Lo que comenzó como un hobby hace 12 o 13 años se transformó en Vivero Marga, un emprendimiento familiar ubicado entre Olegario Víctor Andrade y Cerro Azul. Hoy, Margarita Reincheki reúne una amplia variedad de cactus, suculentas y plantas ornamentales, que cultiva y comercializa con dedicación.
Dos o tres suculentas que recibió como regalo fueron suficientes para despertar una pasión que, con el paso de los años, no dejó de crecer. Así comenzó la historia de Margarita Reincheki, una viverista que convirtió su gusto por las plantas en una colección que hoy considera imposible de contabilizar y en un pequeño emprendimiento familiar: Vivero Marga.
«Yo tenía mis plantas, empecé con dos o tres suculentas que me habían regalado y de ahí empezó todo el hobby mío», recordó. Lo que inicialmente era una afición fue creciendo hasta convertirse en una actividad a la que dedica buena parte de su tiempo y que comparte con su familia desde hace aproximadamente 12 o 13 años.
Actualmente, su colección reúne cactus, suculentas, bromelias, helechos, begonias, amarilis y lirios, entre otras variedades. Cuando le preguntan cuántas especies tiene, Margarita no duda: son incontables. Es que cada viaje representa una oportunidad para incorporar alguna nueva planta, un gajito o un esqueje que amplíe todavía más su colección.
«En todo lugar que voy, voy trayendo una más a mi colección», contó. Esa curiosidad por descubrir nuevas variedades también forma parte de la identidad del vivero, donde conviven plantas que reproduce por su cuenta con otras que adquiere para comercializar.



Un emprendimiento que creció en familia
Vivero Marga nació desde abajo y con el acompañamiento de su familia. Margarita y los suyos ya se dedicaban a la producción de verduras, pero su pasión por las plantas fue ganando espacio hasta ocupar dos invernaderos: uno completo y otro parcialmente destinado al cultivo.
El vivero funciona en la zona de Olegario Víctor Andrade y Cerro Azul, con carteles de referencia sobre las rutas provinciales 3 y 4. Allí recibe a quienes quieren conocer su colección, recorrer las instalaciones y adquirir alguna de las variedades disponibles.
La actividad representa un ingreso complementario para el hogar y cuenta con el acompañamiento de su esposo y otros integrantes de la familia, que también la ayudan en las ferias y eventos donde presenta sus productos.
Aunque reconoce que las ventas atraviesan un momento más tranquilo, Margarita continúa participando de encuentros y espacios de comercialización. Las suculentas suelen ser las más buscadas por sus colores y formas, mientras que los cactus despiertan especial interés cuando llega el momento de la floración.



Tierra de monte, cuidados y mucho cariño
Detrás de cada maceta hay un trabajo que Margarita realiza con especial atención. Para preparar sus plantas utiliza tierra de monte, que primero pasa por una zaranda para obtener una textura más fina y liviana, similar a la de un sustrato.
En sus invernaderos también organiza la exposición al sol según la época del año. Durante el verano coloca media sombra para proteger las plantas, mientras que en invierno la retira para permitir que reciban más luz solar.
El riego es otro de los cuidados fundamentales. En esta época puede realizarlo entre dos y tres veces por semana, aunque evita hacerlo cuando se registran lluvias frecuentes y mucha humedad ambiental, porque el exceso de agua puede favorecer la pudrición de las plantas.
Entre los problemas que aparecen ocasionalmente mencionó la cochinilla, una plaga que requiere atención para evitar que afecte el desarrollo de los ejemplares. También señaló que algunas variedades que llegan desde otras regiones o desde Brasil presentan dificultades para adaptarse a las condiciones climáticas de Misiones. Entre ellas, mencionó a las calateas.
Sin embargo, cuando habla de sus plantas, Margarita vuelve siempre al mismo ingrediente: «Es solo tierra de monte y riego, nada más. Y mucho amor y cariño».
Esa dedicación, asegura, también se refleja en la calidad y presentación de cada ejemplar y en la confianza de quienes la eligen año tras año.


Una pasión que viene desde la infancia
El vínculo de Margarita con las plantas no comenzó con el emprendimiento. Desde niña disfrutaba de armar su propio jardín y cultivar diferentes especies. Con el tiempo, aquella afición encontró un espacio para crecer y convertirse en una actividad que hoy comparte con su familia.
Por eso, más allá de las ventas y de la cantidad de variedades que pueda reunir, su mayor satisfacción está en seguir cultivando aquello que tanto le gusta y encontrarse con personas que valoran su trabajo.
Quienes quieran conocer Vivero Marga pueden acercarse por la mañana, de 7:30 u 8 a 12, o por la tarde, de 15 o 16 a 18. Allí podrán recorrer una colección que, según su propia creadora, todavía no tiene un número definitivo: porque siempre hay lugar para una planta más.







