En un contexto de crecientes desafíos para la cadena de valor de la yerba mate, los productores primarios continúan manifestando su preocupación por la representación de sus intereses. El productor Jorge Lizznienz, oriundo de Jardín América, ha levantado su voz para cuestionar de manera contundente al presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), Rodrigo Correa, acusándolo de una palpable desconexión con la realidad que se vive en las chacras misioneras.
La declaración de Lizznienz se inscribe en un marco de descontento que, de acuerdo con el titular de la nota original, se extiende a “más productores” que perciben una “falta de respeto hacia nosotros” por parte de la cúpula del organismo.
La crítica de Lizznienz se centra específicamente en la percepción de que las manifestaciones públicas de Correa no guardan correlación con las dificultades y vicisitudes diarias que enfrentan los yerbateros. En sus propias palabras, el productor afirmó: “Miento que pareciera ser un títere que repite lo que le dicen”. Esta fuerte declaración subraya la sensación de que las decisiones y discursos oficiales carecen de una base sólida en la experiencia de campo, alimentando la frustración entre quienes constituyen el eslabón inicial y fundamental de la cadena productiva.
La atribución de ser un “títere” sugiere una falta de autonomía o de comprensión genuina de la situación por parte del máximo referente del INYM, lo cual erosiona la confianza en la capacidad del instituto para defender eficazmente los intereses de los productores.
El rol del INYM y el malestar de los productores
El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), creado por la Ley 25.564, desempeña un papel crucial en la regulación y promoción del sector yerbatero en Argentina, con especial énfasis en las provincias de Misiones y Corrientes. Su misión abarca desde la fijación de precios de la materia prima hasta la promoción del consumo y la búsqueda de equilibrio entre todos los actores de la cadena.
Sin embargo, históricamente, la relación entre el organismo y los productores primarios ha estado marcada por tensiones, especialmente en lo referente a la determinación de los precios de la hoja verde y la canchada, los costos de producción y la percepción de una representación equitativa.
El pronunciamiento de Jorge Lizznienz y el eco de “más productores” que se sienten “una falta de respeto” por parte de la gestión actual, reflejan una problemática recurrente: la brecha entre las políticas institucionales y las necesidades urgentes de los agricultores. Los productores de yerba mate, que invierten significativos esfuerzos y recursos en el cultivo y cosecha, a menudo se encuentran en una posición de vulnerabilidad frente a las fluctuaciones del mercado, los costos crecientes de insumos y mano de obra, y la presión sobre los precios que reciben por su producción. En este escenario, la percepción de un presidente del INYM desvinculado de esta realidad, o que actúa bajo directrices externas sin considerar la voz de la base productiva, agudiza el malestar y la demanda de una gestión más empática y representativa.
La situación planteada por los productores de Jardín América y otras localidades misioneras pone de manifiesto la necesidad de un diálogo constructivo y transparente entre el INYM y sus representados. La credibilidad del instituto como ente regulador y promotor del sector depende en gran medida de su capacidad para conectar con las bases productivas, comprender sus desafíos y traducir esas necesidades en políticas efectivas que garanticen la sostenibilidad y rentabilidad de la actividad yerbatera a largo plazo. Las declaraciones como las de Lizznienz no solo son una crítica a una gestión específica, sino también un llamado de atención sobre la urgencia de fortalecer los mecanismos de participación y escucha dentro de un sector vital para la economía regional de Misiones.



