La cadena de producción porcina en la provincia de Misiones atraviesa una coyuntura de profunda ambivalencia. Por un lado, se consolida una tendencia de expansión en el consumo interno impulsada por la brecha de precios frente a la carne vacuna. Por el otro, el sector primario e industrial enfrenta una severa contracción de sus márgenes de rentabilidad, asfixiado por el incremento sostenido de los costos de producción locales y una agresiva competencia de cortes importados desde Brasil.
Esta dualidad del mercado pone en riesgo el sostenimiento de la actividad en la región, afectando tanto a los colonos independientes como a los esquemas integrados de producción. La combinación de factores macroeconómicos internos con la apertura comercial externa redefine las condiciones de competitividad para los productores de la provincia.
La paradoja del mercado: expansión del consumo y caída de la rentabilidad
El análisis de la actualidad sectorial fue detallado por el presidente de la Cooperativa Frigorífica de Leandro N. Alem (Cofra), Ricardo Saraceni, quien describió el escenario contradictorio que atraviesa la actividad. En declaraciones exclusivas, el dirigente cooperativo señaló: “Si nosotros analizamos cómo subió el consumo de la carne de cerdo, obviamente también motorizada por el precio de la carne vacuna, y cómo creció la faena en los últimos años, es un sector que está en expansión y tiene un potencial enorme hacia adelante”.
Según Ricardo Saraceni, el encarecimiento de la hacienda vacuna modificó de manera definitiva los hábitos de compra de las familias argentinas, consolidando a las carnes alternativas en la dieta diaria. “Este tema del precio de la carne vacuna, yo creo que vino para quedarse por bastante tiempo”, remarcó el titular de Cofra, asociando esta dinámica a un proceso de convergencia con los valores del mercado internacional: “Lo nuestro no era normal, para lo que nosotros es normal para el resto del mundo no es normal, la carne vacuna en el resto del mundo es cara”.
Esta reconfiguración abre un horizonte de crecimiento volumétrico significativo. Actualmente, el consumo de carne porcina en el país se ubica en un promedio de 20 kilos por habitante al año. Las proyecciones de la cadena de valor estiman que, en un plazo de 10 años, la demanda interna debería alcanzar los 30 kilos o más por habitante al año.
Sin embargo, este incremento en el volumen de ventas no se traduce en alivio financiero para las industrias ni para los colonos. La devaluación y la inflación erosionaron de manera sistemática los ingresos de las organizaciones productivas. “Nos ha crecido la venta, es producto de una mayor demanda, pero ha caído sustancialmente, y esto le pasa creo que a todo tipo de industria hoy, le caen los márgenes de rentabilidad a niveles muy bajos. Vendemos más pero los márgenes son escasos”, explicó Saraceni, apuntando a la falta de actualización de los valores de venta frente al incremento general de los precios como el principal factor de asfixia: “Los precios no suben, no acompañan la inflación. Al no acompañar la inflación, los costos internos nos empiezan a agobiarnos”.
Inversión genética y reestructuración para defender el arraigo rural
Frente a la desaparición de pequeños productores independientes en las principales provincias agropecuarias del país debido a la concentración de la actividad, el modelo cooperativo misionero busca sostener el arraigo rural mediante la integración de toda su cadena de valor. A diferencia de los productores integrados, Cofra posee la capacidad de controlar todos los ciclos de la producción, desde la elaboración del alimento balanceado hasta la distribución en góndola.
Para mitigar el impacto de la crisis de rentabilidad, la cooperativa inició un proceso de inversión interna enfocado en la eficiencia productiva de su base de operaciones. “Ahora tenemos que trabajar sobre la eficiencia, fundamentalmente, y de hecho hace un año y seis meses, y todavía nos falta un año larguito para terminar, todo el cambio genético que hicimos de nuestras 2000 madres”, detalló Saraceni. El directivo justificó la urgencia de estas reformas señalando que la entidad venía de una etapa productiva compleja: “Vamos a empezar por la producción primaria, que es el combustible a través del cual funciona todo lo demás”.
La amenaza de la importación brasileña en el mercado de cortes de valor
El escenario de baja rentabilidad se ve agravado por las políticas de apertura comercial, que facilitaron el ingreso de carne de cerdo desde Brasil en volúmenes que actúan como un techo físico para los precios del producto nacional. La competencia con la producción brasileña resulta desigual para los productores locales debido a las diferencias estructurales en los costos de producción y escala.
Saraceni advirtió sobre la velocidad de penetración de la mercadería importada durante los últimos meses: “El desafío es ser competitivo, pero empezaron a ingresar cerdos desde Brasil con un incremento en el mes de julio del 70% respecto al año pasado, y de 1000% respecto al 2024, cuando empiezan a inundar de cerdos de Brasil y cortes”.
El impacto más severo de esta corriente importadora no se produce por el ingreso de reses enteras, sino por la selectividad de las operaciones comerciales que apuntan a los segmentos más rentables del negocio frigorífico local. “No estamos hablando de medias reses, estamos hablando de cortes específicos, aquellos cortes que definen el precio de una media res, como es la bondiola, como es el pechito”, concluyó el presidente de Cofra, señalando que esta modalidad desarticula la estructura de precios de toda la cadena de valor porcina nacional.



