En El Alcázar, Carmen Estacechsen lleva toda una vida trabajando la tierra. Frente a la incertidumbre de los cultivos tradicionales y los vaivenes económicos, su familia apostó a una chacra multiproductiva y a un invernadero como forma de generar ingresos más constantes sin perder la lógica familiar.
Estacechsen tiene 53 años y una historia que se parece a la de muchas familias rurales de Misiones. “Toda mi vida trabajé en la chacra”, dice con naturalidad, como quien habla de algo que nunca estuvo en discusión. En su relato aparece una constante: el trabajo compartido, familiar, donde cada uno aporta lo que puede y sabe.
En su chacra, ubicada a seis kilómetros del casco urbano de El Alcázar, el trabajo nunca fue individual. “El que trabaja en la chacra trabaja en familia, todo aporta su granito de arena”, resume. Esa lógica fue la que sostuvo la producción durante años y también la que permitió pensar nuevas alternativas cuando los ingresos empezaron a volverse cada vez más inestables.
Como a muchos pequeños productores, la realidad económica los obligó a replantearse el modelo. Carmen explica que la chacra tradicional “no es un ingreso mensual, sino a veces anual”, y que en un contexto donde “todo está tan difícil”, depender de un solo producto ya no alcanza para sostener a la familia.
En su caso, nunca trabajaron con tabaco, pero sí con yerba mate, algo de ganadería y animales para consumo propio. “Es todo más familiar, para nuestro consumo”, aclara, y cuenta que solo se vende lo que sobra. La falta de grandes extensiones de tierra también pone un límite claro a la escala de producción.
Con el tiempo, la chacra fue tomando la forma de lo que hoy se conoce como una chacra multiproductiva. Mandioca, maíz, animales, huerta: un poco de todo. La mandioca se vende a la industria o al mercado, mientras que el maíz cumple un rol clave como alimento para los animales durante el invierno. Diversificar no es una moda, sino una estrategia de supervivencia que conocen muy bien los misioneros.
La mandioca, reconoce Carmen, tuvo mejores momentos. “En otros tiempos valía más”, dice, y explica que hoy la inflación va marcando el ritmo de los ingresos. Por eso, asegura, “todos los que trabajan en la chacra buscan otra alternativa para tener otro ingreso”, algo que se volvió casi una regla entre los pequeños productores.
En ese contexto apareció la idea del invernadero, impulsada principalmente por sus hijos. “Ya veníamos hablando de tener otra alternativa”, cuenta. El proyecto se concretó con esfuerzo colectivo y apoyo externo: la familia, el municipio y el Ministerio de Agricultura Familiar aportaron para que el invernadero pudiera ponerse en marcha.
Tienen un invernadero, que funciona como prueba piloto. Allí produjeron pepino y morrón. El pepino ya completó su ciclo y el morrón recién empieza a salir. “Para nosotros es algo nuevo, estamos aprendiendo”, reconoce Carmen, aunque destaca que la experiencia fue positiva y que los resultados acompañaron.




La comercialización, por ahora, es local y sencilla. El pepino se vendió principalmente por WhatsApp, mientras que el morrón se coloca por kilo en verdulerías del pueblo. “Con un solo invernadero queda poco para salir afuera”, explica, aunque sueña con poder crecer y vender más allá de Alcázar si algún día logran sumar otra estructura.
El aprendizaje es cotidiano. No hubo grandes manuales ni recetas cerradas. “Más que nada aprendiendo en el día a día”, dice Carmen, apoyándose en la tecnología que manejan sus hijos, en charlas virtuales sobre plagas y en el intercambio con otros productores. Para ella, equivocarse también forma parte del proceso.
En cuanto a los insumos, buscan un manejo lo más natural posible. Utilizan cama de pollo como abono, algo mínimo de fertilizante y riego por goteo. “Lo menos posible y lo más natural”, resume, con la idea clara de ofrecer un producto sano y cuidado.

Carmen habla del invernadero con entusiasmo. Dice que para ella trabajar allí “es una terapia” y que encontró algo que realmente le gusta. Sueña con tener otro, sumar nuevas producciones y seguir creciendo sin perder la esencia. En tiempos difíciles para muchas economías regionales, su historia muestra cómo la diversificación y el trabajo familiar siguen siendo una salida posible.
Cuestionan la nueva conducción del INYM y advierten un fuerte deterioro del sector yerbaterohttps://t.co/bvIDvPSSEv
— misionesonline.net (@misionesonline) January 20, 2026



