Andrea Lenczinski heredó una historia ligada a la yerba mate y al té en Colonia Guaraní. Frente a la caída de los precios y las dificultades que atraviesan las economías regionales, apostó por elaborar té de especialidad en pequeñas partidas para agregar valor, preservar plantaciones históricas y sostener el legado de su familia.
La crisis que atraviesan las principales economías regionales de Misiones obliga a muchos productores a reinventarse. Con los precios de la yerba mate y del té en niveles que, según denuncian los colonos, no alcanzan para cubrir los costos de producción, cada vez son más las familias que buscan alternativas para mantenerse en actividad sin abandonar sus chacras.
En Colonia Guaraní, cerca de Oberá, Andrea Lenczinski eligió un camino diferente. Lejos de resignarse a ver desaparecer las plantaciones que su familia conserva desde hace décadas, decidió transformar parte de su producción en té gourmet de alta gama, una apuesta que hoy le permite llegar a consumidores de distintos puntos del país e incluso del exterior.
Su emprendimiento nació de una convicción personal: preservar la chacra que levantaron sus abuelos inmigrantes y encontrar una manera de darle valor a una producción que, en el mercado convencional, cada vez resulta menos rentable.
“Hago una producción bien gourmet porque es la forma de revalorizar mi té”, resume la productora.
Una historia que comenzó hace casi un siglo
La historia de la finca está estrechamente ligada a la colonización agrícola de Misiones. Los orígenes se remontan a la llegada de inmigrantes polacos que se asentaron en la zona durante la década de 1920.
Gregorio Szyszco llegó en 1925 y Gregorio Lenczinski lo hizo en 1928. Ambos recibieron tierras en el marco de las políticas de colonización agrícola de la época y comenzaron a abrirse camino en medio de la selva misionera. Con el tiempo se convirtieron en familia y construyeron un proyecto productivo que atravesó generaciones.
Hoy, casi un siglo después, Andrea es quien intenta mantener viva esa herencia.
“De ninguna manera quería perder esas plantaciones que cuidaron mis abuelos y mis padres. Son parte de nuestra historia”, sostiene.
Agregar valor para sobrevivir
La productora conoce de cerca las dificultades que enfrenta el sector. Además de té, en su chacra también produce yerba mate, por lo que vive en carne propia la crisis que golpea a ambas actividades.
Según explica, los valores que actualmente reciben los productores están muy lejos de cubrir los costos de producción.
“Vendiendo la hoja verde no se cubre ningún costo”, afirma al referirse a la situación de la yerba mate.
La realidad del té, asegura, es incluso más compleja.
“Yo tengo diez hectáreas y hoy no puedo cosechar ese té. Lo único que hago es mantener las plantas para que no crezcan demasiado y elaborar una pequeña cantidad en partidas limitadas y gourmet”, relata.
Fue precisamente esa situación la que la llevó a cambiar de estrategia. En lugar de comercializar grandes volúmenes de materia prima, comenzó a producir té artesanal de especialidad, elaborado en pequeñas escalas y con procesos cuidadosamente controlados.
Actualmente desarrolla ocho variedades diferentes, con distintos perfiles de oxidación y características sensoriales, destinadas a un mercado que valora la calidad y el origen del producto.
De Misiones al resto del país
La apuesta por el agregado de valor le permitió abrir nuevos mercados. Sus productos llegan a consumidores de distintos puntos de Argentina, desde Misiones hasta Tierra del Fuego, e incluso han cruzado fronteras.
Sin embargo, aclara que la producción sigue siendo limitada.
No se trata de una estrategia comercial para generar exclusividad, sino de una consecuencia directa de las dificultades que enfrenta para sostener la actividad a mayor escala.
“Me gustaría que el té se consumiera mucho más y poder producir más cantidad, pero hoy esta es la forma que encontré para seguir manteniendo la chacra y las plantaciones”, explica.
El proyecto también incorporó una propuesta de turismo rural que permite a los visitantes conocer el proceso de elaboración y recorrer la finca, generando una experiencia vinculada a la historia productiva del lugar.
Una crisis que golpea a toda la región
Andrea asegura que la situación que atraviesa el sector se refleja en toda la provincia.
“Hay mucha desesperación. Mucha gente me escribe pidiéndome trabajo y tengo que decirles que no. Tengo trabajo para hacer, pero no tengo cómo pagarles”, lamenta.
La caída de la actividad, explica, impacta no solo en los productores, sino también en los trabajadores rurales y en las economías locales que dependen de la producción primaria.
Por eso considera que las soluciones individuales, aunque importantes, no alcanzan para resolver los problemas estructurales del sector.
La productora integra actualmente un grupo de trabajo que recibe asistencia técnica y avanza en la obtención de certificaciones agroecológicas, una estrategia que busca diferenciar la producción y abrir nuevas oportunidades comerciales.
En Finca Victoria ya reemplazaron insumos convencionales por alternativas más sustentables e incluso incorporaron un horno solar para el secado de hojas.
Sin embargo, insiste en que los productores necesitan herramientas más profundas para impulsar verdaderos procesos de reconversión.
“Nos dijeron que tenemos que adaptarnos al mundo, y eso queremos hacer. Pero necesitamos plazos y herramientas para hacerlo”, sostiene.
Entre las propuestas que considera necesarias menciona la incorporación de tecnologías de molienda y empaque en origen, que permitan a los productores comercializar productos terminados y capturar una mayor parte del valor generado por la cadena.
También plantea la necesidad de crear instrumentos financieros específicos para el sector productivo.
“Hay que revalorizar la chacra y al colono, que hoy está expuesto a morir de hambre”, advierte.
Mientras tanto, Andrea sigue apostando a las mismas hectáreas que comenzaron a cultivarse hace más de 80 años. Lo hace con la convicción de que la historia familiar merece continuar y con la esperanza de que agregar valor, innovar y resistir permitan mantener viva una forma de producir que forma parte de la identidad de Misiones.
Esta nota fue elaborada a partir de información, testimonios y material audiovisual publicados por Bichos de Campo.
Tras 37 años protegiendo Parques Nacionales, Justo Herrera se retira. Fue un referente en Iguazú y luchó contra los agroquímicos. Su legado es clave para la conservación. 🌳🗺️https://t.co/Y7qRe5GgLa#Conservacion #Naturaleza #Guardaparque #Argentina pic.twitter.com/ERDtCtfhiq— misionesonline.net (@misionesonline) June 14, 2026



