Del primer plantín a más de 100 variedades: cómo se enfrentan los retos del cultivo de pitaya

La pitaya se ha convertido en un cultivo apasionante y en constante expansión en Brasil. Con más de 100 variedades, su producción enfrenta desafíos climáticos y requiere técnicas especializadas. La combinación de dedicación y conocimiento permite obtener frutos únicos y de alta calidad.

Cleiton Rhoden, productor brasileño de pitaya, comenzó su trayectoria en mayo de 2019 con la ayuda de un amigo que le obsequió dos plantines de distintas variedades. “Vi en las redes sociales que él tenía, y en una visita me regaló dos mudas. A partir de ahí, empecé a cultivar y a investigar por mi cuenta”, relata Rhoden, destacando la escasez de información disponible en ese momento sobre esta fruta en Brasil y otros países.

Su interés por la pitaya se transformó rápidamente en un pasatiempo que combinaba curiosidad y dedicación. A través de YouTube, Facebook y grupos de WhatsApp, Cleiton fue aprendiendo técnicas de cultivo y conectándose con otros productores. “Compartiendo conocimiento y conociendo nuevas personas, uno va adquiriendo variedades diferentes”, comenta.

Durante la pandemia, cuando muchas personas permanecieron más tiempo en casa, Rhoden intensificó su dedicación al cultivo. La pitaya, explica, genera una verdadera pasión: “Uno observa la planta día a día, ve cómo evoluciona y se enamora. Es casi adictivo”.

Lo que comenzó como un proyecto para consumo propio y familiar se transformó en una colección extensa de variedades. Hoy, Cleiton cuenta con más de 100 tipos de pitaya, que incluyen cáscaras amarillas y pulpas rosa o roja. “Te vas enamorando con el paso de los años y es un sentimiento que no termina”, asegura.

El productor también ha comenzado a trabajar en la creación de híbridos propios, buscando siempre innovar con nuevas variedades. Sin embargo, el clima sigue siendo uno de los principales desafíos. La amplitud térmica y los cambios bruscos de temperatura afectan el desarrollo de la planta, especialmente durante el invierno, cuando el llamado “choque térmico” puede detener su crecimiento e incluso causar enfermedades.

No todas las variedades se adaptan al clima, por lo que Cleiton realiza una cuidadosa selección: descarta aquellas que no soportan las condiciones locales y las reemplaza por otras más resistentes. Además, la pitahaya requiere manejo especial frente a extremos de temperatura, ya sea calor o frío, debido a su alto contenido de líquido.

Para proteger las plantas, Rhoden utiliza técnicas como malla de sombra y aplicaciones foliares específicas. Estas medidas ayudan a controlar heladas leves y reducir el estrés térmico durante el calor excesivo. También aplica fertilización orgánica con estiércol de vaca y complementos químicos, junto con productos foliares a base de boro y calcio para fortalecer la floración.

La combinación de pasión, conocimiento y manejo técnico ha permitido a Cleiton consolidar un cultivo sostenible y diverso. “Si no se aplican estas prácticas, la planta puede abortar flores y no rendir adecuadamente. Por eso es clave mantener un equilibrio entre fertilización y manejo climático”, explica.

Hoy, Cleiton Rhoden no solo disfruta de su colección de pitahayas, sino que continúa en la búsqueda de nuevas variedades y técnicas. Su historia refleja cómo la curiosidad y la dedicación pueden transformar un simple hobby en un proyecto profesional y apasionante, adaptado a los desafíos de la producción agrícola en Brasil.

“La pitaya crea un vínculo especial. Uno empieza con unas pocas plantas y, con el tiempo, se convierte en algo que no se deja de lado. Es más que cultivo, es pasión”, concluye Rhoden.

Últimas Noticias

- Advertisement -Newspaper WordPress Theme

Lo Último