El investigador del INTA Cerro Azul, Sebastián Bárbaro, explicó que muchas labores habituales en la chacra pueden convertirse en un problema cuando el suelo está saturado de agua. Además, recomendó anticipar tareas, dividir la fertilización y respetar las zonas naturales de escurrimiento.
El exceso de humedad modifica por completo la forma de trabajar el suelo. Así lo explicó el investigador y especialista en ciencias del suelo del INTA, Sebastián Bárbaro, quien advirtió que muchas labores que habitualmente resultan beneficiosas pueden provocar daños importantes si se realizan cuando el terreno está saturado de agua.
En ese sentido, señaló que una de las principales prácticas que deben evitarse es el uso de la rastra sobre un suelo húmedo. Explicó que esta labor elimina la cobertura vegetal que protege la superficie del impacto directo de las gotas de lluvia y, además, favorece la formación del denominado “piso de arado”, una capa compactada que dificulta la infiltración del agua. “La rastra es una herramienta muy útil en la chacra, pero hay que pensar bien para qué la vamos a usar. Nunca se recomienda pasarla cuando el suelo está muy húmedo o cuando sabemos que se vienen lluvias fuertes”, remarcó.
El especialista indicó que la misma lógica se aplica a otras labores de preparación del terreno. Tanto la descompactación mediante subsolador como la labranza mínima o vertical pueden ser muy útiles en determinadas condiciones, pero realizadas durante períodos de mucha humedad generan canales por donde el agua escurre rápidamente, aumentando el riesgo de erosión en lugar de mejorar la estructura del suelo.

Anticipar los trabajos antes de la temporada de lluvias
Frente al pronóstico de un período con abundantes precipitaciones, Bárbaro recomendó adelantar aquellas tareas que requieran remover el suelo. Explicó que la apertura de surcos para implantar cultivos como mandioca o yerba mate puede realizarse semanas antes de la siembra, cuando el terreno todavía conserva mejores condiciones.
Según sostuvo, aprovechar las ventanas de tiempo con menor humedad permite que el suelo conserve una mejor estructura y evita que las lluvias transformen esos surcos en canales de escurrimiento. “Todas las prácticas que podamos hacer con antelación al período de lluvias más fuertes conviene realizarlas antes. Si aparece una brecha de días con menor humedad, hay que aprovecharla y dejar preparado el lote”, señaló.
Otra de las herramientas que destacó fueron las terrazas, especialmente las de desagüe, que permiten conducir el exceso de agua hacia sectores donde no genere daños. Recordó que, ante lluvias muy intensas, ningún suelo puede infiltrar toda el agua recibida, por lo que resulta fundamental planificar su evacuación de manera controlada.

Fertilizar en varias etapas para evitar pérdidas
Bárbaro también hizo referencia al manejo de la fertilización, una práctica que calificó como indispensable para reponer los nutrientes que los cultivos extraen del suelo. Sin embargo, advirtió que aplicar toda la dosis de fertilizante en una sola oportunidad deja de ser una estrategia conveniente cuando se esperan lluvias por encima de lo habitual.
En ese contexto, explicó que el exceso de agua puede arrastrar los nutrientes por escorrentía o provocar su lixiviación hacia capas profundas del perfil, donde las raíces ya no pueden aprovecharlos. Por ese motivo recomendó dividir la aplicación en dos o incluso tres momentos. “Hay que recalcular algunas acciones que normalmente hacemos por costumbre. Si sabemos que vamos a tener mucha agua, conviene particionar la dosis para mejorar la eficiencia del fertilizante y evitar pérdidas”, afirmó.

Respetar el recorrido natural del agua
El investigador también llamó a observar con mayor atención el funcionamiento natural de cada chacra. Explicó que muchas veces se intenta aprovechar cada sector del lote para producir, incluso aquellos que históricamente funcionan como zonas de desagüe, una decisión que puede generar problemas durante años con precipitaciones abundantes.
En ese sentido, recomendó conservar esos sectores con vegetación natural o incluso reforzarlos mediante la plantación de árboles, evitando obstruir el paso del agua con ramas o restos de limpieza. “El agua va a salir por donde sea. Si tapamos el desagüe natural, terminará buscando otro recorrido y probablemente afecte sectores más productivos”, advirtió.
Finalmente, también aconsejó prestar atención al mantenimiento de los caminos internos de la chacra mediante cobertura vegetal y pequeños disipadores de energía que reduzcan la velocidad del agua durante las lluvias intensas. Además, recordó que el INTA cuenta con técnicos especializados en manejo de agua y conservación de suelos que pueden asesorar directamente a los productores para planificar estas obras.
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Advierten que las lluvias intensas y los temporales complicarían la logística, el estado de los caminos rurales y la continuidad de la producción. Además,… pic.twitter.com/OxvFAyLCJk— misionesonline.net (@misionesonline) July 30, 2026



