De la chacra a la góndola: pequeños productores misioneros se unen para potenciar sus marcas de yerba mate

Con más de 30 marcas en distintas etapas de desarrollo, productores familiares y cooperativas de Misiones avanzan en una estrategia de comercialización conjunta para ampliar mercados, compartir contactos y agregar valor a la hoja verde. En un contexto de bajos precios para la materia prima, las experiencias muestran cómo la elaboración y la venta con marca propia pueden mejorar las oportunidades de las familias yerbateras.

En un escenario complejo para la producción primaria de yerba mate, cada vez más productores misioneros buscan alternativas para dejar de depender exclusivamente de la venta de hoja verde y avanzar en la elaboración y comercialización de sus propios productos. Con ese objetivo, pequeños emprendimientos familiares y cooperativas comenzaron a articular sus estrategias comerciales, compartir experiencias y abrir nuevos espacios para más de 30 marcas de la provincia.

La iniciativa, presentada en el Ministerio del Agro de Misiones, apunta a fortalecer la presencia de estas yerbas en los comercios, ampliar su llegada a distintos puntos del país y facilitar el contacto directo con los consumidores. La propuesta reúne productos con diferentes características, desde moliendas tradicionales y suaves hasta elaboraciones barbacuá, orgánicas y agroecológicas, con distintas alternativas de estacionamiento y perfiles de sabor.

El trasfondo es también económico: frente a los bajos valores que recibe el productor por la materia prima, desarrollar una marca propia permite participar de otras etapas de la cadena yerbatera y capturar una porción mayor del valor agregado.

Uno de esos casos es el de César Weiss, propietario de Yerba Mate Atardecer, un emprendimiento familiar de Campo Grande que comenzó a comercializar su marca hace dos años. La familia tiene una larga trayectoria como productora primaria, pero decidió dar un paso más cuando advirtió que vender únicamente hoja verde ya no representaba una alternativa sostenible.

“Nosotros siempre fuimos productores desde mis abuelos. Siempre fuimos productores primarios y vendíamos a terceros, a otros propietarios con marcas. Hace dos años largamos Yerba Mate Atardecer, ya que el precio de la hoja verde era muy bajo y nos dimos cuenta de que dándole un valor agregado hacíamos una enorme diferencia”, explicó.

Actualmente, la marca trabaja con una molienda tradicional suave y produce alrededor de 5.000 paquetes mensuales. El objetivo es alcanzar los 10.000 paquetes para responder a la demanda de sus clientes. Además de su distribución en la zona centro de Misiones, cuenta con presencia comercial en Santa Fe, Mendoza y Córdoba.

Para Weiss, la articulación con otros emprendimientos permite ampliar las posibilidades de llegada al consumidor. La diversidad de productos, lejos de representar una competencia directa, funciona como una oportunidad para recomendar distintas alternativas según las preferencias de cada cliente.

Otra experiencia que refleja el crecimiento de estos proyectos es Yerba Mate Principios, de Apóstoles. Su propietaria, Graciela Giménez, forma parte de la tercera generación de una familia yerbatera que decidió reservar parte de su producción de hoja verde para elaborar y comercializar una marca propia.

El emprendimiento comenzó con una producción aproximada de 7.000 kilos anuales y, en apenas dos años, alcanzó un volumen de entre 18.000 y 20.000 kilos por año. Su propuesta se distingue por el estacionamiento natural, el secado barbacuá y un bajo contenido de polvo.

Uno de los hitos más importantes para la marca fue su participación en el Mundial de la Yerba Mate, realizado en junio, donde obtuvo el Gran Oro en la categoría barbacuá. El reconocimiento impulsó su posicionamiento y abrió nuevas oportunidades comerciales, especialmente en Buenos Aires.

Giménez también destacó el contraste entre la situación de la producción primaria y las posibilidades que ofrece la comercialización del producto terminado. “Hoy estamos con una economía desfavorable en lo que es la hoja de yerba mate, pero nos vemos beneficiados en la producción de un producto final en góndolas, que hoy sí tiene rentabilidad en esa parte de la actividad yerbatera”, señaló.

La construcción de una marca también implica sostener un proceso de varios años, ganar clientes y encontrar espacios en un mercado con una fuerte presencia de grandes empresas. Así lo demuestra la trayectoria de Harry Burger, propietario de Yerba Mate Barbacuá y Yerba Mate Tres Generaciones.

