El subsecretario de Asuntos Yerbateros cuestionó la pérdida de herramientas del INYM, la caída del precio de la hoja verde y la concentración del mercado. Advirtió que el escenario actual “vuelve a poner en riesgo al pequeño productor y recuerda a la crisis de los 90”.
La situación del sector yerbatero atraviesa un momento complejo, marcado por una fuerte caída en el precio de la hoja verde y un contexto de desregulación que, según advierten desde el ámbito provincial, profundiza las desigualdades dentro de la cadena. En ese marco, el debate vuelve a centrarse en el rol que tenía el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) como espacio de negociación entre productores, industria y Estado, una herramienta que permitía establecer referencias y ordenar el mercado en escenarios de conflicto.
“Hace dos años estábamos hablando de valores de 380 o 400 pesos el kilo de hoja verde y hoy estamos en 200 o 240, con todos los costos para arriba, combustible, fertilizante y mano de obra. No hay forma de sostener eso”, sostuvo el subsecretario de Asuntos Yerbateros, Ricardo Maciel, al describir el deterioro del ingreso del productor.
La eliminación de la facultad de fijar precios dentro del INYM modificó de manera estructural la dinámica del sector. Hasta entonces, el valor de la materia prima surgía de acuerdos entre los actores o, en caso de no lograrse consenso, de un laudo nacional que tomaba como base la estructura de costos. Sin ese mecanismo, el mercado quedó librado a la negociación directa, en un contexto donde la industria concentra el poder de compra frente a miles de pequeños productores.
“No era el Estado el que fijaba el precio, sino que surgía de un acuerdo entre las partes. Y si no había acuerdo, la Nación arbitraba. Hoy eso ya no existe y lo que vemos es una imposición de precios hacia abajo”, remarcó Maciel, al cuestionar la actual dinámica del sector.
Ante ese escenario, desde Misiones se impulsó la posibilidad de establecer un precio de referencia que, si bien no tendría carácter obligatorio, permitiría monitorear el comportamiento del mercado y brindar una orientación para los productores. Sin embargo, la propuesta no prosperó dentro del directorio del INYM, donde primó la postura de no intervenir.
“La idea era tener un valor para saber quién está pagando cerca y quién muy lejos, pero se rechazó con el argumento de que distorsiona el mercado. Yo creo que no hay peor distorsión que lo que está pasando hoy”, afirmó el funcionario.

Uno de los ejes más críticos del análisis tiene que ver con la distribución del ingreso dentro de la cadena yerbatera. A pesar de que algunos indicadores industriales o de exportación pueden mostrar niveles de actividad, desde el sector productivo advierten que esa mejora no llega al productor, generando un desequilibrio cada vez más marcado.
“El famoso derrame no existe. El que más vende invierte en ampliar su capacidad o su producción, pero no mejora el precio al productor. No hay una distribución hacia abajo”, señaló Maciel, poniendo en duda la lógica del mercado sin regulación.
Además, el funcionario advirtió que este tipo de escenarios no son nuevos para la actividad yerbatera y recordó antecedentes históricos donde la falta de regulación derivó en procesos de concentración y pérdida de productores. En ese sentido, remarcó que la creación del INYM fue una respuesta directa a esas crisis, con el objetivo de equilibrar fuerzas dentro de la cadena.
“Esto ya pasó en los 90. Se desreguló, se concentró la actividad y muchos productores quedaron afuera. Después llevó años recuperar el equilibrio. Hoy estamos viendo señales muy parecidas”, sostuvo.
Frente a este panorama, el Gobierno provincial busca generar espacios de diálogo por fuera del INYM, convocando a los distintos actores de la cadena para intentar construir acuerdos que permitan atravesar la coyuntura. No obstante, desde el sector remarcan que se trata de soluciones parciales ante un problema estructural más profundo.
“El camino más corto es recuperar herramientas que permitan ordenar el mercado y equilibrar la relación entre el que produce y el que compra. Sin eso, es muy difícil que el pequeño productor pueda sostenerse”, concluyó Maciel.
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