacra afectada, Alberto Melding también perdió prácticamente por completo un galpón destinado a su actividad productiva. La estructura, de aproximadamente 25 por 10 metros, quedó reducida a maderas, chapas y restos que los familiares y vecinos comenzaron a retirar durante las horas posteriores al tornado.
Melnik estimó que solamente reponer el techo podría costar alrededor de $4 millones, sin contar la madera, la mano de obra, los clavos, el alambre y otros materiales necesarios para levantar nuevamente la estructura. Algunas chapas quedaron a unos 30 metros de distancia, incluso enganchadas en árboles, mientras que parte del monte de la zona quedó prácticamente arrasado.
El productor también tenía maíz almacenado que terminó mojado. Ahora intentan determinar cuánto podrá recuperarse aprovechando que las condiciones meteorológicas permitieron comenzar a secarlo. A la vez, todavía quedaban sectores de la chacra por revisar, entre ellos algunos potreros donde se encontraban los animales.
Pero el impacto no fue solamente económico. Melding contó que el tornado los encontró a él y a su esposa después de haber estado plantando tabaco, mientras sus hijas, de 4 y 10 años, se encontraban en la vivienda. Alcanzaron a regresar antes de que el fenómeno golpeara con mayor intensidad.
La familia vivió el momento con miedo y desconcierto. Mientras el viento arrancaba parte del techo de la casa, Melnik buscó una carpa que tenía en su camión para cubrir las habitaciones y evitar que el agua mojara las camas. “Uno queda en shock emocional, no sabe qué hacer”, relató al reconstruir esos minutos.
El viento también dañó la cabina de un tractor, perforó el parabrisas de un automóvil y provocó pérdidas en otros elementos de la chacra. Sin embargo, la prioridad durante las primeras horas fue proteger la vivienda y poner a salvo a la familia.



La reconstrucción empieza entre vecinos
En medio de las pérdidas, uno de los aspectos que más destacaron los productores fue la respuesta de la comunidad. En Picada Semillera, vecinos y familiares se acercaron para retirar chapas, desarmar estructuras y recuperar todo aquello que todavía podía utilizarse.
Santa Cruz contó que durante la mañana los vecinos trabajaron para ordenar las chapas y las maderas que habían quedado dispersas. La misma situación se repitió en la chacra de Melnik, donde familiares y vecinos lograron desarmar rápidamente uno de los galpones que había quedado completamente inutilizable.
Para los productores, esa ayuda resulta fundamental frente a costos de reconstrucción que difícilmente pueden afrontar de inmediato. Santa Cruz explicó que la intención es avanzar “de a poco” y que varios vecinos ya se ofrecieron para colaborar con la madera y las tareas necesarias para volver a levantar las estructuras.
El productor también prevé realizar una presentación ante la APTM por los daños provocados por el vendaval, con el objetivo de acceder al mecanismo de cobertura correspondiente para este tipo de situaciones. Según explicó, el reconocimiento contempla determinados daños vinculados al viento y la tormenta, aunque señaló que la respuesta económica no sería inmediata.
Mientras tanto, las familias damnificadas siguen trabajando entre los restos del tornado. La prioridad es recuperar lo que se pueda, proteger las viviendas, evaluar las pérdidas y sostener una producción que ya venía atravesando las dificultades propias de un escenario de lluvias abundantes.
En las chacras de San Pedro, el tornado dejó estructuras destruidas y pérdidas económicas que, para cada familia, significan mucho más que una cifra. Son herramientas de trabajo, infraestructura productiva y meses de esfuerzo que ahora deberán reconstruirse mientras el ciclo agrícola continúa.