Su historia está ligada a tres generaciones de productores. Se crió en la chacra, entre los yerbales y el trabajo del secadero familiar, donde inicialmente elaboraban y comercializaban yerba mate sin una marca propia, en paquetes transparentes.

La decisión de desarrollar una identidad comercial llegó alrededor de 2009, cuando la familia ya contaba con secadero, depósito y molino. Así nació Yerba Mate Barbacuá, una propuesta de secado tradicional con estacionamiento natural y características propias de este tipo de elaboración.

En 2022 sumaron Tres Generaciones, una segunda marca que lleva el nombre en homenaje a su abuelo, su padre y él mismo, como continuidad de una historia familiar iniciada en la chacra en 1933.

Burger reconoció que ingresar al mercado con una marca propia implicó enfrentar rechazos y mucha incertidumbre. Sin embargo, la perseverancia permitió consolidar una cartera de clientes que hoy incluye a las nuevas generaciones de comerciantes que comenzaron a comprarles cuando sus padres estaban al frente de los negocios.

En ese recorrido, valoró especialmente la posibilidad de trabajar junto a otros productores. “La unión hace la fuerza, como quien dice el dicho. Porque no puedo estar vendiendo en algunos lugares y gracias a los otros compañeros que están reunidos hoy acá podemos entrar, nos comparten contactos”, expresó.

La experiencia cooperativa y los mercados internacionales

La articulación también tiene una trayectoria consolidada en el sector cooperativo. Mabel Acosta, gerente comercial de la Cooperativa Río Paraná e integrante del Movimiento Agrario de Misiones, explicó que las marcas Titrayjú y Tamanduá forman parte de una estrategia de industrialización y comercialización que comenzó en 1998.

Con el molino ubicado en Panambí, la cooperativa trabaja junto a secaderos de productores asociados al Movimiento Agrario en distintas localidades, entre ellas Los Helechos y San Vicente. Actualmente cuenta con 54 socios y sostiene una estructura orientada a comprar y comercializar la producción de las familias vinculadas a la organización.

Acosta explicó que la decisión de invertir en un molino respondió a una preocupación histórica: la dificultad de los productores para participar de los eslabones comerciales de la cadena. Por eso, la organización apostó a industrializar su propia materia prima y desarrollar marcas que permitieran llegar directamente a los consumidores.

Las dos propuestas tienen perfiles diferentes. Tamanduá fue desarrollada como una alternativa más económica, orientada a un segmento popular, mientras que Titrayjú se posiciona como una yerba premium, con secado barbacuá.

La experiencia incluso trascendió las fronteras argentinas. La cooperativa comercializa sus productos en el mercado internacional, con envíos a Rusia, Alemania, Estados Unidos y España. Un aspecto que Acosta destacó es que las exportaciones se realizan con marca propia y no mediante la venta de yerba a granel.

Además, la organización prioriza el vínculo con emprendedores y distribuidores antes que con grandes cadenas de supermercados, una modalidad que les permite sostener circuitos comerciales propios.

Una estrategia para sostener el valor en origen

Las distintas experiencias muestran que la construcción de marcas propias no responde a un único modelo. Algunas familias comenzaron con pequeños volúmenes y servicios de terceros para la molienda o el envasado, mientras que otras cuentan con secaderos, molinos y estructuras cooperativas que les permiten controlar distintas etapas del proceso.

Sin embargo, todas coinciden en la importancia de fortalecer la comercialización y generar vínculos entre emprendimientos que comparten un mismo origen productivo.

En ese sentido, el trabajo conjunto busca resolver algunas de las principales dificultades de las marcas pequeñas: los costos logísticos, la distribución, la llegada a nuevos comercios y la falta de visibilidad frente a productos de mayor escala.

La apuesta es que cada paquete vendido represente una oportunidad para que una mayor parte del valor generado por la yerba mate permanezca en las chacras y en las economías locales. En medio de la discusión por el precio de la hoja verde y la rentabilidad de la actividad, estos productores buscan demostrar que agregar valor en origen también puede convertirse en una herramienta para sostener la producción familiar.

El encuentro se realizará el 6 de noviembre durante la Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, en Apóstoles. Participarán pequeñas empresas y marcas reconocidas de la provincia, que mantendrán reuniones con cadenas como La Anónima y Supermercados Día, además de distribuidores y tiendas especializadas.— misionesonline.net (@misionesonline) November 3, 2026

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