El jefe de la Agencia de Extensión Rural del INTA Apóstoles, Ramiro Sosa, explicó que el manejo del agua es clave para conservar los caminos terrados y garantizar el acceso a las chacras. En Misiones, un kilómetro de camino puede recibir unos 20 millones de litros de agua de lluvia al año.
Cuando se registran lluvias abundantes, los caminos rurales pueden convertirse en uno de los principales puntos de dificultad para las familias productoras. El exceso de agua favorece la erosión de las superficies y puede complicar tanto la salida de la producción como el ingreso de insumos y el acceso a las chacras.
Frente a esta situación, desde el INTA remarcan que el cuidado de los caminos debe pensarse de manera preventiva, principalmente a partir de un correcto manejo del agua. Ramiro Sosa, jefe de la Agencia de Extensión Rural (AER) del INTA Apóstoles, explicó que uno de los principales objetivos es evitar que el agua se concentre y escurra sobre la superficie del camino.
“Siempre decimos que el agua de lluvia que cae tiene que infiltrarse donde cae”, señaló Sosa. Según explicó, cuando el agua circula superficialmente puede generar erosión, arrastrar sedimentos y terminar afectando incluso a los cauces de los arroyos. En los caminos, este proceso se vuelve más complejo debido a la compactación del suelo, que dificulta la infiltración.
Por eso, desde el organismo trabajan junto a productores, municipios y otros organismos en distintas prácticas de conservación que permiten reducir el impacto de las lluvias y prolongar la vida útil de los caminos.

🚜 ¿Qué se puede hacer para cuidar los caminos rurales?
Entre las principales recomendaciones planteadas por el INTA se encuentran:
- Mantener limpias las cunetas y sangrías, para facilitar el drenaje del agua.
- Realizar lomos de base ancha, que ayudan a reducir el escurrimiento sobre la superficie del camino.
- Construir pozos de infiltración en los sectores donde no sea posible sacar el agua hacia otros puntos.
- Limpiar y mantener las alcantarillas, para evitar obstrucciones durante las lluvias.
- Mantener las veredas y banquinas macheteadas, permitiendo que ingrese más luz solar y que el camino se oree rápidamente después de las precipitaciones.
- Reforzar con entoscado los sectores que lo requieran para mejorar la transitabilidad.
- Evitar la concentración del agua sobre el camino y favorecer su infiltración en el suelo.
- Realizar las tareas de mantenimiento antes de los períodos de lluvias intensas, en lugar de esperar a que aparezcan los daños.
- Trabajar de manera articulada con los municipios y técnicos especializados, para definir las intervenciones según las características de cada camino y terreno.



Sosa explicó que estas prácticas no solamente ayudan a conservar la superficie de circulación, sino que también permiten reducir la pérdida de suelo. En ese sentido, destacó que el volumen de agua que reciben los caminos misioneros es significativo: en el sur de la provincia las precipitaciones rondan los 1.800 milímetros anuales, mientras que en la zona centro alcanzan aproximadamente los 2.000 milímetros.
De acuerdo con la estimación compartida por el especialista, ese volumen equivale a unos 20 millones de litros de agua por cada kilómetro de camino terrado al año. Por eso, sostuvo que el desafío consiste en manejar ese caudal para evitar que se transforme en escurrimiento superficial y termine deteriorando la infraestructura.
“El camino vecinal es parte de la infraestructura rural y tiene un fin social”, remarcó Sosa. La transitabilidad resulta fundamental no solo para sacar la producción, sino también para ingresar insumos y permitir el acceso de servicios y asistencia ante situaciones de emergencia, especialmente después de una tormenta.
El trabajo se desarrolla de manera articulada entre productores, técnicos del INTA, el Ministerio del Agro y los municipios, que cuentan con maquinaria para realizar distintas intervenciones. Según explicó Sosa, estas acciones también se están reforzando frente a períodos en los que se esperan precipitaciones superiores a las habituales.
“Por más que vengan estas lluvias que pueden ser mucho más abundantes de la media, conviene tener toda la infraestructura lo mejor posible para poder infiltrar esta agua y que no nos cause daño”, sostuvo.
Frente a un escenario marcado por el fenómeno de El Niño y la posibilidad de precipitaciones más abundantes, el INTA viene trabajando de manera articulada con el Ministerio del Agro y los municipios para reforzar las tareas de prevención y mantenimiento. Sosa explicó que en distintos puntos se avanza con la limpieza de sangrías, canales de drenaje, cunetas y alcantarillas, además del refuerzo de caminos que lo necesitan, mientras los equipos técnicos acompañan a productores y gobiernos locales en la planificación de las intervenciones.


Desde el INTA señalaron que productores, municipios y comisiones que necesiten asesoramiento pueden acercarse a cualquiera de las Agencias de Extensión Rural de la provincia. Desde allí, los equipos técnicos pueden evaluar cada situación y coordinar un cronograma de trabajo de acuerdo con las necesidades del camino y del territorio.



