Adiós a los raídos de 100 kilos en la espalda: dos primos desarrollan un carrito para sacar raídos del yerbal

Desarrollados por dos primos del departamento Guaraní, los carritos autopropulsados para raídos de yerba mate nacieron de una necesidad concreta en la chacra. Tras cinco años de pruebas, el invento ya se comercializa y apunta a mejorar las condiciones de trabajo en los yerbales misioneros.

La dificultad de sacar los raídos del yerbal es una escena habitual en la cosecha de yerba mate, pero pocas veces ocupa un lugar central en la discusión sobre el trabajo rural. En ese punto exacto —cuando un raído de entre 80 y 100 kilos debe ser trasladado decenas de metros hasta el camión— nació la idea de un carrito autopropulsado que hoy empieza a ganar terreno entre productores misioneros.

“El invento fue a medias”, aclara Matías Wereszczuk, uno de sus impulsores. El proyecto lo comparte con su primo, Javier Obyszuk, metalúrgico y socio clave en el desarrollo. Wereszczuk es quien suele poner la cara en redes sociales y entrevistas, pero subraya que el trabajo es conjunto y que el resultado es fruto de una construcción compartida entre la chacra y el taller.

La idea no surgió de un escritorio, sino del trabajo cotidiano. Wereszczuk se involucró de lleno en la cosecha de yerba mate a partir de 2020, luego de realizar cursos de corte dictados por el INYM (Instituto Nacional de la Yerba Mate). “Cuando empecé a aplicar lo aprendido en nuestros yerbales, me encontré con una dificultad que está bastante invisibilizada: sacar los raídos del cuadro”, cuenta, recordando que muchas veces el esfuerzo mayor no estaba en el corte, sino en el traslado.

El problema se repetía una y otra vez. Raídos armados correctamente, plantas bien trabajadas, pero una carga pesada ubicada a 50 o 100 metros de la calle, en terrenos blandos o desparejos. “Ahí es donde el trabajo se vuelve muy difícil, incluso con los carritos que hay que estirar” explica.

El carrito autopropulsado se parece, a simple vista, al carrito tradicional que se utiliza en los yerbales, pero con una diferencia clave: no se estira, sino que avanza por delante del trabajador gracias a un motor de combustión interna. Actualmente utilizan motores de motos 110, de distintas marcas, aunque el equipo sigue evaluando otras alternativas.

“La idea es que el tarefero no tenga que cargar el raído en la espalda ni tampoco estirarlo”, resume Wereszczuk. El objetivo es reducir el esfuerzo físico en una de las etapas más pesadas de la cosecha, sin alterar la dinámica habitual del trabajo dentro del yerbal.

El desarrollo no fue inmediato. El primer prototipo distó mucho de ser perfecto. “No funcionó como esperábamos”, reconoce, pero el uso constante durante cinco años permitió detectar fallas, ajustar detalles y sumar mejoras. Esa experiencia acumulada es la que hoy se traduce en un producto que, según sus creadores, está completamente funcional para el trabajo diario.

La presentación formal del carrito llegó en la Fiesta Nacional de la Yerba Mate, en Apóstoles. Para los emprendedores fue un desafío logístico y económico, especialmente teniendo en cuenta que viven en Guaraní, a unos siete kilómetros de Oberá. Sin embargo, el esfuerzo valió la pena.

La recepción del público fue, en general, de sorpresa. En el stand, un televisor mostraba videos del carrito trabajando en el yerbal y con distintos implementos. “La gente se quedaba mirando, sorprendida por la cantidad de kilos que puede llevar”, relata Wereszczuk, y agrega que quienes alguna vez trabajaron en la yerba entendían rápidamente la utilidad del invento.

Contra lo que imaginaban, los principales interesados no fueron grandes productores, sino pequeños yerbateros. “Pensábamos que iba a ser alguien con mucho poder adquisitivo, pero los que más compran son productores chicos”, señala. Uno de los últimos carritos vendidos fue para un productor con unos 35.000 kilos anuales de cosecha, una escala modesta dentro del sector.

El precio del carrito varía según el motor y los implementos. Con ruedas de hierro y motor reacondicionado, una configuración habitual para el trabajo con raídos, el valor ronda los 1.800.000 pesos. También se ofrecen versiones con ruedas de goma, motores nuevos y accesorios adicionales.

Entre esos accesorios se destaca una batea desmontable, que amplía el uso del carrito más allá de la yerba mate. “Con dos bulones se coloca la batea y se puede cargar cualquier cosa”, explica Wereszczuk. Algunos compradores ya lo usan para trasladar mandioca, zapallo u otros productos de la chacra, lo que convierte al invento en una herramienta versátil para el trabajo rural.

La comercialización se realiza de manera directa, con contacto personal y demostraciones. Los inventores invitan a productores a acercarse, ver el carrito en funcionamiento e incluso coordinar pruebas en distintas zonas. En un contexto complejo para la yerba mate, la propuesta apunta a algo concreto: aliviar una tarea pesada con una solución simple, nacida desde adentro del yerbal.

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