Un campo forestal de 2.500 hectáreas que no cosechará madera: Loma Verde apuesta a la captura de carbono

El proyecto de Cambium y Pomera Maderas, ubicado en Corrientes, contempla 1.749 hectáreas forestadas y otras 589 destinadas a conservación. Cerca del 70% de los plantines de especies nativas provino de viveros misioneros, en una experiencia que busca combinar la captura de CO₂ con la biodiversidad.

Un campo que durante años estuvo dedicado a la ganadería extensiva se convirtió en la base de un proyecto forestal que busca remover 1,9 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente durante 43 años. Se trata de Loma Verde, una iniciativa de Cambium, del grupo INSUD, desarrollada junto con Pomera Maderas en Corrientes, que combina plantaciones de rápido crecimiento, incorporación de especies nativas y áreas destinadas a la conservación.

El establecimiento tiene una superficie de alrededor de 2.500 hectáreas. De ese total, 1.749 hectáreas están destinadas a la forestación, mientras que otras 589 forman parte de las áreas de conservación, que incluyen monte nativo, humedales y espacios vinculados con la infraestructura del campo.

A diferencia de una forestación convencional orientada a la producción de madera, en Loma Verde los árboles no serán cosechados. El objetivo es que el crecimiento de la plantación permita capturar y almacenar carbono durante décadas, para luego generar créditos que puedan comercializarse en el mercado voluntario, siempre que cumplan con los procesos de certificación y verificación correspondientes.

Pablo Aquino, ingeniero forestal y responsable del proyecto de carbono, explicó que la iniciativa comenzó a desarrollarse hace más de tres años, cuando la empresa empezó a investigar las condiciones necesarias para implementar este tipo de proyectos.

“Uno de los requisitos para proyectos de carbono a partir de suelo degradado es que los campos no hayan tenido forestación en los diez años anteriores. Entonces se inició una búsqueda de nuevos predios que cumplan con esos requisitos”, señaló.

La elección de Loma Verde respondió a esas condiciones. El campo estaba dedicado íntegramente a la ganadería y no tenía forestaciones previas, por lo que permitió proyectar una intervención forestal desde cero.

Pino y eucalipto para capturar carbono, nativas para sumar biodiversidad

La estrategia de plantación combina especies de rápido crecimiento, como el pino y el eucalipto, con un conjunto de 20 especies nativas seleccionadas para diferentes sectores del establecimiento.

La decisión responde tanto a criterios productivos como ambientales. Pomera Maderas aporta su experiencia de alrededor de 20 años en el manejo forestal, especialmente en el desarrollo de pinos y eucaliptos, mientras que la incorporación de nativas busca ampliar los beneficios ecológicos del proyecto.

“Lo que trata de hacer el proyecto es un equilibrio entre maximizar la absorción de carbono y también incluir las nativas para darle un valor agregado”, explicó Aquino.

Las especies de rápido crecimiento permiten proyectar una acumulación de biomasa más veloz y, por lo tanto, iniciar antes los procesos de medición del carbono capturado. Las nativas, en cambio, crecen a ritmos diferentes, pero aportan diversidad y permiten trabajar sobre funciones vinculadas con la recuperación y conexión de ambientes naturales.

Según el responsable del proyecto, algunas de las especies nativas ya mostraron resultados que superaron las expectativas iniciales, aunque la diferencia de crecimiento respecto del eucalipto todavía es considerable.

“Las nativas recibieron el mismo tratamiento que las especies de rápido crecimiento. Eso conlleva una buena preparación de suelo, un control de malezas y un control de hormigas. Eso hizo que la nativa pueda expresar su mayor potencial de crecimiento”, indicó.

Después de más de dos años desde la plantación, el equipo observó desarrollos que calificó como sorprendentes para algunas especies. La experiencia también permite generar información sobre variedades cuyo comportamiento en determinados ambientes todavía no está suficientemente documentado.

Misiones aportó cerca del 70% de los plantines nativos

La participación de Misiones aparece en uno de los componentes centrales de Loma Verde: la provisión de material vegetal y el conocimiento técnico para seleccionar las especies.

Los plantines se obtuvieron de viveros de Corrientes y Misiones, además de material producido en un vivero propio de la empresa ubicado en la zona de Ituzaingó. Aquino estimó que alrededor del 70% de los plantines de especies nativas utilizados en el proyecto provino de viveros misioneros.

“Fue muy importante el aporte que hicieron los viveros de Misiones, sobre todo por la gran diversidad de nativas que estamos plantando”, destacó.

La selección de las especies no se realizó únicamente en función de su disponibilidad comercial. El equipo evaluó las características de los distintos ambientes del campo, consultó a especialistas en flora y trabajó con profesionales vinculados con la Facultad de Ingeniería Forestal de Eldorado, además de considerar los relevamientos realizados en el establecimiento.

Todos los viveros proveedores cuentan con certificación y documentación sobre la procedencia de las semillas. Ese registro permite conocer el origen del material utilizado y constituye un aspecto relevante para los estándares internacionales bajo los cuales se desarrolla el proyecto.

“Al obtener material certificado uno puede predecir qué producción tendrá ese árbol. Se conoce un poco su desarrollo y su origen”, explicó Aquino.

El ingeniero agregó que la trazabilidad de las semillas también suma valor en los procesos de certificación internacional, porque permite documentar de dónde provienen las especies incorporadas a la plantación.

