Un trabajador argentino de la zona fronteriza relató que, tras participar en la cosecha de cebolla en Santa Catarina, regresó al país con severos daños en las uñas. Aunque destacó el buen trato y las condiciones laborales, aseguró que debió volver por problemas que atribuye a un químico aplicado en el cultivo.
Lo que comenzó como una temporada laboral más en Brasil terminó con complicaciones de salud que obligaron a un grupo de trabajadores argentinos a regresar antes de lo previsto. Un hombre residente en una zona cercana a la frontera relató que, tras participar en la cosecha de cebolla en Santa Catarina, sufrió un deterioro progresivo en las uñas de ambas manos.
Según explicó, no era la primera vez que viajaba a trabajar al vecino país. En temporadas anteriores había realizado tareas similares sin inconvenientes. Sin embargo, esta vez la experiencia fue distinta: a los pocos días de iniciar la cosecha comenzó a sentir molestias en las manos.
El grupo llegó cuando el cultivo aún estaba verde. De acuerdo con su testimonio, poco antes de comenzar el trabajo se habría aplicado un producto para acelerar el secado de la cebolla. Al manipularla, notaron que desprendía un líquido de tono verdoso y amarillento.
Aunque utilizaban guantes de tela comunes, las manos permanecían mojadas durante horas. El trabajador describió que primero apareció ardor en la zona de las uñas, luego sequedad extrema y finalmente el desprendimiento parcial de varias uñas. “Nunca me había pasado algo así”, aseguró.

Otros cuatro compañeros presentaron síntomas similares. En todos los casos, la afección avanzó rápidamente en cuestión de días. Intentaron continuar trabajando, pero el dolor y la fragilidad en los dedos les impidieron seguir con la tarea.
Ante el agravamiento del cuadro, decidieron regresar a Argentina. El trabajador considera que pudo tratarse de la reacción a algún agroquímico aplicado en el cultivo, aunque no cuenta con un diagnóstico técnico que lo confirme. Actualmente evalúa realizar consultas médicas para determinar el origen exacto del problema.
Pese a lo ocurrido, aclaró que el trato recibido por parte de los empleadores fue correcto. El alojamiento, la comida y el traslado estaban incluidos en el jornal, y convivían en viviendas compartidas junto a otros argentinos.
El trabajo había sido conseguido a través de contratistas de la zona fronteriza que organizan cuadrillas y coordinan el traslado en colectivos hasta distintos puntos del sur brasileño. El pago acordado era de 200 reales por día, con posibilidad de incrementar ingresos según el rendimiento.


Sin embargo, más allá del atractivo económico, la experiencia dejó una advertencia sobre los riesgos asociados al trabajo rural intensivo, especialmente cuando se manipulan cultivos tratados con productos químicos. La protección utilizada —guantes de tela— podría no haber sido suficiente ante la exposición prolongada a humedad y sustancias desconocidas.
El trabajador remarcó que es fundamental informarse bien antes de viajar y asegurarse de contar con elementos de protección adecuados. También recomendó verificar las condiciones reales del empleo, ya que no siempre coinciden con lo prometido inicialmente.
El creciente movimiento de trabajadores argentinos hacia Brasil responde a la búsqueda de mejores ingresos ante la escasez laboral en algunas regiones productivas del país. No obstante, este caso pone el foco en la necesidad de extremar cuidados sanitarios y garantizar condiciones seguras en tareas agrícolas que implican contacto directo con cultivos tratados.
Carlos Sartori advirtió que la desregulación yerbatera impulsa el éxodo laboral hacia Brasil: “Puede complicarse la cosecha por falta de tareferos” https://t.co/1woKtakvFB
— misionesonline.net (@misionesonline) February 6, 2026



