Agricultura regenerativa: productores miden la huella de carbono para reducir emisiones y mejorar la producción

Un proyecto impulsado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria busca acompañar a unos 80 productores de yerba mate y mandioca en la medición de la huella de carbono y en la implementación de prácticas productivas más amigables con el ambiente.

La medición de la huella de carbono comienza a ganar protagonismo en las chacras del nordeste argentino como una herramienta para mejorar los procesos productivos y reducir el impacto ambiental de la actividad agrícola. En ese marco, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) impulsa un proyecto de agricultura regenerativa que involucra a unos 80 productores de yerba mate y mandioca distribuidos en Misiones y el norte de Corrientes.

El técnico del proyecto, Emiliano Lysiak, explicó que el organismo lleva varios años trabajando en la temática. “El INTA ya hace alrededor de diez años que viene trabajando en lo que es la medición de la huella de carbono, con distintos proyectos y tareas para poder medir el impacto de los procesos productivos”, señaló.

Actualmente, la iniciativa se desarrolla en el marco de un programa financiado por el BIP y el Banco Credicoop, que busca acompañar a los productores en la transición hacia modelos productivos más sostenibles. El objetivo es promover prácticas agrícolas que cuiden el ambiente sin resignar productividad.

“Buscamos que los productores tiendan hacia una agricultura regenerativa, que sea más amigable con el ambiente, produciendo lo mismo o incluso más”, explicó Lysiak.

Uno de los ejes centrales del trabajo consiste en medir la huella de carbono de cada sistema productivo, un proceso que permite identificar cuántos gases de efecto invernadero se generan durante las distintas etapas de la producción.

“El proceso tiene varias etapas. Primero se define qué es lo que se quiere medir, luego se realiza un relevamiento de datos sobre los procesos productivos: combustibles, fertilizantes, transporte, semillas y otros insumos”, detalló el técnico.

Con esa información, los especialistas procesan los datos y calculan la cantidad de emisiones generadas. “La huella de carbono busca medir cuántos kilos de gases de efecto invernadero se emiten al ambiente durante el proceso productivo”, indicó.

A partir de ese diagnóstico, el objetivo es evaluar los resultados y comenzar a aplicar mejoras que permitan reducir esas emisiones sin afectar la producción.

Según explicó Lysiak, existen algunos factores que suelen ser los principales responsables de las emisiones en la agricultura. “Generalmente los principales causantes son los combustibles fósiles, los fertilizantes nitrogenados y todo lo que implica transporte o fletes”, señaló.

En ese sentido, el trabajo técnico apunta a optimizar el uso de estos insumos y promover alternativas más sostenibles. “También se puede mejorar el manejo de los fertilizantes o buscar opciones que sean más amigables con el ambiente, por ejemplo de origen natural”, agregó.

Si bien el proyecto se centra en la medición y mejora de los procesos productivos, existe la posibilidad de que algunos productores avancen en una etapa posterior hacia certificaciones ambientales.

“Si hay interés se puede avanzar hacia un sello que certifique que el productor está midiendo o reduciendo su huella de carbono, pero ese ya es otro proceso porque requiere auditorías externas”, explicó el especialista.

La certificación permitiría que los productos incorporen un valor agregado en el mercado, algo que ya comienza a observarse en algunos segmentos productivos. “Por ejemplo, la yerba orgánica certificada hoy está obteniendo un mejor precio que la convencional”, indicó.

Desde el equipo técnico destacan que el interés de los productores por este tipo de iniciativas viene creciendo en los últimos años. “Hay una tendencia a buscar una agricultura más regenerativa y más orgánica, cuidando el medio ambiente”, sostuvo Lysiak.

En ese sentido, remarcó que la capacitación y el acompañamiento técnico son claves para demostrar que la sostenibilidad también puede ser una oportunidad productiva. “La idea es mostrar que estas prácticas no necesariamente significan bajar los rendimientos, sino que incluso pueden mejorar los resultados económicos del productor”, concluyó.

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