Desde que se consolidó el escenario político que llevó a Javier Milei a la presidencia de la Nación en noviembre de 2023, el mapa laboral de la República Argentina ha experimentado una profunda reconfiguración. En este escenario de transición económica, el sector agropecuario y pesquero se ha posicionado como uno de los pocos motores capaces de generar nuevos puestos de trabajo formales. No obstante, este dinamismo sectorial resulta insuficiente para contrarrestar la fuerte contracción que afecta al resto de las actividades productivas y de servicios en el territorio nacional.
De acuerdo con un informe técnico elaborado por el Centro de la Economía Popular Argentina (CEPA), una entidad de alineación política opositora que basó su análisis de forma rigurosa en los registros oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), el sector de “Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” experimentó un incremento del 8,3% en su plantilla de personal registrado entre noviembre de 2023 y abril de 2026. Esta tasa de crecimiento se tradujo en la incorporación neta de 28.059 trabajadores registrados, consolidando al agro como la actividad de mejor desempeño relativo en materia de empleo durante el período analizado.
La destrucción del empleo formal y el contraste con el agro
A pesar del comportamiento expansivo de las cadenas agroindustriales y pesqueras, el volumen de empleo generado por estas actividades no logra neutralizar el severo proceso de destrucción laboral que se ha instalado en el país, con especial epicentro en los sectores industriales, de servicios y de la construcción. El informe del CEPA detalla que, en términos globales, la cantidad de trabajadores registrados en la Argentina se redujo un 3,46% entre noviembre de 2023 y abril de 2026. Esta contracción significó la pérdida neta de 341.396 puestos de trabajo formales, cayendo el total de ocupados de 9.857.173 a 9.515.777 personas en el lapso de 29 meses.
Según el documento del CEPA, esta dinámica destructiva equivale a la pérdida de “385 trabajadores formales menos por día desde la asunción del gobierno de Javier Milei”. Los analistas de la entidad atribuyen esta situación a “una combinación de factores, como la eliminación de subsidios, la flexibilización laboral, la menor inversión en sectores tradicionales y un posible traslado de trabajadores al empleo informal”.
Para dimensionar la insuficiencia de la recuperación del agro, los 28.059 puestos de trabajo creados por el sector primario representan menos del 10% del total de las plazas laborales destruidas en el resto de la economía. De hecho, la mejora del empleo en el campo ni siquiera alcanzó para compensar la caída registrada en un solo segmento socialmente vulnerable: el servicio doméstico. El sector de trabajadores de casas particulares, integrado mayoritariamente por mujeres de bajos recursos, sufrió una contracción significativa al pasar de 629.660 empleadas en noviembre de 2023 a 601.393 en abril de 2026. Esta reducción de 28.267 puestos de trabajo equivale a una pérdida de poco más de 35 empleos diarios en un rubro que, según advierte el informe, funciona como un “termómetro sensible de la economía: al no estar protegido por grandes empresas ni convenios colectivos fuertes”.
El retroceso laboral se concentró con mayor fuerza en otras ramas clave de la estructura productiva nacional. El sector más afectado fue la Industria manufacturera, que registró una baja de 82.173 trabajadores formales. Le siguió en orden de gravedad el área de Administración pública, defensa y seguridad social, con una reducción de 76.862 puestos. Por su parte, la Construcción reportó 75.426 empleos menos, mientras que los Servicios de transporte y almacenamiento evidenciaron una pérdida de 65.827 puestos de trabajo.
La caída en la cantidad de empleadores afecta también al campo
El análisis del CEPA pone de relieve que el impacto de la recesión no solo se mide en puestos de trabajo individuales, sino también en el achicamiento del entramado empresarial que sostiene el empleo registrado. En este indicador, el sector agropecuario no logró escapar a la tendencia generalizada de cierre de unidades productivas.
La comparación de los registros oficiales entre noviembre de 2023 y abril de 2026 muestra una disminución neta en la cantidad de empleadores activos en el país, cifra que pasó de 512.357 a 484.095 firmas. Esto representa una contracción de 28.262 empresas, lo que se traduce en la desaparición de un promedio de 30 empleadores por día durante el período evaluado, reflejando un severo deterioro del tejido empresarial.
La pérdida de empleadores afectó de manera transversal a casi todas las actividades. El rubro del Comercio lideró las bajas con la pérdida de 7.567 firmas patronales. A continuación se ubicaron Transporte y almacenamiento con una reducción de 6.523 empleadores; Servicios inmobiliarios con 3.985 cierres; la Industria con una caída de 3.617; y los Servicios profesionales, científicos y técnicos, que perdieron 2.643 empleadores. En este mismo nivel de retroceso se ubicaron la Agricultura y ganadería, que registraron una pérdida neta de 2.643 empleadores formales durante los 29 meses analizados, evidenciando que la concentración de la producción y las dificultades financieras también golpearon la estructura de las empresas del sector primario.



