Nació y creció en el campo, es madre, productora y creadora de contenido. Sin buscarlo, empezó a grabar su rutina y hoy miles de personas siguen su día a día entre animales, monte y ocurrencias bien misioneras.
En Campo Ramón, donde el día arranca temprano y el monte marca el ritmo, Yaquelin Stuckert nunca imaginó que su vida cotidiana —esa que mezcla tierra, crianza y trabajo— iba a terminar en el celular de miles de personas. Mucho menos que se volvería viral.
Todo empezó hace apenas un año, cuando el internet satelital llegó a su casa. “No tenía señal acá donde vivía, entonces bajamos una antena y un día dije: ‘¿por qué no?’”, cuenta. Había visto a otras chicas mostrando sus rutinas, limpiando la casa o contando su día a día. Pero lo suyo era distinto: había chacra, había monte, había un esposo e hija de por medio.
Sin planearlo demasiado, empezó a grabar. “Me puse a contar mi rutina como mamá, cómo me traslado a la chacra con mi bebé, los trabajos que hacemos… y se viralizó enseguida. Fue una sorpresa total”, dice. Lo que parecía un intento más terminó siendo el comienzo de algo mucho más grande.


Su contenido tiene algo que engancha rápido: es real. No hay filtros para disfrazar la vida en el campo. Hay barro, hay animales, hay trabajo… y hay humor. Mucho humor.
Porque si algo define a Yaquelin es su forma de contar las cosas. Con ese tono tan propio del interior, donde el español se mezcla con portugués y costumbres que no se enseñan en ningún lado. “A mí me encanta mi tierra y mi gente. Y sí, lo hago con humor. Hay gente que piensa que me burlo, pero sería burlarme de mí misma”, explica, entre risas.
No todos lo entienden, claro. En redes también aparece el “hate”, pero ella lo tiene resuelto. “Si yo hacía caso desde el primer video, no estaría acá. Si me dicen ‘sos fea’, bueno… es tu punto de vista, yo me veo re linda”, dice, sin perder la sonrisa. Y remata con una definición muy suya: “La gente mala siempre está, pero el lado lindo es mucho más grande”.
Ese lado lindo aparece cada vez que alguien la reconoce, le escribe o le dice que sus videos le alegran el día. Y ahí es donde todo cobra sentido.
Pero detrás de los videos hay una rutina intensa. Porque antes que creadora de contenido, Yaquelin es mamá, esposa y productora. “Primero soy mamá, después veo lo demás”, resume. Su día se reparte entre la casa, la chacra y ahora también las redes, donde ya suma más de 15 mil seguidores en Instagram, poco más de 4 mil en Tik Tok, mientras en Facebook suma 18 mil.
En ese crecimiento, algunos de sus videos se volvieron verdaderos fenómenos virales. Uno de los más recordados es el del “cintarazo”, que superó las 500 mil visualizaciones, mientras que otro sobre expresiones típicas misioneras —como el ya famoso “cuelelé”— alcanzó cifras similares y le permitió sumar miles de seguidores en pocas semanas. A esos se suman otros contenidos que rondan las 300 mil y 150 mil reproducciones, confirmando que lo que más conecta con el público es, justamente, la vida de chacra contada con humor y autenticidad.


La organización no siempre es fácil. “Hay días que tengo que hacer agenda para poder con todo”, admite. Y en el medio de todo eso, también está el desafío de mantener viva la vida de campo en un contexto complicado. “Hoy la chacra no está fácil económicamente, pero lo hacemos para sostener la tradición, la cultura”, cuenta.
Su contenido, de hecho, refleja eso: un día limpia la casa, otro día vacuna una ternera, otro arranca mandioca —aunque no siempre salga bien—. En uno de esos intentos fallidos nació uno de los personajes más queridos de su historia: su hija, Hanna.
O mejor dicho, “Doña Hanna”.
“Estábamos arrancando mandioca y fue un desastre. Y ella me decía ‘no mami, eso no es mandioca’. Entonces le digo ‘bueno, doña, tranquilizate’… y quedó”, recuerda. Desde entonces, la pequeña se ganó un lugar propio en los videos y en el cariño de la gente.
Aunque no todo es tan simple: también hay que aprender a exponer sin invadir. “Hay días que ella no quiere y simplemente no grabo. Hay que tener cuidado con todo”, reconoce.

Yaquelin nació y creció en el campo. Intentó estudiar, se fue, volvió, probó otros caminos, pero siempre terminó en el mismo lugar: la chacra. “A mí esto me fascina desde siempre”, dice. Y aunque no pudo terminar una carrera por cuestiones económicas —una realidad común en muchas familias rurales—, hoy tiene otro objetivo claro: “trabajar para que el día de mañana mi hija pueda tener las oportunidades que yo no tuve”.
Mientras tanto, su presente se construye entre el monte, la maternidad y un celular que graba casi todo. Porque, como ella misma dice, “la vida tiene muchas cosas… y yo muestro todo”.



Desde Campo Ramón, con los pies en la tierra y la risa fácil, Yaquelin Stuckert convirtió su vida en contenido. Pero sobre todo, en una historia que cada vez más gente quiere mirar.
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