“Éramos 7 los que vendíamos en la feria franca y tres de mis hijos tuvieron que marcharse…”, contó Manuel Solar Da Rosa, productor de Gobernador Roca, al describir cómo la crisis económica y las dificultades productivas redujeron el trabajo familiar que durante años sostuvo su economía.
Manuel Solar Da Rosa en LT17.
La historia de Manuel Solar Da Rosa refleja una realidad que se repite en muchas economías regionales: de los siete integrantes de su familia que trabajaban en la feria, hoy solo quedan cuatro. Los otros tres debieron migrar a Brasil ante la falta de trabajo y las dificultades productivas que atravesaron el último año. Aun así, él sigue firme cada domingo en la Feria de Santa Rita, sosteniendo una actividad que define como su sustento de vida.
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Productor de carne en la zona de Yacutinga, en Gobernador Roca, Manuel explica que su sistema es de ciclo propio: compra terneros a vecinos, los termina de engordar y luego realiza la faena para vender directamente al público. “Vendemos carne, pollo casero, queso, crema, ricota y choricito casero también”, detalla, y destaca especialmente este último producto, que es mixto y uno de los más buscados.
En cuanto a precios, señala que el chorizo casero se comercializa a 10.000 pesos el kilo, el asado de ternero a 14.000, al igual que la pulpa y cortes para milanesa. La paleta se ofrece a 9.700, la aguja a 7.400 y el osobuco a 6.800. “Trabajamos solamente con ternero”, aclara, y agrega que los clientes priorizan la terneza: “La gente busca carne blanda”.
Sobre la rentabilidad, es sincero: “Sí, para sostenerse, porque ahora ya estamos laburando para mantenerlo, no hay mucha ganancia”. En ese sentido, remarca que el trabajo es intenso y constante para poder seguir adelante sin perder lo construido durante años.
Manuel resalta la importancia de las ferias francas como canal de venta directa. “Para mí la feria es mi gana-pan de hace 23 años”, afirma. Sin embargo, el último tiempo fue especialmente duro: “El año pasado la sequía, después nos quedamos sin agua y perdimos producción”. Ese escenario, sumado a la falta de empleo local, impactó de lleno en su familia.
“De los siete que trabajaban, tres se fueron a Brasil porque acá no hay laburo”, cuenta. Según relata, la decisión no fue fácil, pero necesaria. “Ahora ya están laburando bien, gracias a Dios”, dice con alivio, aunque sin dejar de remarcar que su deseo es poder sostener el trabajo y las oportunidades en su propia tierra.
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