Productores e industriales coincidieron en que el año estuvo marcado por cambios profundos, desafíos productivos y una economía inestable que afectó a toda la cadena yerbatera. En el Almuerzo de la Familia Yerbatera compartieron diagnósticos, prioridades y expectativas, destacando la necesidad de fortalecer el diálogo, apostar a la eficiencia y prepararse ante la incertidumbre climática y de mercado.
El tradicional Almuerzo de la Familia Yerbatera, que cerró la 47° Fiesta Nacional e Internacional de la Yerba Mate, volvió a convertirse en un espacio donde los productores pusieron en común sus preocupaciones frente a un escenario que consideran “muy difícil”. La caída de precios, los costos en aumento y la falta de regulación fueron los ejes que atravesaron todas las voces.
Desde la zona de Las Tunas, Estela Krukti describió un panorama complejo para la agricultura familiar. “Ahora está bastante difícil el campo, especialmente la yerba, que está pasando por un mal momento”, sostuvo. Contó que muchos productores buscan alternativas de ingresos con apoyo municipal en huertas y capacitaciones. En su caso, la crisis la obligó a diversificar: “Hice talleres de repostería y me dediqué a hacer dulces para no sentir tanto el impacto de los bajos precios”.




El problema central, señaló, es que “al no valer nada el producto de la yerba mate, afecta en todos los sentidos”, desde la compra de insumos hasta el sostenimiento diario de la chacra. Sin embargo, subraya la necesidad de no abandonar los yerbales: “Hay que tener paciencia, mantenerse fuerte… siempre pasó que la yerba bajaba al tope y después resurgía”.
Una mirada similar expresó Julián Andrusyszyn, de Apóstoles, quien advirtió que la discusión por la próxima zafriña ya genera “total descontento” porque los valores rumoreados están muy por debajo de los precios de referencia. “Queremos empezar, pero con precios que cubran los costos”, remarcó. Recordó que la zafra gruesa se cerró entre 280 y 285 pesos el kilo de hoja verde, “muy por debajo” de lo necesario para sostener el ciclo productivo.
La situación llevó a que muchos productores de la zona no cosecharan todo el yerbal. “Algunos hicieron la mitad, otros menos, porque el saldo no rinde lo que se gastó”, explicó Julián. También detalló que se redujeron las prácticas de manejo: “Apenas se está haciendo una herbicida y este año no se va a poder fertilizar porque no hay efectivo”. Aun así, destacó que las lluvias favorecieron la brotación, aunque sin fertilización “no sabemos cómo va a aguantar en los próximos meses”.
En este contexto de fragilidad, las cooperativas aparecen como un sostén clave. Juan Poterala, referente del movimiento cooperativo, sostuvo que estos espacios permiten “charlar, ver la viabilidad y reforzar la organización”, especialmente para la agricultura familiar. “La unión hace la fuerza; debemos apostar más al cooperativismo para producir más kilos y agregar valor”, afirmó.
Poterala recordó que las cooperativas, incluso en momentos de crisis, pudieron pagar un poco mejor porque venden producto procesado. “La cuestión es no vender kilos de yerba verde, sino industrializar y llegar al consumidor”, señaló. En paralelo, avanzan proyectos de producción orgánica, donde ven una posibilidad concreta de mejorar la rentabilidad. “El mercado está, hay pedidos. Lo que falta es apoyo para producir agroecológico y certificar”.
El bajo precio con el cual cerró la cosecha gruesa —“280 mil pesos el mil kilos, apenas cubriendo costos”, explicó— contrasta con algunas cooperativas que lograron pagar un mejor precio al productor, lo que refuerza la idea de que asociarse es clave. También destacó que, aunque la brotación de este año fue óptima, “cuando lo productivo está muy bien, la paga falla”, una tendencia que se repitió históricamente.
La falta de regulación nacional aparece como un punto crítico para todos. Poterala cuestionó la desactivación del INYM: “Quedamos desprotegidos. Para los grandes es beneficioso, pero al productor minifundista le falta ese ente regulador que fijaba un precio sugerido y se cumplía”. Según advierte, “las economías regionales no se regulan solas; sin referencia de precios, los grandes nos comen”.
Daniel Syniuk, de Tres Capones, coincidió en que la desregulación “afectó mucho a los productores pequeños”. Para él, la rentabilidad actual está “muy caída” y los valores de la última zafra —285 pesos, pagados en partes y a plazos— resultan inviables frente a los aumentos en combustible y mano de obra. “Se hace muy difícil”, expresó.