El vínculo con Misiones no se limita a la provisión de plantines. La empresa mantiene contacto con profesionales de la Facultad de Ingeniería Forestal de Eldorado y con el INTA para realizar estudios sobre especies nativas y evaluar su comportamiento. Por el momento, Cambium no tiene proyectos de carbono en territorio misionero, aunque sostiene ese intercambio técnico.

Veinte especies distribuidas según las características del terreno

La incorporación de las especies nativas exigió identificar qué variedades podían desarrollarse mejor en cada sector del campo. Para ello, el equipo dividió la selección en dos grupos: diez especies destinadas a las zonas altas y otras diez para las zonas bajas.

La diferencia es importante porque las condiciones del terreno influyen en el desarrollo de cada especie y en su adaptación al ambiente. Mientras que existe más información sobre el comportamiento de determinadas nativas en zonas altas, los responsables del proyecto reconocen que todavía hay menos antecedentes sobre varias especies utilizadas en sectores bajos.

“Para eso estamos también, para generar nueva información. Hemos visto algunas nativas de zonas bajas que están creciendo muy bien”, afirmó Aquino.

La experiencia busca aportar conocimientos que puedan utilizarse en futuras iniciativas forestales y ampliar la información disponible sobre especies autóctonas. En ese sentido, el proyecto no se limita a medir la captura de carbono, sino que también permite observar cómo responden distintas variedades cuando reciben condiciones de implantación y cuidados similares a los aplicados a las especies comerciales.

Corredores biológicos para conectar sectores de monte

Las especies nativas también cumplen una función dentro del diseño territorial de Loma Verde. En las más de 500 hectáreas destinadas a conservación existen sectores de monte nativo distribuidos en diferentes puntos del establecimiento.

Para conectar esos ambientes, el proyecto contempla corredores biológicos implantados en lotes que anteriormente estaban ocupados por pasturas. La intención es que, con el crecimiento de la vegetación, esos espacios faciliten el desplazamiento de fauna entre áreas naturales.

“De los lotes que se iban a plantar, que tenían solo pastura, hacer corredores biológicos con nativas, donde a futuro la fauna que se quiera trasladar de un monte nativo hacia otro pueda ir por esos corredores”, explicó el ingeniero.

La estrategia se complementa con el monitoreo de flora y fauna en las áreas de conservación. Esos trabajos buscan conocer la evolución de los ambientes y aportar información para orientar las medidas de protección.

Así, las superficies que quedan fuera de la forestación productiva no se consideran espacios residuales del proyecto, sino una parte de su diseño ambiental. La conservación del monte y los humedales convive con las plantaciones y con los corredores que se espera que conecten distintos sectores del establecimiento.

Cómo se generan los créditos de carbono

Loma Verde se desarrolla bajo el estándar internacional Verra y utiliza la metodología VM0047, correspondiente a proyectos de forestación, reforestación y revegetación. La documentación comercial de Cambium identifica la iniciativa como Verra VCS 5202.

El mecanismo consiste en medir y verificar cuánto carbono remueve el crecimiento de los árboles. Para ello se realizan inventarios forestales, mediciones de los ejemplares y estimaciones de la biomasa acumulada, que luego permiten calcular las remociones de dióxido de carbono equivalente.

De acuerdo con Aquino, algunas especies, especialmente el eucalipto, podrían permitir iniciar los procesos de verificación a partir de los dos años de plantación. La emisión de créditos, sin embargo, depende de que las mediciones y los resultados cumplan con los requisitos establecidos por el estándar y sean verificados mediante los procedimientos correspondientes.

La documentación del proyecto establece un objetivo de 1,9 millones de toneladas de CO₂ equivalente removidas durante un período de acreditación de 43 años. También proyecta una primera emisión de entre 80.000 y 100.000 unidades de carbono verificadas para comienzos de 2027, sujeta a la validación correspondiente.

El valor económico de esas unidades depende de distintos factores, entre ellos la metodología, la certificación, la calidad de las remociones y los atributos ambientales asociados. En este modelo, los árboles no se destinan a la venta de madera: su crecimiento es la base del activo climático que se busca generar.

Una actividad que busca reglas para atraer inversiones

Para Aquino, el desarrollo de proyectos de carbono también requiere un marco normativo que aporte previsibilidad y permita atraer inversiones. “Siempre es bueno tener un marco legal. Eso valoriza los proyectos y hace que más inversiones puedan abocarse a esta clase de proyectos”, sostuvo.

La iniciativa forma parte de un mercado voluntario en el que empresas y organizaciones pueden adquirir créditos para respaldar compromisos climáticos y estrategias ambientales. Su desarrollo depende de que las remociones puedan demostrarse con información verificable y de que exista demanda para los créditos generados.

En ese contexto, Loma Verde combina la experiencia forestal de Pomera con el financiamiento y la estrategia de Cambium, en un modelo que renuncia a la cosecha de madera para sostener la captura de carbono durante un período prolongado.

La experiencia también muestra una articulación regional: Corrientes aporta el establecimiento y la superficie de intervención, mientras que Misiones participa mediante viveros, provisión de especies nativas y conocimiento técnico.

El desafío será sostener durante décadas el crecimiento de las plantaciones, verificar las remociones de carbono y conservar los ambientes naturales incluidos en el diseño. La meta es que el proyecto genere créditos comercializables sin desvincular ese resultado de la biodiversidad y del territorio que hacen posible la captura de CO₂.

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