Los registros agrometeorológicos en la estación de Cerro Azul muestran temperaturas históricas y precipitaciones muy inferiores a lo habitual. Desde el INTA destacan la importancia de los datos climáticos para anticipar impactos productivos y planificar acciones en la provincia.
El mes de febrero dejó condiciones climáticas atípicas en Misiones y particularmente en Cerro Azul, donde se registraron temperaturas récord y un marcado déficit de lluvias, según datos relevados por el área de agrometeorología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
De acuerdo con los registros de la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul, durante febrero se acumularon 57,1 milímetros de precipitaciones, un valor considerablemente inferior al promedio histórico mensual de 167,8 milímetros, construido a partir de una base de datos que se mantiene de forma continua desde 1967.
Además, el jueves 12 de febrero se alcanzó una temperatura máxima de 40,5 grados centígrados, superando el récord absoluto anterior para el mes, que era de 39 °C y había sido registrado en 2014. La temperatura media mensual se ubicó en 25,6 °C, confirmando un período particularmente caluroso. “Estamos transitando un febrero caluroso”, explicó la ingeniera en Recursos Naturales Silvia Albarracín.
Los registros históricos del INTA también permiten dimensionar los extremos climáticos observados en la región a lo largo de las últimas décadas. Desde 1967 hasta la actualidad, el año con mayor cantidad de precipitaciones fue 2014, cuando se acumularon 3.034,6 milímetros anuales, mientras que el período más seco se registró en 2004, con apenas 1.120,8 milímetros.
En cuanto a temperaturas, la máxima absoluta alcanzó los 41 grados centígrados en febrero de 2022, aunque incluso meses invernales han presentado valores inusuales, como junio de 2024, cuando se registraron 30,3 °C. Por su parte, las temperaturas mínimas extremas ocurrieron en julio de 1975, con −3,9 °C, y en junio de 1981, cuando se midieron −2,3 °C, evidenciando la amplia variabilidad térmica que caracteriza al clima misionero.

Datos que explican el clima y ayudan a producir
Los registros forman parte de un sistema de monitoreo climático sostenido durante décadas, que permite comparar situaciones actuales con eventos históricos y comprender cómo influyen las condiciones ambientales en la producción agropecuaria y el territorio.
Todos los meses el equipo publica un boletín agrometeorológico con registros de temperatura, precipitaciones, evaporación, heliofanía y otras variables meteorológicas, lo que permite realizar un seguimiento continuo del comportamiento climático provincial. La información se nutre no solo de la estación de Cerro Azul, sino también de una amplia red pluviométrica distribuida en Misiones, instalada en chacras de productores, predios de cooperativas, empresas, agencias y campos experimentales del INTA.
Las personas encargadas de relevar los datos reciben capacitación específica para garantizar la calidad de la información y sostienen el monitoreo con un fuerte compromiso. Entre ellas se destaca Lidia Streuli, colaboradora de la red con 91 años, ejemplo del trabajo colectivo que sostiene el sistema de observación climática.
Según explicó Albarracín, los registros diarios permiten además calcular la Evapotranspiración Potencial (ETP), indicador que estima la cantidad máxima de agua que puede evaporarse del suelo y transpirarse por la vegetación bajo condiciones óptimas de humedad. Este cálculo se realiza a partir de datos diarios de temperatura, humedad relativa, velocidad del viento y radiación solar, y resulta clave para determinar necesidades de riego, conocer el consumo hídrico de los cultivos y asistir a técnicos que monitorean la demanda de agua en cooperativas, facilitando el balance hídrico.
La información también tiene aplicaciones fuera del ámbito agrícola. A través del análisis de intensidad, duración y frecuencia de las lluvias —conocidas como curvas IDF—, trabajo que el INTA desarrolla en articulación con la Facultad de Ingeniería de Oberá (UNaM), los registros permiten caracterizar tormentas y estimar la intensidad máxima de precipitaciones para distintos períodos de retorno. Estos datos son utilizados para el diseño de obras hidráulicas y civiles, como drenajes, alcantarillas, puentes, canales o reservorios de agua, contribuyendo a prevenir inundaciones y planificar infraestructuras acordes a las condiciones climáticas reales de la región.


Una red clave ante la variabilidad climática
Uno de los aspectos que destacan los especialistas es la alta variabilidad de las precipitaciones en Misiones, incluso entre localidades cercanas. Durante una misma jornada, por ejemplo, en Cerro Azul se registraron 14 milímetros de lluvia mientras que en Alma Fuerte, ubicada a pocos kilómetros, las precipitaciones alcanzaron casi 43 milímetros.
Esta diferencia explica la necesidad de contar con múltiples puntos de medición. El INTA mantiene una red provincial de pluviómetros y termohidrógrafos que permite obtener información más precisa para cada zona y responder consultas específicas de productores, instituciones y organismos públicos.
El área de agrometeorología del INTA Cerro Azul está integrada por la ingeniera Silvia Albarracín y Antonio Cardozo, observador meteorológico, y forma parte del grupo de Recursos Naturales de la estación experimental. Desde allí se gestionan los registros climáticos históricos y el monitoreo permanente de variables ambientales en la provincia.

La estación agrometeorológica cuenta con equipamiento convencional y automático para la medición precisa de variables climáticas. Entre los instrumentos se encuentran termómetros ubicados a distintas alturas y profundidades del suelo, pluviómetro y pluviógrafo para medir la cantidad e intensidad de las precipitaciones, barómetro para registrar la presión atmosférica, un tanque de evaporación tipo A y un heliofanógrafo que permite estimar la radiación solar y los procesos de evaporación diarios, conformando un sistema integral de observación meteorológica con registros continuos desde 1967.
Los especialistas remarcan que la continuidad de estas mediciones resulta fundamental en un contexto de creciente variabilidad climática, ya que permite anticipar riesgos, planificar estrategias productivas y generar información confiable para la toma de decisiones tanto en el sector agropecuario como en el desarrollo territorial.