A esto se suma la imposibilidad de fertilizar y el incremento del costo laboral. “Estamos haciendo limpieza, lo justo y necesario, pero la fertilización es imposible”, sostuvo Syniuk. También alertó sobre la expansión descontrolada de nuevas plantaciones en los últimos años, impulsadas por grandes capitales. “Por cada 10 kilos más que se producen, el consumo sube dos o tres. El resto queda, y eso hace caer el precio”.
Hacia adelante, teme un escenario de sobreoferta: “Este año la brotación es excelente, y si en 2026 hay superproducción, el precio va a caer más”. Según su visión, el sector vive un ciclo parecido al de los años 90, con los pequeños productores en clara desventaja.
Aun con la preocupación compartida, todos valoraron el encuentro en la Fiesta como un espacio de alivio y comunidad. Estela lo resumió con una sonrisa: “No todo es pesimismo. Hoy la fiesta nos dio un poco de alegría, música y este almuerzo espectacular”.
La industria yerbatera también acompañó el encuentro
El Almuerzo de la Familia Yerbatera también reunió a representantes de las principales industrias del sector, quienes, en sintonía con lo expuesto por los productores, coincidieron en que atravesaron un año complejo, marcado por cambios abruptos y desafíos compartidos. Desde Hreñuk S.A., su vicepresidente José Hreñuk destacó el valor de este encuentro como ámbito para recomponer vínculos y fortalecer el diálogo en medio de un contexto que calificó como “difícil para todos los actores de la cadena”.
Hreñuk remarcó que, si bien la industria logró sostenerse a pesar de la incertidumbre, 2025 fue un período de fuerte dinamismo y ajustes constantes, donde la planificación se volvió más frágil. Señaló que el clima será un factor clave hacia 2026: la brotación viene excelente, pero la posibilidad de un verano seco genera preocupación tanto por la producción de hoja verde como por la estabilidad de toda la agroindustria. “Todo depende del clima y eso repercute no solo en la yerba, también en el té, la ganadería y cada actividad que sale de la chacra”, apuntó.
El industrial también reconoció que, aunque no hay una demanda extraordinaria, el consumo se mantiene firme y acompaña el crecimiento demográfico. En cuanto al comercio exterior, mencionó que las exportaciones siguen aumentando, aunque de manera marginal y sostenidas, principalmente, por mercados nostálgicos: “son sudamericanos por el mundo y el mercado sirio, que es clave para el sector”.
Desde Amanda, Victoria Szychowski aportó una mirada complementaria. Evaluó que el año fue “difícil y aún lo sigue siendo”, no tanto por la desregulación en sí, sino por un contexto macroeconómico donde la caída real de ingresos derivó en una baja del consumo. Explicó que, con precios de góndola prácticamente iguales a los de hace dos años, toda la cadena debió absorber costos crecientes en combustibles, energía y salarios, lo que derivó inevitablemente en un ajuste hacia abajo en el precio que reciben los secaderos y, por extensión, los productores.
Sobre el rol del Estado nacional, Szychowski señaló que el Gobierno dejó en claro que no intervendrá en las economías regionales, apostando a la libre oferta y demanda. En ese marco, la industria debió adaptarse sin herramientas regulatorias y buscar alternativas en mercados externos, donde las exportaciones muestran un repunte, aunque todavía insuficiente para compensar la caída interna. “El crecimiento ayuda, pero exportar un año entero equivale a dos meses del mercado interno”, recordó.
La presidenta de La Cachuera también remarcó la necesidad de diversificar productos y explorar nuevos formatos para ampliar el consumo global. Valoró la creciente curiosidad internacional impulsada por figuras del deporte, pero advirtió que son pocos los países que pueden adoptar el mate al ritmo argentino. En paralelo, consideró que hay un desafío pendiente para el INYM —hoy con funciones reducidas— en materia de innovación y promoción.
Finalmente, Szychowski se mostró optimista respecto al futuro inmediato. Aseguró que la empresa está cubierta en cuanto a stock y calidad, y resaltó que los yerbales muestran una brotación excepcional gracias a las lluvias de los últimos meses. Aun así, reconoció que la zafriña será un desafío para muchos productores que evalúan no cosechar. “Son momentos difíciles, sí, pero también de cambio. Y los cambios siempre traen oportunidades”, concluyó.
Sofía Pezuk es la nueva Reina Nacional e Internacional de la Yerba Mate: “Es un sueño que tengo desde chiquita y hoy se hace realidad”https://t.co/0nk2ZAWsbU
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